martes, 3 de diciembre de 2013

Mendelssohn, Concerto para Violin



Tras una primera y muy incipiente aproximación a este género musical en 1822, cuando el compositor apenas contaba con trece años, que se plasmó en un Primer Concierto para violín muy en la factura de Johann Sebastian Bach y que hoy apenas es conocido, Mendelssohn abordó la composición de un Segundo Concierto para violín durante el verano de 1838. Por ello, esta partitura “oficialmente” es conocida como el Concierto para violín nº2, en mi menor, Op. 64. Sin embargo, la universal fama adquirida por esta obra ha eclipsado por completo la primera composición de juventud, por lo que este concierto suele ser conocido como el Concierto para violín de Mendelssohn, dando a entender equivocadamente que ésta es la única obra del género compuesta por el autor.
 Durante el verano de 1838, Mendelssohn escribió a su amigo violinista Ferdinand David una misiva en la que confesaba su firme deseo de escribir un concierto para violín en la tonalidad de mi menor cuyo comienzo “me da vueltas en la cabeza y no me deja en paz”. David, director además de la Orquesta del Gewandhaus de Leipzig, le prometió que una vez terminada la composición la tocaría con tal entusiasmo que “hasta los ángeles del cielo se sentirían dichosos”. Pese a estas celestiales promesas, Mendelssohn no abordó en serio la composición de esta obra hasta pasados seis años. Fue entonces en las inmediaciones de Frankfurt, donde se encontraba el compositor veraneando con su familia, el lugar en el que concibió finalmente esta obra ayudado por unas condiciones que eran del todo idílicas. A finales de septiembre, el compositor regresó a Berlín y allí se dedicó algunas semanas a perfeccionar la partitura. Aquejado de una enfermedad, Mendelssohn no pudo asistir al estreno por prescripción médica y la orquesta tuvo entonces que ser dirigida por Niels Gade. Pese a todo, el compositor pudo escuchar más tarde su concierto soberbiamente interpretado por Joachim el 3 de octubre de 1847 también en Leipzig, unos meses antes de fallecer el autor como consecuencia de un derrame cerebral.
 Una característica de este concierto es la manera en cómo se unen los tres movimientos evitando las interrupciones musicales que tanto disgustaban a Mendelssohn. La escritura del concierto es densa y presenta fragmentos líricos que alternan con otros pasajes de tipo dramático. Otra particularidad de este concierto es que por primera vez la cadenza del solista alcanza un total desarrollo por escrito y no se deja a la libre improvisación. La obra, extraordinaria desde el punto de vista compositivo, pronto se convirtió en una de sus creaciones más conocidas e interpretadas. Ferdinand David, a quien le está dedicada la obra, ayudó al compositor a resolver las dificultades técnicas de la parte solista. Es uno de los conciertos más significativos del género, con dos elegantes movimientos extremos y uno lento de gran delicadeza sentimental. Con esta obra, que requiere una interpretación llena de sobriedad, el autor pareció recobrar los magistrales impulsos creativos de su mejor época de adolescencia.
-Primer movimiento.Allegro molto appassionato 
A partir del segundo compás, el solista expone el tema principal con un matiz suave — piano — de notable ductilidad. La orquesta lo repite y deja guiarse por una idea adyacente antes de la exposición del segundo tema sobre un bello y tranquilo motivo coral en el que las maderas presentan al violín. El desarrollo es un perfecto acoplamiento de engranajes en el que orquesta y violín juegan a encontrarse y complementarse mutuamente. Tras la cadenza, el violín se apoya en unas notas ligeramente arpegiadas en la curva melódica para dar paso a la delicada reexposición orquestal, en lo que supone uno de los más memorables fragmentos jamás escritos por Mendelssohn (Primoroso). Una brillante y poderosa coda acaba con la nota sostenida en Si del primer fagot que permite hacer de puente hacia el siguiente movimiento.
Segundo movimiento. Andante-
Con forma y estructura de lied a tres partes, ofrece la posibilidad de que el violín desarrolle largas y delicadas ondulaciones con gracia ensoñadora, aunque en ocasiones se observa un cierto derroche de componente sentimentaloide. Lo curioso de este movimiento se produce en sus compases finales, en donde una especie de inédito recitativo sirve de enlace para encadenar el último movimiento. Musicalmente, es el movimiento más flojo de los tres que integran la obra.
Tercer movimiento. Allegretto non troppo
En forma de rondó, tras un breve diálogo entre las llamadas de los metales y la contestación del solista. este último expone un alegre motivo rítmico lleno de fuerza. Los diálogos se van sucediendo con una escritura violinística cada vez más virtuosa. Un nuevo tema es presentado por el tuttiorquestal, conectado con el motivo precedente a modo de variación. En pleno desarrollo central, surge la magia al exponer la cuerda un motivo muy elegante sobre la base rítmica del tema principal que dibuja el violín por medio de diferentes escalas. El desarrollo final derrocha una fantasía completamente espontánea y exige por parte del violinista una ejecución perfectamente controlada tanto en la expresión como en los efectos de brillo que requiere la partitura. Pieza de obligado cumplimiento para cualquier violinista que pretenda abrirse hueco en el complicado mundo de la interpretación solista.