sábado, 18 de abril de 2009

Polo de Medina, Retrata un galán a una mulata su dama


Hoy hace justo un año y cinco meses,
dos semanas, tres días y diez horas,
menos quince minutos
que mis ojos enjutos
un punto no se han visto, ninfa honrada.
Perdóname lo honrada, si te enfada,
y lo de ninfa también, que es vulgar cosa
decir luego un poeta ninfa hermosa
a la dama que alaba; y no querría
enfadar a la mía
con estos epitetos
muleta de los versos y concetos.
Digo, volviendo al caso, que ha dos lustros
de días, que son diez, que voy buscando
un nombre dulce y blando
que con el tuyo frise
como con el de Inés frisa el de Nise,
con Isabel Belisa
con Francisca Fenisa.
En el alma me pesa
que te llames Teresa,
porque dando una vuelta al Calepino
enfadoso, colérico y mohino,
no he encontrado en el volumen suyo
nombre que venga con el nombre tuyo.
Pero mi amor mi ingenio y me codicia
hallaron en Teresa el de Tiricia,
y con voz más lozana
también a Tertuliana;
escoge de los dos, y si el primero
te parece mejor y más entero,
por escogerlo tú, tengo por llano
que lo tendrá por bien el Tertuliano.
Sabrás, dulce Tiricia de mi vida…
pero eres mi homicida,
y es mejor el llamarte, aunque es más fuerte,
cruel Tertuliana de mi muerte,
que el dios ciego, rapaz o niño tuerto,
por ti me tiene muerto:
pero no digo bien, cuando estoy vivo,
y hablándote y quejándome te escribo
porque es muy llano y cierto
que no habla ni escribe el que está muerto;
y es caso peligroso
que me tengas, mi amor, por mentiroso.
Digo, pues, que me abraso y me consumo
pues me sale del alma al rostro el humo,
y mi cara morena
es claro indicio que en tu fuego pena:
mas temo que este fuego,
al punto has de decir que es burla y ciego;
porque si es tu belleza quien lo atiza,
ya me hubiera su ardor vuelto en ceniza,
y que, para creella,
no has visto de mi alma una centella,
y las flechas de amor, del alma avispas,
siempre que encienden fuego, arrojan chispas.
Humilde, al fin, te quiero
más que Leandro a Ero,
si bien con algo menos de provecho,
pues no he pasado mar, ni visto estrecho;
y en cosa tan notoria
es de amante novel picar historia.
Aquí dijera agora
que tu galán te adora;
mas callo, porque temo
castigos de blasfemo;
y requiebros que huelen a gentiles
son de amores plebeyos y civiles;
y yo, aunque poco valgo,
te estimo y quiero con amor hidalgo,
sin pecar con desvelos
la moneda forera de los celos.
Suele un amante, que de veras ama,
ablandar a su dama
cuando está rigurosa,
con lisonjas de hermosa,
retratando su rostro en breve suma
con ingenio pintor y pincel pluma;
y después, cotejada la pintura
con la viva hermosura
le parece el retrato,
como a Zorobabel Poncio Pilato:
pero yo sin lisonja,
que parezca poeta, o huela a monja,
quiero pintar al vivo
tu cara o rostro, de belleza archivo.
Podrá ser que te ablandes,
bello lienzo de Flandes
o serafín murciano,
viéndote retratada de la mano
de tu galán Apeles;
y si sigues tan dura como sueles,
diré que he retratado
de Daphne el cuerpo de corteza armado.

Comienzo a lo usual, por los cabellos
que son del mismo Sol los rayos bellos;
mas no vienen tus hebras con sus rayos,
porque ellas son morcillas y ellos vayos.
Y si digo que son madejas de oro,
a mí y a su beldad pierdo el decoro,
pues habrá quien me tache
de que vendo por oro el azabache;
y fabricar mentiras semejantes,
más es de mercaderes que de amantes.
Digo, pues, que tu moño y tus guedejas,
cortesanos discretos,
son muchos pelos prietos
que tu mano adereza
y están asidos siempre a tu cabeza,
entre cuyas sortijas
suelen criarse algunas sabandijas,
de que es, porque su casta allí no reine,
conde de su expulsión el boj de un peine.
Leche, cielo, cristal y nieve ardiente
dijera que es tu frente
mas no habrá quien lo crea,
cuando en tu frente vea
aquesta tez bastarda,
poco menos que negra y más que parda;
y porque algún curioso si te mira,
no me halle en mentira,
digo que es tu color leche entintada,
hollín nevado y nieve azabachada;
un cielo a media noche
cuando está de la luna ausente el coche,
con una infinidad de pecas bellas,
que en mulato cristal sirven de estrellas
Dos arcos son tus cejas de Cupido,
con que a tus pies rendido
tiene al cuerdo y al loco;
y si este nombre es poco,
son dos arcos, que al suelo
muestra las nubes cuando llueve el cielo;
son dos arcos triunfales y dos arcos turquescos;
mas estos epítetos no son frescos,
porque tienen más años
que yerros un doctor y un sastre engaños.
Y si bien se me acuerda,
el arco de Cupido está con cuerda,
y para disparar virotes suyos
no la tienen los tuyos,
y del arco del cielo, dirá alguno,
que los tuyos son dos y el otro es uno.
Dejemos falsedades
y digamos verdades:
tus negras cejas son por un estilo
de cerdas o de hilo

mal teñidos dos fluecos,
unas veces mojados y otras secos,
del agua que sudando es fuerza exprima
la frente que está encima;
mordaces tenacillas
son hoces y corbillas,
y alegre o con enojos,
sirven de guardapolvo a tus dos ojos.
Llamarelos estrellas rutilantes,
a las del mismo cielo semejantes.
¿Mas qué tienen que ver ojos y estrellas
si ellos son negros y doradas ellas?
Y aún cuando los llamara
del firmamento oscuro de tu cara
lucaros zahareños,
también para luceros son pequeños;
y si, por menos bajo,
ahora les encajo
el título de soles,
son tramoyas de cisnes españoles,
que siempre que celebran
bellezas que requiebran,
les parece alabanza humilde y baja
si no hurtan al cielo alguna alhaja.
Mas yo, que por lo ronco y por el tizne
tengo poco de cisne,
diré que son las luces de tu frente
(si ella misma no miente)
dos enlutados ojos con dos niñas,
de quien son cuatro párpados basquiñas,
que con travieso estilo
al sesgo miran siempre y nunca al hilo.
Que de sus tiernas guardas,
son las pestañas picas o alabardas,
hermosos pasadizos de la vista
que puso el celestial y eterno artista
en monjas, frailes, clérigos y legos,
para mirar y ver, si no son ciegos.
Cañón de plata o zona que divide
estas esferas y lucientes globos:
eso musa a los bobos.
¿Qué esfera, ni qué globos, ni qué antojos,
si acabáis de decir que son dos ojos?
Volved a la nariz: cañón de plata
dijera que es la tuya, hermosa ingrata;
mas no se compadece
decir que es plata, si vellón parece;
llamárala almendruco,
como cualquier poeta mameluco.
Tu nariz es, murciana Melisendra,
muy grande para almendra;
y si este es desatino,
vendamos pan por pan, vino por vino.
Digo, que es tu nariz un corvo caño,
unas vecas de alambre, otras de estaño,
al que sueles en breve
poner a su nogal fundas de nieve,
pues sus caños de enebro
purgan las inmundicias del cerebro.
De tus rojas y cándidas mejillas
dijera maravillas,
llamáralas auroras,
mas no están de una suerte a todas horas,
que si en la madrugada
sale la aurora blanca y encarnada,
tus mejillas descubren
el ébano que encubren,
porque en ellas el ébano es postizo,
y la grana y jazmín prestado hechizo.
A no ser que quisieras
que las llamara eternas primaveras,
claveles deshojados
sobre campos nevados,
o en mosquetas hermosas
entreveradas rosas,
sangre vertida en leche,
o aquel nuevo y ridículo escabeche
de cristal y de grana....
Mas toda es jarcia vana
que ahora razonan y cantaron antes
poetas mendigantes,
fantásticos pintores,
juntando tintas y mezclando flores.


Mas no quiere mi amor hacerte ofrenda
del color que se halla en cualquier tienda,
ni de flores, despojos de la mano
de cualquier hortelano,
que brotó la maceta
del tierno casco de cualquier poeta.
Son tus mejillas dos nevados pomos,
que algunos llaman romos,
cuyo color butillo
quiere matrimoniar con lo amarillo;
y para disfrazar su taracea
de contraria librea,
viste tu mano franca
un negro bombasi de tela blanca,
que un tejedor mortero
urdió y tejió primero,
mezclando, y no de balde,
con pelo, solimán, trama, albayalde;
poniendo con cautela
sobre la blanca tela,
dos rosas encarnadas
del papel trasladadas,
sellada provisión que un dedo cita,
dada en Granada y en Guadix escrita;
con lo que queda el rostro ufano y hueco
con su mismo embeleco,
de ver, cuando al cristal su imagen miras,
cubierta una verdad con dos mentiras.
Solo ahora me toca,
bella Tiricia, dibujar tu boca:
son tus hermosos labios,
del más fino rubí dulces agravios;
rojo clavel partido,
breve listón de nácar dividido;
animados corales
de dos sartas de perlas orientales;
o de diamantes puros,
con bella proporción dos bellos muros;
pero estas herejías
alabanzas no son, sino ironías
que al pecho más extraño
inclinan, y enternecen con su engaño,
que por ley que promulga,
la vulgar opinión las descomulga;
y yo, como poeta bautizado,
no quiero estar por esto excomulgado,
y pues estas son burlas lisonjeras,
volvamos a las veras.
Tus labios son dos labios solamente,
y una tu boca, o puente;
del pan, del agua, de la voz y aliento,
sonoroso instrumento,
cuya color impresa
es madroño una vez, otra camueso,
según los bruñe y pinta
el sangriento brasil resuelto en tinta.
Muros de tierna carne, y no de yeso
de ocho dientes de hueso
y otros cuatro colmillos,
ya blancos, ya amarillos,
y veinte muelas que tu boca esmaltan,
menos las que te saltan,
con que, sin que pesar de hacerlo tomes,
muerdes, mascas y comes,
hablas, alientas, cantas y suspiras
y la saliva tiras,
escupes, y en mil modos
pides zagaz a todos,
y alegre «si» pronuncias
si te promete alguno el bien que anuncias,
y rebelde, sin gusto y con despego,
me respondes un no, cuando te ruego.


Dejo la barba y cuello,
brazos, manos y pecho hermoso y bello
(del vello que lo tapa,
que a tu morena piel es felpa y capa)
porque no piense y crea,
cuando estos versos lea
el malicioso y rudo,
que voy aderezando algún menudo.
Este es, ingrata ninfa, tu traslado,
sacado, corregido y concertado
con el original de tu persona
Las faltas me perdona,
que por ellas remito
al vivo original todo lo escrito:
ablándate, pues quiero
ese animado acero;
muéstrate a tu galán menos ingrata;
mira que si me mata
tu desdén excesivo,
estando muerto, no has de verme vivo;
y mientras fuera vivo, ten por ciertoque he de quererte y no has de verme muerto


Apostilla 3


Salvador Jacinto Polo de Medina nació en Murcia en 1603. En 1630 publicó Academias del jardín, miscelánea de prosa y versos; en 1633 compuso Ocios de la soledad, donde criticó el gongorismo y, a la vez, se inscribió en él. En 1636 publicó Hospital de incurables y viaje de este mundo al otro y en 1657 El gobierno moral a Lelio, tratado sobre la prudencia. Falleció en 1676.
Su silva Retrata un galán a una mulata, su dama es la plataforma-confesa-de la que despega Sor Juana para el retrato de Lisarda.Sobre la figura y contexto literario de Polo de Medina hay un meduloso estudio de Francisco J. Díez de Revenga, editado por la Academia Alfonso X de Murcia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracielaaa!