martes, 11 de mayo de 2010

Libros que quisiera releer

Portada de Billiken N° 1493. Dibujo de Lino Palacio
Hay muchos libros que no he vuelto a leer.
Libros que provenían, mayormente, de la biblioteca familiar.
Es lo primero que se me ocurrió pensar.
Pero después pensé: no son muchos libros, a lo sumo son muchos años entre una lectura y otra.
A los 17 ya no leía lo mismo que a los 12.
Y sin embargo, a los 12, era prácticamente invencible.
Leía un libro gigante, lleno de fotos, que se llamaba Maravillas del mundo animal.
Leía El maravilloso viaje de Nils Holgersson, de Selma Lagerlof.
Leía a Julio Verne.
Leía Juvenilia de Miguel Cané y Chico Carlo de Juana de Ibarbourou.
Leía Mi planta de naranja-lima de Vasconcelos.
Leía La Biblia, sobre todo el Antiguo Testamento.
Alguna vez intenté meterme en el mundo de Mujercitas u Ocho primos de Louise May Alcott, que leía mi hermana, pero volvía con más fidelidad a Tom Sawyer.
Leía las Obras completas de Rubén Darío.
Leía el Quijote y las Novelas ejemplares.
Leía a los poetas gauchescos.
Leía La divina comedia en la traducción de Mitre.
Leía el teatro de Plauto y Eurípides.
Leía poesía y teatro de Lope de Vega.
Leía la biografía de Lope de Vega por Joaquín de Entrambasaguas.
Leía Azabache de Ana Sewell.
Leía Doña Inés y otros libros de Azorín.
Leía Mis montañas de Joaquín V González.
Leía El príncipe valiente de Harold Foster.
Leía Corazón de Edmundo de Amicis.
Leía Las doradas manzanas del sol de Ray Bradbury.
Leía Pago Chico de Roberto J. Payró.
Leía Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes.
Leía El Principito de Saint-Exupéry.
Intentaba leer La guerra gaucha de Leopoldo Lugones, y fracasaba. Reintentaba.
Leía todo lo que hubiera de Horacio Quiroga.
Leía Caminos sin ley de Graham Greene.
Leía Ana Karénina de Tolstoy.
Leía un libro que traía los diálogos platónicos. Me alucinaba que alguien pudiera aprender así, conversando.
Leía El inglés de los güesos de Benito Lynch
Leí algo del teatro de Jacinto Benavente, pero es como si nunca lo hubiese leído.
Nunca pude leer a Enrique Larreta.
Leía David Copperfield.
Leía Robinson Crusoe.
Leía La Celestina, sin entenderla.
Leía, a escondidas, Las posadas del amor de Felipe Trigo.
Leía Mafalda de Quino.
Leía Poesía española, un hermosísimo libro de Dámaso Alonso.
Leía Interpretación y análisis de la obra literaria de Wolfang Kaiser.
Leía Rubén Darío y su creación poética de Arturo Marasso.
Leía El arquero divino de Amado Nervo.
Leía La ciudad sin Laura de Francisco Luis Bernárdez.
Leía los tomos de la Enciclopedia Barsa, edición 1973.
Leía un diccionario mapuche-castellano.
Leía el diccionario de la Real Academia Española, edición de 1947.
Leía Niñez en Catamarca de Ricardo Levene.
Leía la Historia argentina, también de Ricardo Levene.

Contra toda la teoría pedagógica de que es necesaria cierta madurez psicofísica para comprender determinados libros, creo, por el contrario, que la experiencia de la lectura también nos hace madurar.
Entre ese niño de 12 años y este adulto de 45 hay un territorio común que permanece igual: la valoración de la lectura como parte de la propia historia y del cruce continuo entre la vida y el arte, entre el mundo vivido y el mundo narrado.
En el fondo, no sé si querría releer todos esos libros.
Lo que quizás quiera, sin declararlo, es volver a leer como leía entonces: ajeno a todo, con un tiempo casi ininterrumpido, y con la alegría de los primeros descubrimientos.

15 comentarios:

Bípede Falante dijo...

Que delicioso post!
Assim como gosto de imaginar as casas que escondem-se por detrás das fachadas, gosto de imaginar os livros que escondem-se por detrás de cada homem.

Bípede Falante dijo...

Ah! Esqueci de dizer: também não concordo com teorias que dizem que o leitor não está pronto para o livro que escolhe. Se não está, abandona o livro. Caso contrário, segue em frente. Tem uma definição da Cecília Meireles sobre literatura infantil que diz mais ou menos isso: não existe literatura infantil. Literatura infantil é o que a criança lê e gosta.
Abraço.
Bípede.

cirandeira dijo...

Que biblioteca fantástica aquele garoto de apenas
12 aninhos leu! Os garotos de hoje já não leem quase nada, infelizmente...
É assim mesmo, nossas leituras vão se modificando
da mesma forma que nossos hábitos, nossos interesses, nosso ritmo de vida. Mesmo assim, tenho voltado a ler livros que lí em minha adolescência.É uma leitura completamente diferente, nova;é como se nunca os houvesse lido,
ou então, fico a perguntar-me:por que eu gostava tanto desse livro e agora acho-o tão bobo? Acho que à medida que vamos adquirindo mais experiência, mais maturidade, vamos também nos tornando mais seletivos, não achas?
Achei incrível essa imagem que colocaste no alto.
Posso "roubá-la" um dia?

Grande abraço

Lisarda dijo...

Obrigado, cara Bípede!Telepatía ou não, justamente pensaba escrever novas postagems no Mínimo ajuste sobre leituras.
E concordo com vocé:não da para concordar com as teorías, o único real é nosso desejo de ler ou não ler.
Luminoso o conceito de Meireles!
(Quém sabe, quando tenha 80 anos disfrutaré da literatura senil?)

Lisarda dijo...

Cara Cirandeira, há muitos livros que eram comumes a toda uma geração de meninos argentinos, sobretudo as memórias da infancia, que eram leituras promovidas na escola:Mis montañas, Chico Carlo, Juvenilia, O meu pé de laranja-lima...Também os poetas gauchescos eram mais lidos do que hoje.
Além disso, tive a sorte de que meus pais gostasen da leitura,de ler em alta voz ou de comentar livros.
Concordo em que somos mais seletivos com o paso do tempo: será por aquilo de que o tempo é o melhor antólogo!
A maravilhosa ilustração pertenece a Lino Palacio e é uma capa da revista Billiken.Se procurases no Google e por imagemes, acharías muitos outros belos desenhos dele.

Luciana dijo...

Qué buen texto, Ignacio! Fue un viaje espiralado y en retroceso: Se me vino una imagen que coincide con "creo, por el contrario, que la experiencia de la lectura también nos hace madurar". En mi caso, también de 12 le pedí prestado a mi hermana un libro: "Crónica de una muerte anunciada" y su respuesta "No lo vas a entender" fue como un resorte para impulsarme a la rebeldía q nos saben dar las buenas historias. Como una sed de saltar horizontes, como un no conformarse, como esa otra posibilidad de todas las posiblilidades :)

Lisarda dijo...

hola Luciana, que bueno reencontrarte en la blogosfera!Coincido totalmente: la lectura nos lleva por caminos nuevos y es el deseo de leer lo que nos lleva a superar esas supuestas dificultades de comprensión.
Además creo que volvemos a necesitar toda experiencia de plenitud: si con la comprensión se agotara todo, no habría relecturas.
Y la lectura es una experiencia de libertad.El resquemor de los padres -o profesores- ante ciertas lecturas ýa más autónomas, tiene que ver con cierta dificultad de aceptar que los hijos -o alumnos-tomen rumbo propio. Lo que cuenta Alberto Manguel en Una historia de la lectura, del esclavo negro que es castigado por su patrón por saber leer la Biblia, es bastante sugestivo al respecto.

d. dijo...

Amigo Ignacio.
Las lecturas como fantasmas siempre vuelven a atormentarnos.
Puedes leer a Iker Jiménez, en libros de investigación paranormal, llenos de psicofonías e historias para no dormir. No oses compararlo con Lovecraft, porque uno es un maestro del terror(Howard Philips) y el otro es un fantasma de periodista (Iker).
He estado viendo con detenimiento tus otros blogs: Sonsonete de Sonetos y Bonustrash. Los pondré en mi blog sendos links, bien merecen la pena leerlos.
Un abrazo.
d.b
!La polla en verso!

Gerana Damulakis dijo...

Maravilhosa postagem. Acho que um dia vou te imitar e fazer uma lista assim.

Lisarda dijo...

Gerana, pensaba em vocé ao momento de escrever a postagem e me perguntaba "¿cómo será a lista de Gerana?". Gostaría-gostaríamos-de ler-a.

Lisarda dijo...

Amigo d.b., gracias por la visita!Las lecturas como fantasmas...sí, muchas son borrosas e inesperadas.
Buscaré a Iker Jiménez, pinta interesante: de hecho, ya es bastante elogio que un libro te quite el sueño en lugar de provocarlo!
Gracias por incursionar en los otros blogs, los tengo un tanto rezagados, pero pronto habrá novedades.
Un abrazo.

Bípede Falante dijo...

Eu ando muito cansada, dormindo pouco, ocupada até o último fio de cabelo, mas vou montar a lista dos livros que realmente fizeram algo por mim.

Lisarda dijo...

Boa idéia, Bípede! Mas descansa antes, te rogo.
E até já penso na provável lista de Diego Cantelmi, entre outros.

Gerana Damulakis dijo...

Abrindo um antigo caderno
foi que eu descobri:
Antigamente eu era eterno.

Paulo Leminski

DIEGO CANTELMI dijo...

MI LISTA ES LA SIGIUENTE:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::(HERMOSO TEXTO IGNACIO):::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::(Y ESO QUE NO SOY DE LEER BLOGS)::::::::::JE! AND SO ON! MÁS SAMLEDE VAERKER DE K