miércoles, 15 de octubre de 2014

Winterbottom-Whitecross, Camino a Guantánamo (2006)





Sinopsis
Película que denuncia la situación de los islamistas encarcelados en la base norteamericana de Guantánamo, en Cuba. En septiembre de 2001, cuatro amigos británicos de origen pakistaní fueron a su país para asistir a la boda de uno de ellos y, de paso, disfrutar de unas vacaciones recorriendo el país. Después de muchas vicisitudes, fueron capturados por tropas norteamericanas y trasladados a Guantánamo, donde permanecieron más de dos años y fueron sometidos a innumerables humillaciones y torturas. Finalmente, El 5 de marzo de 2004 fueron trasladados a Gran Bretala. En Londres, tras ser interrogados, fueron puestos en libertad sin cargos.

Crítica (www.lahaine.org)
La primera escena nos lleva a las calles de Karachi, Pakistán, atestadas con bicitaxis, camiones, carretas y animales, al lado de peatones, en un tremendo caos de movimiento. La escena presenta un cuadro vívido de los bazares de los países del tercer mundo, una fusión de bienes de alta tecnología del occidente y productos locales.

Es una historia de Shafiq (representado por Riz Ahmad), Ruhel (Farhad Harun), Asif (Arfan Usman) y Monir (Waqar Siddiqui) quienes viven en Tipton, Inglaterra. Los cuatro hombres parten de la región centro de Inglaterra para asistir a la fiesta de boda de Asif, quien se va a casar en Karachi. Cuando llegan a Karachi, los sucesos de fines de 2001 en la frontera entre Pakistán y Afganistán les cambian la vida. Asif, en lugar de casarse, se une con el primo de Shafiq, Zahid, quien apoya a las fuerzas de resistencia contra la invasión de Afganistán.

Ante la injusta guerra librada por la coalición encabezada por Estados Unidos, los cuatro hombres cruzan la frontera a Afganistán para apoyar a sus hermanos afganistaníes contra los invasores. Su sentido de justicia, entusiasmo por la libertad y desconocimiento político de la situación, los colocan entre los combatientes talibanes. Debido a sus convicciones islámicas, no ven la naturaleza reaccionaria del movimiento talibán, que Estados Unidos puso en el poder en primer lugar. Después de un tortuoso viaje a Kabul, se mudan a Kandahar y luego a la provincia de Kunduz, el último baluarte talibán. Bajo un fuerte bombardeado aéreo estadounidense, Monir desaparece. Quizás murió al igual que los miles de inocentes más quienes quedaron enterrados bajo las bombas inteligentes y rompe-búnkeres estadounidenses.

En el caso de Asif, Shafiq y Ruhel quienes sobreviven el bombardeo, la vida da otro giro. La Alianza del Norte los captura y los lleva a la prisión Sheberghan. Ahí, se topan con las fuerzas de la Coalición al mando de interrogadores estadounidenses, los verdaderos amos de la prisión. En su primer encuentro con los norteamericanos, dan un suspiro de alivio temporal. Entre su manejo del inglés y su fe en la democracia occidental, piensan que hallarán refugio en los brazos de los estadounidenses. Pero pronto se sacuden con la realidad de la democracia occidental y cómo opera en los países del tercer mundo, sobre todo contra aquellas fuerzas quienes se atreven a oponérsele.

Cuando los interrogadores se enteran de que estos hombres hablan inglés, rápidamente les penetran la psique y les quiebran la voluntad. Los agentes de la CIA, en íntima colaboración con la inteligencia británica, confeccionan documentos falsos para probar que estos hombres tienen lazos con Al Qaeda y que su viaje a Afganistán tenía un propósito oculto. Las repetidas palizas, gritos, posiciones de estrés y torturas los obligan a "confesar" que han sido militantes de Al Qaeda.

Después del interrogatorio, la CIA declara que estos hombres confirman las declaraciones de la Casa Blanca de que todos los que ha tomado preso son malvados. Encapuchados, con las manos esposadas por la espalda y grilletes en los pies, los suben a un avión operado por la CIA camino a Guantánamo.

La vida en Guantánamo es poco diferente que en la prisión Sheberghan. Más de dos años de interrogación no lograr sacarles pruebas de los lazos entre los hombres, ahora llamados los Tres de Tipton, y Al Qaeda. La CIA levantó y secuestró a cientos de personas como los Tres de Tipton en diversos países del mundo y los mandó a Guantánamo. Los soltaron al parecer porque surgió un movimiento de apoyo en Inglaterra, y no porque eran menos "culpables" que los demás. Llevaron cerca de 600 hombres y muchachos a Guantánamo, donde en mayoría todavía siguen después de casi cinco años.

A pesar de la censura en torno al campamento de detención, donde no se permite que las cámaras ni los representantes de los medios informativos registren las condiciones, los directores de la película lograron recrear lo que vivieron Asif, Shafiq y Ruhel, a partir de 600 cuartillas de transcripciones de entrevistas. Al igual que la primera escena que documenta vívidamente el caos de los bazares de Karachi, la recreación de las jaulas de Guantánamo da un vívido retrato de este ejemplo de la justicia norteamericana. Docenas de prisioneros han intentado suicidarse y tres lo han logrado.

En cuanto a la calidad artística de El camino a Guantánamo, la película sacude al público con la realidad de lo que es la democracia norteamericana. La crítica de cine Victoria Oac escribió: "No dudo de los detalles de la dramatización de la experiencia de los "Tres de Tipton". La primera mitad es tan real que es como si uno viera un documental. La visualización de esta intensa realidad hace que los valores de producción de la segunda mitad parezcan más artificiales. No importa, esto no es lo que se busca. Se busca retratar el horror de lo que estamos haciendo como país" (Stealth Democracy, 26 de junio de 2006).

En cuanto a los grandes medios de comunicación de Estados Unidos, un crítico del pro-imperialista New York Times se vio obligado a escribir: "En cierto sentido, la película, que se basa en el testimonio de tres musulmanes británicos capturados en Afganistán en 2001 y encerrados en Guantánamo más de dos años, no nos dice nada nuevo. No obstante, es un relato que sacude y deprime acerca de la crueldad e indiferencia burocrática, un vívido viaje a un lugar en que muchos ciudadanos de las democracias occidentales preferirían no pensar". Continúa: "Aún podría haber unos elementos duros quienes tildaran de antiamericanismo a las escenas de los prisioneros encapuchados y las detalladas historias de abusos físicos y psicológicos".

La ironía es que tales elementos duros existen. Aunque el New York Times exculpa al sistema diciendo que el trato que recibieron estos hombres era el producto de "la crueldad e indiferencia burocrática" y no de la cruzada por un nuevo orden mundial al servicio de los intereses del capitalismo estadounidense, otros medios de comunicación que se dirigen a las masas populares en general lisa y llanamente dudan de la veracidad de la película. Por ejemplo, el cotidiano estadounidense USA Today atacó a los tres hombres y a los directores quienes pusieron algunos hechos al alcance del público. Ante las denuncias que hace la película, la reseña de la película del 31 de julio dice: "El hecho de que es una recreación pone en duda la veracidad de la historia. Aunque los hombres parecen sinceros, se pudiera haber tenido un sentido más claro de su veracidad general si mediante entrevistas otras personas hubieran confirmado la historia".

¿A qué extremos de amarillismo van los medios de comunicación en pos de defender el imperio mundial norteamericano? Después de dos años de torturas y tratos infrahumanos, la CIA y su contraparte británica no presentaron ninguna prueba ni documentación que vinculara a los hombres con Al Qaeda. Ahora este vocero del régimen de Bush pide "equilibrio" en el cine y el arte y "objetividad’ (dar tiempo igual al verdugo y al torturador). ¡Qué irónico! ¿Qué pasó con la premisa básica del derecho de que uno se presume inocente hasta que se pruebe lo contrario? ¡Parece que USA Today, y el régimen por lo cual habla, quieren revocar lo que se solía considerar una ley así como el veredicto implícito en este caso, declarando culpables a aquellos quienes el gobierno estadounidense no pudo hallar culpables y dándoles otra oportunidad a los torturadores para contarnos más mentiras en defensa de su cuento!

A veces la naturaleza dictatorial de la democracia occidental queda escondida, y a veces queda al desnudo. A diferencia de lo que pasó en Estados Unidos, se presentó esta película por televisión en Inglaterra. Pero, como si el gobierno británico quisiera remarcar unos puntos que salen en la película y aplicarlos a en su propio territorio también, la policía arrestó a dos de los Tres de Tipton y a los actores quienes los representaron, y los interrogó y los amenazó con la cárcel cuando volvieron del festival de cine de Berlín. Los policías de la Rama Especial y de otras divisiones, quienes dijeron que "recababan información" según las estipulaciones de las últimas leyes antiterroristas británicas, le preguntaron a propósito a uno de los actores si contemplaba actuar en otras "películas políticas".