martes, 19 de enero de 2010

Ibn Hazam

Su nombre completo fue Abu Muhammad Ali Ibn Hazm. Nace en Córdoba, en el año 994, en el seno de una familia aristocrática, de claro origen andaluz, lo que normalmente se suele llamar “muladí”, por su práctica de la religión musulmana sin pertenecer a la raza árabe. Su infancia, hasta los quince años, transcurre en la corte cordobesa, por ser su padre un alto funcionario al servicio del gran Almanzor, visir topododeroso durante el califato de al Hakem II y sobre todo de su sucesor Hixam II, del que fue valido durante la infancia y gran parte del mandato de éste. Muerto este en el año 1002, la familia continúa al servicio de la casa Amirí, con los respectivos sucesores de aquel, sus hijos al Muzzafar, de brillante pero efímera carrera y Abd al Rahman Sanyul” (Sanchuelo), descendiente por línea materna del rey Sancho Garcés II de Navarra.

Son años de gran agitación política, con la muerte de hecho del califato, tras la destitución del califa Hixam II por su primo Muhammad al Mahdi y la sucesión de distintas revueltas y golpes militares de sucesión política poco clara, lo que se ha dado en llamar la segunda fitna. Su familia, de clara filiación amirí, cae en descrédito y abandona las instalaciones cortesanas volviendo a su casa en la ciudad de Córdoba. La vida de Ibn Hazm se vuelve inestable y difícil. Muere su padre en el año 1012, cuando apenas contaba Alí con 18 años. Perseguido y confiscados sus bienes, huye hasta encontrar refugio en Almería, al amparo del emir Jayran, quien les mantuvo en su corte hasta que las aspiraciones de la restauración omeya profesadas por Ibn Hazm le hicieran incómodo en aquel entorno, debiendo poner tierra de por medio cuando Jayran apoyara al gobierno beréber instalado en la capital del califato.

Esta nueva hégira le lleva al Levante, posiblemente conociera entonces Játiva, donde se instalará largo tiempo y la que es asiento de gran parte de su producción literaria. Participa en la expedición desde Játiva que emprende el allí proclamado califa omeya Murtada, apoyado por Jayran de Almería y Mundir de Zaragoza, de cuya traición es consecuencia la derrota de su ejército en las inmediaciones de Granada, siendo cautivo Alí ibn Hazm. Tras este período, vuelve nuevamente a Játiva, hacia el año 1019. Es en esta ciudad donde se considera que escribió su obra más célebre, “El collar de la Paloma”, considerado como el más bello libro escrito sobre el amor, en lengua árabe.

Vuelve la restauración omeya a Córdoba en el año 1023, de manos de Abd al Rahman al Mustazhir, elegido popularmente en la mezquita aljama de la ciudad el 16 deramadaán de 414 (2 de diciembre de 1023). Ibn Hazm regresa a Córdoba, donde es nombrado visir junto con su amigo Ibn Suhayd y su primo Abd al Wahhab ibn Hazm. Este gobierno, emula o supera en brevedad a los anteriores y termina en apenas un mes, en el año 1024, dado nuevamente con Ibn Hazm en la cárcel.

Al salir de prisión, renuncia definitivamente a la militancia política activa y se centra en la producción literaria y su carrera filosófico-teológica. “Pero lo único a que no pudo renunciar porque lo llevaba en la sangre, es al espíritu de inconformismo, de originalidad y de audacia revolucionaria que siempre presidió su vida. Su pensamiento no pudo anclar en el malikismo angosto y rutinario que, aliado tantas veces con el poder público y con las prebendas oficiales, reinaba como señor absoluto en las escuelas de Córdoba, y tras revolotear por la escuela jurídica safi’i, más conciliadora y equilibrada, acabo aferrándose al zahirismo literalista. Discípulo del maestro zahirí Abu-l-Jiyar de Santarem, explicaba con él cursos de dicha doctrina en la mezquita mayor de Córdoba. Los malikíes y el vulgo les denunciaron como corruptores del pueblo fiel y peligrosos para la fe. Se les prohibió la enseñanza, y todavía se consagra con más fervor a la ciencia. Desde entonces empezamos a saber mucho menos de él, porque ya la historia de su vida se ha trasformado en la historia de sus libros.” (GARCIA GÓMEZ, 1950).

El califato se da por terminado en el 1031, iniciándose el primer período de Taifas de Al Andalus. “Convertido en un agrio intelectual, recorría los reinos de taifas, enzarzándose en coléricas disputas. Ninguno de los reyes de taifas quería en su territorio huésped tan incómodo, no solo por sus ideas religiosas, sino también por las políticas. Aferrado al legitimismo omeya, no quiso plegarse al complicado juego de la política de su época ni abrazó la causa de ninguno de los partidos opuestos.” (GARCIA GÓMEZ 1950).

A pesar de esta azarosa vida, en la que da sensación de no caber el sosiego y el asiento, su obra literaria se cifra en unos 400 volúmenes, con un total aproximado de 80.000 folios manuscritos. “Entre ellas figuran algunas de primerísima importancia en la ciencia musulmana de todos los tiempos, y alguna de tal aliento y ambición que sólo en la Europa del s. XIX ha podido encontrar paralelo.” (GARCIA GÓMEZ, 1950). Destacan entre estas “Historia Crítica de las ideas religiosas”, “Risala apologética de Al Andalus y sus sabios”, etc.

Terminó sus dias en Montíjar en el año 1064, lugar de la actual provincia de Huelva, donde vivió su familia antes de marchar a Córdoba en tiempos de su abuelo Sa’id. Se suelen distinguir dos épocas en la vida literaria de Ibn Hazm. Una hasta los treinta años, la otra hasta su muerte. En la primera se ocupó preferentemente de la política y la literatura, en la segunda, abandonó totalmente la política consagrándose casi exclusivamente a la teología y al derecho. A decir de García Gómez, esta ambivalencia, la coexistencia en su obra y personalidad de exquisitez y aspereza, de nobleza y plebeyez le emparejan con los grandes personajes filosóficos y literarios del siglo de oro español. La fama de su nombre, que hubiese debido estar a la altura de Averroes, Ibn‘Arabi, Al Gazzal o Maimónides, ha estado empañada hasta hace relativamente poco tiempo, coincidiendo con los albores de la tipografía árabe y el esplendor del orientalismo.

El manuscrito de El Collar de la Paloma, su obra más difundida, fue descubierto por el holandés Reinhardt Dozy, a finales del s. XIX, a quien se debe su primera traducción. A partir de entonces resurge la figura y obra de Ibn Hazm en suelo patrio, con la labor de los arabistas españoles como Julián de Ribera, Miguel Asín Palacios y Emilio García Gómez a quienes debemos la recuperación de su figura y su herencia cientifico-literaria.

(Fuente:http://www.andalucia.cc/axarqiya/ibn_hazm.htm)

1 comentario:

Gerana Damulakis dijo...

Aprendi. Magnífica postagem.