lunes, 9 de mayo de 2011

Sinclair Lewis, Mi verdadero viaje
















Durante estos años, desde 1915, escribiendo novelas, he vivido una vida nada romántica ni emotiva. Viajé mucho; visto de un modo superficial, pareciera que quien ha estado en estos quince años en cuarenta estados de los Estados Unidos, en Canadá, México, Inglaterra, Escocia, Francia, Italia, Suecia, Alemania, Austria, Checoslovaquia, Yugoslavia, Grecia, Suiza, España, las Indias Occidentales, Venezuela, Colombia, Panamá, Polonia y Rusia debe haber sido aventurero. Ello, sin embargo, constituiría un típico error biográfico. El hecho es que mis viajes por el extranjero han sido un divertimento falto de inspiración, un vuelo que deja atrás la realidad. Mi verdadero viaje ha sido sentarme en un rincón para fumadores, en un pueblo de Minnesota, en una granja en Vermont, en un hotel de Kansas City o Savannah, escuchando el zumbido cotidiano de los que son, a mi entender, la gente más fascinante y exótica del mundo: los ciudadanos comunes de los Estados Unidos, con su amabilidad hacia los extraños y sus ásperas burlas, su pasión por el avance material y su tímido idealismo, su interés en todo el mundo y su provincianismo fanfarrón-las intrincadas complejidades que un novelista estadounidense tiene el privilegio de retratar.

Fragmento del discurso de Sinclair Lewis en la recepción del Premio Nobel de Literatura en 1930. Ahora que estoy leyendo Ann Vickers (Cárceles de mujeres en su versión castellana)me puse a buscar algo sobre este novelista.
Recomendable, el sitio de la Sociedad Sinclair Lewis en http://english.illinoisstate.edu/sinclairlewis/
Traducción (sólo libre en un pasaje) de Lisarda.

2 comentarios:

Rayuela dijo...

muy interesante el sitio, realmente.

besos*

Felicidad Batista dijo...

Ignacio, Emily Dickinson sostenía que para viajar no había mejor nave que un libro, en ese sentido, Sinclair Lewis, se refiere a ese entorno cotidiano, próximo, como recurso literario y no le falta razón. Se aprende conociendo otras culturas, otras ópticas de reconocer el mundo, pero en la observación minuciosa y receptiva de lo que nos rodea, está una gran fuente de la que suministrarse para crear universos literarios. Entraré en la página web que recomiendas.
Un abrazo