miércoles, 3 de septiembre de 2014

Marisa Monte - Infinito Particular y otras músicas











Entrevista por Pedro Irigoyen (2013)
Todo lo cambia el tiempo, incluso el amor y sus circunstancias. Marisa Monte, hija del samba carioca de la Velha Guardia da Portela, leyenda del futuro de la música de Brasil, así lo enseña en su octavo disco O Que Você Quer Saber de Verdade, un manifiesto poético y musical sobre las relaciones en el nuevo milenio que traerá la semana próxima a Buenos Aires. “Las separaciones siempre son difíciles. En este mundo contemporáneo las personas viven muchas separaciones. No es como en los años ‘50, que las personas se casaban para toda la vida y separarse era el fin del mundo, algo mal visto. Hoy se viven relaciones consecutivas, las personas tienen hombres y mujeres de su vida. Es la vivencia contemporánea del amor. La música de Depois, por ejemplo, acepta el fin de una relación sin desear el mal al otro, sin querer que sea infeliz y nunca encuentre alguien nuevo. ‘No estaba bien para mí, no estaba bien para vos, separémonos y permitámonos ser felices’. El amor verdadero es dar y recibir libertad, querer que el otro sea feliz independientemente de uno. Nadie se separa porque la cosa funciona, la canción lo acepta y no pelea contra eso. Como decía Gentileza, ‘el amor es lo que libera’”, con esa naturalidad brotan las palabras de los labios pintados de rojo carmesí de Marisa Monte en su hotel en las afueras de Campinas, en el otoño paulista.
Es una filosofía de vida interesante y poética, aunque no muy aplicada en la actualidad...
Diría que mi filosofía en este sentido es entender cuál es nuestro potencial en cada situación, cómo administrar la energía sin pelear con la vida. Yo hago crochet en mi tiempo libre, y mi profesora me enseñó: “Primera lección, no pelees con la línea, si se va, sólo se pierde”. Yo lo tomé como una lección para la vida. Entender las cosas que hay que aceptar, sin pelear contra ellas. Quizás por eso mi manera de vivir el amor sea así, más simple. Si no da, lo acepto, no sigo peleando. Quizás con la razón consigo a veces controlar los sentimientos, conducirlos, canalizarlos hacia otras cosas.
¿Qué hay de cierto en la soledad del artista?
¡Adoro! No hago nada, leo, hago crochet, duermo... No olvides que tengo dos niños pequeños, trabajo mucho, cosas cotidianas de mujer, el pelo, entrevistas, reuniones, mil cosas. Y cuando estoy de gira, es tan linda la soledad, estar quieta. Es algo que aprendí, no algo que yo sabía desde el principio. Gilberto Gil me enseñó la importancia de desenvolver una técnica de vida espiritual positiva, para no terminar tomando o rompiendo todo el hotel. En las giras es todo tan impersonal, tan transitorio, que se vuelve raro. Aunque para componer es lo máximo.
Hablabas de espiritualidad, ¿te sentís una persona de fe?
Yo tengo fe, pero no sigo ninguna religión. Creo que existen muchas cosas que nuestro aparato sensorial no consigue captar, es limitado. La gente no lo ve, no lo oye, no lo siente, pero existe. Ese espectro de visión y audición es mínimo dentro de las frecuencias que existen. Energías electromagnéticas, fuerzas del pensamiento. La religión, la fe, son conceptos muy individuales. No me imagino viviendo eso colectivamente.
¿Quizá eso también tenga relación con el espíritu del disco, que es mucho más introspectivo?
El disco es una reflexión sobre el disfrute de la vida, aprovechar la vida. Incluso en casos de separación, buscar el buen vivir. La vida es corta, y es un desafío individual. “Atención para escuchar lo que usted quiere saber de verdad” es eso. Lo que es importante para uno, no lo es para el otro. Lo que me hace bien a mí, puede no ser bueno para el otro. Esas respuestas están dentro de cada uno. Vivimos con mucha información, ruido y dispersión, el hombre de hoy recibe en un día la información que el hombre prehistórico recibía en la vida entera. Eso está afectando la humanidad. Entonces, ese silencio es fundamental para entrar en contacto con un nivel más intuitivo. Todos en nuestro interior sabemos cuál es el camino a seguir. Sólo hay que oír. Es un disco que habla de la necesidad del silencio, para escuchar la voz interior que nos dirá cómo vivir una vida mejor. Tengo una pregunta que siempre quiero que me hagan, pero nunca me hacen: ‘¿Qué parte de tu cuerpo te gustaría cambiar?’. Quisiera tener párpados en el oído, para poder cerrarlos y elegir lo que quiero escuchar. Si estoy en un lugar con mucho ruido, cerrarlos un poco para que no me moleste.
Arnaldo Antunes y Carlinhos Brown, tus socios en Tribalistas, son parte vital de este trabajo. Es una relación que excede lo musical, ¿qué atributos reconocés principalmente en cada uno?
Lo primero es la admiración mutua por su talento y el respeto por los dos, fantásticos artistas que son referencias para mí. Son los compositores que más grabé, no puedo imaginar mi trayectoria sin ellos y agradezco esa suerte. Son complementarios y muy diferentes: Arnaldo es paulista, Brown es bahiano y yo soy carioca. Tenemos una diferencia saludable y nos amamos por eso. Nos divierten nuestras diferencias.
Cada uno tiene la personalidad de la ciudad a la que pertenece ...
Claro, Arnaldo es paulista, poesía concreta, bibliotecas, libros; Carlinhos, bahiano, es totalmente gestual, corporal, expansivo, hacia afuera; y yo estoy ahí en el medio, porque además Río de Janeiro está literalmente a mitad de camino. Ellos me complementan.
Otro artista invitado en el disco, quizás no tan conocido en la Argentina pero que se perfila como una de las grandes figuras de la música de Brasil es Amarante.
Rodrigo Amarante es un gran compositor, su banda, Los Hermanos, es legendaria aquí. La banda se terminó, y volvieron a juntarse hace poco y vendieron todos sus shows en 24 horas, tuvieron que agregar fechas. Fue increíble, yo fui a verlos, no era un show, era una misa, no tienen fans, sino fieles. Tienen una identidad muy fuerte como banda, son muy grandes compositores, inteligentes y cultos.
En el amplio sentido, ¿cuál ha sido el éxito más grande tu vida?
Siempre honré las posibilidades que tuve, fue muy natural. Tuve suerte, y la aproveché. Tuve talento, y lo honré. Tengo vocación, porque lo hago con amor y me mantiene bien, me hace mejor persona. Y si no hubiese sido cantora, hubiera sido otra cosa. Me gusta trabajar, soy productiva. El éxito no es un fenómeno comercial, o del público, es una realización en sí. Tengo un disco que adoro, que produje con Argemiro Patrocionio, uno de los integrantes de La Velha Guarda. No es muy conocido, pero es uno de los trabajos que más me enorgullecen. Tiene 80 años y nunca había grabado. Por eso, repercusión no es éxito. Y para mí, mis hijos son el mayor éxito de mi vida.