miércoles, 14 de noviembre de 2012

Luis Benítez, Nosotros, antiguos perfumistas





Si alguien en un siglo anterior operaba
Sobre la combinación de esencias que apenas pesaban lo que el aire,
Y si de su apenas presentida combinación creía
Obtener una esencia tan capaz de devolver
A quien cerca pasara, por lectura o aspiración apenas
El simulacro de la belleza condensada
En unas palabras o efluvios, el vislumbre
Siquiera, pero tan poderoso, que abre para siempre
Las narices a la nueva realidad para él,
Que es la antigua y continua, para tantos y tan pocos,
Es muy cierto, apenas contenida
En la cifra de unos versos o un veneno.
 
Si era cierto entonces que la mayoría –exigua- apenas aspiraba,
Por casualidad o por gracia, las primeras notas,
Las que se llaman palabras, las que primero se desvanecen
Y nada dejan en la nariz que es la mente y son pronto olvidadas,
Perdido para siempre su sentido, las que luego
Vuelven sin saberlo en una frase casual,
En el espejismo de una visión que les parece propia y es ajena.
 
Si otros, muchos menos, alcanzan a gustar o creen ello,
El centro donde “reside” el sentido, apenas
El primero del ejército de significados
Contenido en una condenatoria bocanada de comprensión,
Y no saben que todos sus posteriores errores sobre el mundo
Engendro serán de esa lectura y asomo algo más hondo
Que para siempre los encerrará en la falsa cárcel
Donde a partir de allí se licuarán sus vidas,
No menos engañadas por la apariencia
Del perfume, del atractivo engaño segundo
Atento como una araña, seguro como un rifle.
 
Y más hondo, en las notas que se dice son del corazón,
Acecha la epifanía profunda, que sus redes lanza
Más allá de lo que puede capturar un perfume,
Recoger nocturnamente el sentido o las palabras.
 
¿Quién puede ir más allá sin volver
Con un miembro transformado, con un órgano nuevo,
Para siempre cambiado por el asomo a lo que está
Tan fuera, tan carente de olor como de palabra?
El problema luego es andar sin ser visto por el mundo
Con esa prótesis viva, esa nueva porción de uno mismo.
 
La poesía es un perfume donde limbo, infierno y paraíso
Se disputan, igual que todas las cosas, cada día de algo nuevo
Que la fortuna dispone sobre el mundo:
 
(Creer cierto lo que dicen estos tres últimos versos
Es abrir los ojos con el frasco, fatal, abierto).


Luis Benítez (1956) es un reconocido y prolífico poeta, ensayista y traductor argentino..

2 comentarios:

asinoerayasitampoco librestodos dijo...

Me encanto!! Gracias Lisarda!

Anónimo dijo...

Me encantó!! Gracias Lisarda! Claudia Migliore