jueves, 29 de abril de 2010

Miguel Hernández, Canción del esposo soldado

Este año, en octubre, se cumplirán cien años del nacimiento de Miguel Hernández (1910-1942) poeta y dramaturgo español. Pero como para el amor tiene más fuerza el adverbio siempre que las puntuales efemérides, vamos a seguir el ejemplo de Lucía Serrano, quien evocó cálidamente la poesía y figura del poeta en su ciclo Las 2001 noches. A la evocación de nuestra amiga se sumaron, coralmente, las voces de tres integrantes del Grupo Cero de Madrid-Pilar Iglesias, Carmen Ausín y Marisol Argüelles-quienes invitaron gentilmente a participar de una jornada de homenaje a Miguel Hernández para el miércoles 5 de mayo; de modo que, siguiendo tan entusiasta ejemplo, aquí va una primera y áspera joya del tesoro.

Canción del esposo soldado

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.


2 comentarios:

lucia serrano dijo...

hola querido, que bueno los poemas de Hernández y gracias por la evocación. yo también pienso en ti, a veces, yo también te extraño. Hoy llegó Victor de Mar del Plata y me dijo que te iba a ver, yo estaré por la noche en la Feria, si quizás andan por ahí podamos vernos, un abrazo

Carmen Ausín Turnes del Taller de Poesía dijo...

Hola Ignacio. Gracias por hacerte eco; la maraton fué un éxito! teniendo en cuenta que era la primera que hacíamos una desde el Taller de Poesía de los Miércoles Grupo de Producción y en Buenos Aires, y es por eso que teníamos interés de llevarla a cabo en miércoles, para hacerla coincidir con el Taller.
12 horas leyendo a Miguel Hernández. Gracias por estar con nosotros, por venir. Gracias por tu poema desde tu blog.
Un abrazo muy fuerte,
Carmen Ausín Turnes
Te envío el link de la Asociación
http://aupauniondeprofesionalesyartistas.blogspot.com/