martes, 2 de octubre de 2012

Menéndez Pelayo, Programa de Literatura Española, 1878





Marcelino Menéndez Pelayo, Programa de Literatura Española, 1878


INTRODUCCIÓN
Tarea nada fácil es el formar el mapa de una región cuyos límites andan confusos y son materia de controversia. Tal acontece con la Historia de la literatura española (y no añado el adjetivo crítica , porque sin crítica no hay historia, ni ciencia alguna ni obra humana de provecho). En sentir de ilustres críticos a quienes respeto, con el sentimiento de no poder seguirlos, la Historia de la literatura española no es más ni menos que la historia de la literatura castellana. Este error, a mi ver, funesto, y que no sólo a la literatura, sino a otras esferas trasciende, ha contribuido a embrollar y oscurecer hasta lo sumo, muy doctos juicios e investigaciones. Procuraré concretar los términos de la cuestión para que no se me acuse de obrar de ligero, ni de ceder a infundadas preocupaciones.
Dejo aparte la distinción entre historia literaria e historia de la literatura. Distinción pueril si sólo a los términos se atiende, pero útil si en la historia literaria quisiéramos englobar la científica. De los dos sentidos que la palabra literatura tiene(ciencia  de letras, ciencia de la belleza traducida y realizada por medio de la palabra), prescindo en absoluto del primero. Claro es, que la Historia Literaria, concebida y escrita al modo de los Marinos, de Tiraboschi o de nuestros Padres Mohedanos, abarca el desarrollo de todos los saberes humanos en una extensión geográfica determinada, y sólo dellugar recibe su principio unitario. No había razón, v. gr., para incluir en esa historia a los médicos castellanos del siglo XVI y suprimir a los árabes y judíos de la Edad Media. La ciencia, y sobre todo algunas ciencias, se resiente, harto poco de influencias locales.
Pero aquí no es lícito tomar el vocablo literatura en esa acepción y menos en la de bibliografía, que a veces le aplican los alemanes cuando hablan de la literatura de tal o cual asunto o ramo del saber. Nuestro estudio ha de limitarse a las producciones españolas en que predomine un elemento estético.
Y ¿qué entendemos por obras y escritores españoles? Aquí comienza la división y el desacuerdo. Y los que sostienen no ya la hegemonía, sino el exclusivismo castellano, se fundan en dos razones, una de nacionalidad y otra de lengua.
Para contestar a la primera conviene distinguir entre nacionalidad política y nacionalidad literaria. Las causas de formación de una y otra, los elementos que vienen a acaudalarlas, no son siempre los mismos, digan lo que quieran aquellos que pretenden convertir la historia en un apéndice o suplemento de la política, olvidando, si no desconociendo, la independencia y vida propia del arte, y el personalismo y subjetivas tendencias de cada artista. El desarrollo estético influye y es influido por el social: unas veces le guía y otras le tuerce, en ocasiones viene a ser un reflejo, sin que sea fácil decidir a priori, si es mayor la influencia de la sociedad en los libros, o la de los libros en la sociedad. Si de algo conviene huir en crítica es de ese afán de considerar encerradas todas las fuerzas vivas de un pueblo en una unidad panteística, llámese estado, genio nacional, índole de raza. No es de este lugar el poner en su punto la acepción detalles vocablos, pero a nadie se ocultará que el espíritu y el genio nacional en literatura deben de ser algo distinto del Estado político, cuando contemplamos, v. gr. la imponente unidad de la literatura italiana desde remotas edades con no haber constituido Italia un solo Estado, desde que se deshizo el Imperio romano, hasta muy modernas revoluciones. Y ¿qué diremos de la hermandad literaria entre las metrópolis y sus colonias emancipadas? Literatura inglesa es la de los norteamericanos: literatura española la de Méjico y las de las repúblicas del Sur. Y sin embargo las nacionalidades políticas son distintas.
Ni tampoco el concepto de nacionalidad política es idéntico al de Estado. Dentro de un Estado caben no sólo naciones sino razas diversas, como acontece en los modernos imperios de Austria y Rusia. Cuando ni siquiera la Etnografía se ajusta a las divisiones políticas, ¿hemos de pretender amoldar a ellas la historia literaria?
El ideal de una nacionalidad perfecta y armónica no pasa de utopía. Para conseguirla sería necesario no sólo unidad de territorio y unidad política sino unidad religiosa, legislativa, lingüística, moral.., et sic de caeteris, ideal que hasta ahora no ha alcanzado pueblo alguno. Es preciso tomar las nacionalidades como las han hecho los siglos, con unidad en algunas cosas y variedad en muchas más, y sobre todo en la lengua y en la literatura.
Sentado pues que existe una nacionalidad literaria, cuyos lindes, rayas y términos no siempre son los impuestos por tratados y combinaciones diplomáticas, (¡pobre literatura si a tales altos y bajos anduviese sujeta!), resta apurar cuándo comienza esta literatura y en qué señas hemos de conocerla y distinguirla de las demás antiguas y modernas. Aquí entra para algunos el poner la unidad literaria en la lengua, carácter, a la verdad, mucho menos vago y contradictorio que el de Estado, pero toda vía insuficiente. En primer lugar y concretándonos a nuestro estudio ¿existe, por ventura, una lengua española?, ¿es castizo, ni propio, ni adecuado este nombre?, ¿le usaron alguna vez nuestros clásicos? Antes del siglo XVIII y en lo que mis lecturas alcanzan, sólo recuerdo haberle visto en autores extranjeros. Prescindamos del nombre y vamos a la cosa: ¿qué lengua es esa?, la castellana, se me dirá. ¿Y por qué? Porque desde el siglo XVI viene siendo la lengua literaria por excelencia, la más cultivada y rica, y porque en tiempos más cercanos ha podido considerarse como lengua oficial de la Península Ibérica, excepción hecha del reino de Portugal, cuya historia consideran algunos tan distinta y apartada de la nuestra como la alemana o la inglesa, sin reparar que apenas puede darse un paso en literatura castellana sin tropezar con huellas portuguesas. Si sólo del siglo XVI data ese predominio del habla de la España Central ¿qué hemos de hacer con la literatura de la Edad Media?, ¿la estudiaremos sólo en uno de los pueblos peninsulares?, ¿y por qué en Castilla, y no en Portugal o en Cataluña?, ¿qué fuero o privilegio especial teníamos nosotros sobre los demás españoles?
¡Y qué vacíos y contradicciones resultarían de ese estudio! Alfonso X pertenecería a nuestra historia literaria como legislador, como didáctico, como historiador, pero no como poeta, porque las Cantígas están escritas en gallego.
Españoles fueron en la Edad Media los tres romances peninsulares: los tres recorrieron un ciclo literario completo, conservando unidad de espíritu y parentesco de formas en medio de las variedades locales. Eran tres dialectos hijos de la misma madre, habla dos por gentes de la misma raza, y empeñadas en común empresa. Las tres literaturas reflejaban iguales sentimientos y parecidas ideas, y recíprocamente se imitaban y traducían y cedieron el mismo paso a extrañas influencias. Los trovadores provenzales recorrían de igual suerte las cortes castellanas que las aragonesas: los cantos de Marcabrú y de Gavaudan anunciaron los triunfos de Almería y el sol de las Navas: otro provenzal, Rambaldo de Vaqueiras es autor de los versos más antiguos que quizá poseemos en castellano. Cuando las letras catalanas adquieren independencia y vida propias, Ramón Lull en el Blanquerna, y en el Libro del orden de la caballería, sirve de inspirador y modelo al hijo del infante D. Manuel cuando traza el Libro de los Estados y el del Caballero y del Escudero.¿Cómo olvidar, por otra parte, que el habla galaico-portuguesa fué lengua lírica y cortesana aún en las regiones centrales de la península, y que en ella escribieron Alfonso X, Alfonso XI, Villasandino, el arcediano de Toro y tantos más, nacidos en Castilla?
Ni siquiera la historia literaria de los siglos XV y XVI, podríamos comprender desde el punto de vista exclusivamente castellano. Haríamos un cuadro del renacimiento sin que en él apareciera la corte napolitana de Alfonso V: una historia de la novela picaresca en que faltara el precedente del Livre de les dones, un  catálogo de libros de caballerías sinTirant lo Blanch, no apreciaríamos en su justo valor las innovaciones métricas de Boscán y Gil Polo: al buscar los orígenes de la novela pastoril dejaríamos olvidado el autor de Menina e moça, al paso que tendríamos que incluir a Jorge de Montemayor, tan portugués como aquél, sólo porque escribió en nuestro romance. Aparecerían los géneros acéfalos, ni sabríamos de dónde vienen ni a dónde van las tendencias literarias.
En suma, por lo que hace a los siglos medios no hay razón buena ni mala que autorice la exclusión de lemosines y portugueses, y traída su historia hasta el siglo XVI ¿por qué dejarla mutilada, cuando Dios ha querido que (sin saber muchas veces unos de otros) siga unida a la nuestra como la sombra al cuerpo? Mucho puede la lengua, pero no basta a partir en dos a un escritor Gil Vicente, Sá de- Miranda, Camoens, Corte-Real, Gallegos, Melo..., escriben con el mismo espíritu y emplean las mismas formas en portugués que en castellano, con igual desembarazo manejan un instrumento que otro: a veces los dos en una misma composición. ¿Tomaremos un trozo y dejaremos lo demás? ¿No sería incompleto y casi inútil ese estudio parcial, cuando para quilatar el mérito de un escritor y seguir los pasos de su ingenio, es fuerza tener a la vista el conjunto de sus lucubraciones, y relacionarlas y compararlas?
Dios ha querido además que un misterioso sincronismo presida al desarrollo de las letras peninsulares. No hay transformación literaria en Castilla a que no responda otra igual en Lusitania. En pos o al lado de Boscán o de Garci-Lasso aparecen Sá de Miranda y todos los quinhentistas: casi a un tiempo florece la lírica horaciana en manos de Ferreira y de Fr. Luis de León: el grande ejemplo de Camoens mueve aunque con desigual resultado a nuestros épicos: el teatroespañol es tan aplaudido en Lisboa como en Madrid o en Valencia e impide todo conato de teatro provincial: simultáneamente se desarrolla la epidemia culterana y conceptista simultáneamente penetra el influjo francés en las dos literaturas, y en la lírica castellana del siglo pasado pueden distinguirse dos períodos como en la portuguesa dos Arcadias.
La misma similitud, o digámoslo mejor, identidad que reina en el conjunto brilla en los pormenores.
 Si alguno me objeta que políticamente los portuguesas no son españoles contestarele con palabras de Almeida-Garret, el poeta lusitano por excelencia: «Ni una sola vez se hallará en nuestros escritores la palabra «español» designando exclusivamente al habitante de la Península no portugués. Mientras Castilla estuvo separada de Aragón y ya mucho después de unida, nosotros y las demás naciones de España, Aragoneses, Castellanos, Portugueses, todos éramos, por extraños y propios, comúnmente llamados «españoles» así como aún hoy llamamos «alemán» al Prusiano, Sajón, Hannoveriano, Austríaco: así como el Napolitano, el Milanés, el Veneciano y el Piamontés reciben indistintamente el nombre de Italianos. La pérdida de nuestra independencia política después de la jornada de Alcazarquivir, dió el título de reyes de las Españas a los de Castilla y Aragón, título que conservaron aún después de la gloriosa (sic) restauración de 1640. Pero españoles somos, de españoles nos debemos preciar todos los que habitamos la Península Ibérica: Castellanos nunca». Esto escribe uno de los mayores enemigos de la idea de unidad peninsular.
Pero no sólo ha gallardeado el ingenio español en los tres dialectos castellano, catalán y portugués y en alguna lengua extraña aunque afín, como el provenzal, sino en la madre de todos los romances, en la latina. ¿Cómo dejar de comprender en nuestra historia literaria a los humanistas, poetas e historiadores latinos que desde fines del siglo XV florecieron? Españoles eran como nosotros, pensaban y sentían al modo de los demás españoles de su tiempo y por la gloria de nuestras letras se afanaban. Tan español era Mariana cuando escribía su Historia General en latín, como cuando la trasladaba al castellano. Pensamientos y estilo eran idénticos: sólo variaba la lengua. Y no en la lengua, forma de suyo variable y sujeta a mudanzas, sino en el estilo, reside la unidad interna de las literaturas. Cuánto más españoles en el pensar, en el sentir y en el escribir son por ejemplo, Luis Vives y Arias Montano que la mayor parte de los prosistas castellanos del siglo XVIII y del XIX. En los unos resplandece el genio nacional, los otros no son más que pálidos reflejos de una cultura extraña.
No desconozco, ni en modo alguno niego, la importancia de la lengua como prenda de nacionalidad y signo de raza, pero creo que la lengua no es más que la vestidura de la forma. Ni lo sustancial  ni lo formal lo da la lengua sino el estilo, comprendiendo bajo esta palabra todo el desarrollo mórfico necesario para que la concepción artística deje de ser idea pura.
Y si extremar quisiéramos las cosas, quizá diría yo que (fuera de la apartada rama eúskara o turánia) una sola lengua, la del Lacio ha servido de instrumento al genio nacional. Ya íntegra y pura, ya corrompida y desmenuzada en tres dialectos, que, al separarse, quizá se distinguirían menos entre si que los dialectos griegos, y que más tarde, a pesar de su gran desarrollo léxico y sintáxico han conservado tales analogías y similitudes y un tal aire de familia (facies non omnibus una nec diversa tamen quales decet esse sororum) que claramente los separan y aíslan de las otras ramas del tronco latino. Páginas enteras hay donde (excepción hecha de los artículos y de algunas formas verbales) apenas puede decirse si se lee portugués o castellano. ¿Y no se han hecho en prosa y en verso ensayos que son a la vez, castellanos, latinos y lusitanos?
Constituyendo el latinismo el substratum o digamos, lo más íntimo y sustancial de la civilización española, así en lengua como en costumbres, instituciones y leyes ¿no sería acéfala nuestra historia, si en ella faltase la literatura hispano-romana, ya gentil, ya cristiana? Empecemos por notar que muchos caracteres (buenos y malos) del ingenio español y hasta del ingenio local de la Bética y de otras comarcas, se revelan muy a los principios. La pompa y altisonancia de dicción, el abuso de la hipérbole, lo exuberante y encrespado, junto con cierta aspereza y genio indómito anúncianse ya en aquellos vates cordobeses que celebraron a Metelo, pingue quiddam sonantes atque peregrinum: en Sestilio Hena, acusado por Marco Aurelio del mismo defecto: en Porcio Latron a quien llama Séneca fortem, agrestem quia Hispaniae consuetudinis morem non poterat dediscere y sobre todo en Séneca y en Lucano. Alguna parte ha de atribuirse en ello a la general corrupción de las letras latinas, pero tampoco ha de negarse la influencia local cuando vemos que los españoles, casi solos, llenan esta segunda época, y que ni en los postreros días de Augusta ni en los de Tiberio tenía la decadencia literaria el carácter de ampulosidad y dureza, sino antes bien, el de deslucimiento y falta de nervio, patente en los últimos versos de Ovidio, o el de elegancia fría y sin color  como la de Fedro. Se dirá que las escuelas de declamación habían pervertido el gusto, pero ¿quién ignora que los principales declamadores, y el maestro y rey de ellos, fueron andaluces?
¡Líbreme Dios, sin embargo, de afirmar que sólo, para echar a perder el gusto servimos los españoles! Hartas pruebas hemos dado de lo contrario y las dieron en esa misma época Quintiliano y otros. Esos mismos defectos (compensados en Lucano y en Séneca con soberanas bellezas) no eran otra cosa que la exageración y el torcimiento de algunas buenas cualidades, como la riqueza de estilo, la fantasía colorista, la sutileza de ingenio, extraviadas por las circunstancias de lugar y tiempo en que venían a desarrollarse.
Si alguna razón más se necesitara para defender la inclusión de los hispano-latinos en el programa, aún pudiera recordarse que Séneca, como moralista y como escritor, fué el modelo por excelencia de nuestros didácticos y políticos desde A. Pérez hasta Quevedo y Gracián: y que en el yunque de Marcial aguzaron sus saetas todos nuestros epigramatarios, los cuales se acordaban harto poco de Catulo ni de los poetas de la Antología griega.
Y cuando el cristianismo viene a dar nueva y más poderosa unidad a la gente ibérica, cuando surge el primer código disciplinario en el Sínodo Iliberitano, y (pasada la tormenta priscilianista) se promulga la Regula Fidei en el primer concilio de Toledo ¿cómo excluir de nuestra historia, ni tratar como a gente extraña, sólo porque no hablaban el castellano, a aquellos apologistas y poetas, a Prudencio, v. gr., el lírico más español que ha existido, el cantor de nuestros mártires, el cronista de los triunfos y penalidades de nuestra Iglesia? ¿Y qué decir de los escritores hispano romanos que florecen bajo la monarquía visigoda? Hasta políticamente nos pertenecen, puesto que la nacionalidad española estaba ya constituida en los días de San Leandro y San Isidoro, de San Braulio y Tajón, de San Ildefonso y San Eugenio.
El estudio de la literatura latino-eclesiástica tórnase además indispensable como antecedente para el de los orígenes de la lengua, del metro y de la rima, y de casi todos los géneros literarios, incluso los cantares de gesta, incluso los libros deexiemplos, que aparecen antes que en las vulgares en la lengua latina con la Disciplina Clericalis de Per Alfonso.
 Bien sé que los principios son en todas las cosas áridos y enfadosos y que es mucho más cómodo y hasta artístico (si el arte de la historia fuera como el de un poema o una novela) comenzar a la manera de Ticknor (en otras cosas tan loable) con un capítulo en que se describiese el amanecer de la poesía castellana entre arremetidas y algaradas, entrando ipso facto y sin más explicación en el Poema del Cid. Pero si semejante traza y disposición puede satisfacer a una young lady britana que por recreación y deporte tomó en manos el libro de Ticknor, ha de causar forzosa extrañeza a quien busque la razón y fundamento de los hechos y se encuentre con disertaciones sobre un poema escrito en una lengua de cuyos orígenes no se ha hablado, en un ritmo que no se sabe de dónde viene y en alabanza de un héroe celebrado antes en cantos latinos y en libros históricos de que se le da ninguna o muy breve noticia.
Por tales razones he juzgado oportuno seguir el buen ejemplo del señor Amador de los Ríos (mi maestro de dulce memoria) comprendiendo en el programa la literatura hispano-latina y las tres vulgares en toda su extensión y desarrollo.
Mucho he dudado (ingenuamente lo confieso) y aún al presente dudo, si incluir a los escritores judíos y musulmanes. Por una parte es evidente que su larga residencia en nuestro suelo los hizo españoles, y que su cultura se modificó más o menos por el trato con los mozárabes hasta distinguirse bastante en sus caracteres, de la poca o mucha que trajeron de Oriente. Nadie dudará que sus glorias nos pertenecen, y que ellos tienen derecho a sonar en la historia de nuestra cultura, siquiera como elemento antitético. Además, aunque su influjo en la amena literatura de los pueblos cristianos no fuera tan grande como en otros tiempos se imaginó, tampoco ha de negárseles el papel de medianeros en la transmisión de ciertos géneros como el didáctico-simbólico, aparte de la influencia en lo científico y filosófico, que nadie pone en duda, y que no dejó de trascender, en bien o en mal, a las letras humanas. Hay sin embargo, tan radicales diferencias de religión, de raza y de lengua entre esos dos pueblos semíticos y la población cristiana y latina de la península, que su historia literaria, intercalada en la nuestra, había de parecer, si no cosa extraña y pegadiza, episodio demasiado largo y propio para romper la unidad y armonía del  programa. En tal duda y desconfiando siempre del acierto (pues casi tenían igual peso en mi ánimo las razones favorables que las adversas) he adoptado un término medio que quizá no contente a nadie. En tres lecciones y con el título de influencias semíticas hago breve recopilación de los principales géneros cultivados por árabes y hebreos y fíjome sobre todo en los que fueron o pudieron ser imitados por los cristianos.
Pocas observaciones tengo que añadir. Ya he indicado que no incluyo la historia de las ciencias, sin perjuicio de hacer mérito de algunos de sus cultivadores en concepto de escritores didácticos. Hago más hincapié en la filosofía por las mayores relaciones que con la literatura tiene, y por reflejarse constantemente en la una el espíritu de la otra; pero no la estudio de propósito sino a manera de episodio y en la relación de estilo y forma.
He sido parco de preliminares. En una lección los condenso todos. El señor Amador de los Ríos juzgó oportuno anteponer a su obra una reseña de las vicisitudes de la crítica en España; mas para los fines de nuestra enseñanza creo preferible estudiar las doctrinas literarias al mismo tiempo que los hechos. Los escritores críticos se encontrarán repartidos en sus lecciones y épocas respectivas.
A la historia de las literaturas vulgares anteceden dos lecciones sobre orígenes de las lenguas romances, digresión filológica (si digresión es) harto justificada siempre y hoy casi indispensable después de los hermosos trabajos de Federico Díez y de sus discípulos.
En el espíritu y criterio de la enseñanza tal como del programa se deduce, procuro alejarme del doble escollo de la crítica puramente formalista y de la que llaman trascendental, ora aspire a grandes síntesis históricas, ora a inauditas revelaciones estéticas. No es ya lícito convertir la historia de la literatura en un descarnado índice de autores y de libros, juzgados sólo en su parte externa y formal, ni proceder caprichosa y arbitrariamente en el orden y disposición de las materias. No es acertado considerar al autor fuera de su época, pero aún es más dañoso anular su personalidad y convertirle en eco, reflejo o espejo de una civilización. El juicio-sentimiento de lo bello y la apreciación histórica deben caminar unidos. En medio de tanto escarceo y divagar inútil ha  logrado la estética moderna asentar buen número de principios fecundos y razonables, que lejos de oponerse al examen detenido de las formas exteriores (mero desarrollo de la forma interna) contribuyen a que éste se haga a mejor luz. Por otra parte, el desarrollo de los estudios históricos ha hecho notar infinitas relaciones entre el arte y las demás actividades humanas, que naturalmente se completan y explican. De aquí la necesidad del criterio histórico al lado del estético. Según el período que se estudie debe predominar el uno o el otro. Las producciones de la Edad Media v. gr., suelen tener más interés arqueológico e histórico que propiamente estético.
Tampoco me ciega el espíritu nacional hasta el punto de cerrar los ojos a evidentes influencias extrañas. No creo que de la epopeya francesa naciera la castellana, pero hay indicios clarísimos de que fué la primera, conocida y explotada por nuestros cantores.
Y en otro género ¿de qué serviría negar, por ejemplo, que el libro de los Reys d'Orient y la Vida de Sta. María Egipciaca son de origen transpirenaico, cuando hierven en provenzalismos y cuando del segundo ha dado a conocer Mussafia los originales? Es muy conveniente, pues, para no cegarse ni empeñarse en descubrir el espíritu nacional donde no se halla, atender mucho a las literaturas extrañas, sobre todo a las que directamente han influído en la nuestra, como ésta a su vez en las de Ultra-puertos.
Sin erudición y sin investigaciones propias no hay conocimiento serio. Por tal razón debe el maestro recomendar a sus alumnos el estudio directo de las fuentes y de los autores que se vayan analizando, estudio que, hecho con discreción y buen tino, les evitará el perder un tiempo precioso en la lectura de obras de segunda mano, y quizá el adquirir mil nociones erradas o habituarse a lugares comunes y frases hechas: dolencia harto general entre nosotros.
 PROGRAMA
LECCIÓN PRIMERA
Carácter y límites de nuestro estudio.—Historia.—Literatura. Historia literaria.—Doble criterio que ha de presidir a esta enseñanza.—Juicio estético.—Apreciación histórica.—Peligros y daños que resultan del excesivo predominio del métodoanalítico o del sintético. Crítica formulista.— Crítica trascendental.
Ciencias auxiliares de la Historia Literaria.—Filosofía.— Bibliografía.—Arqueología.—Historia religiosa, social, científica, etc.
Términos y aledaños de la Historia de la literatura española: por la materia, por el lugar: por el tiempo.—Distinción entre nacionalidad política y nacionalidad literaria.— Unidad del ingenio español: sus caracteres desde remotas edades.—Nueva unidad producida por el latinismo.—El elemento ibérico en la literatura romana. El cristianismo: unidad labrada por la Iglesia Española. Elemento hebraico y escriturario.—Impotencia del germanismo para torcer el curso de nuestra civilización.—La tradición latino eclesiástica.—Su influjo en las literaturas vulgares: orígenes del metro y de la rima.—Paralelismo literario de los tres romances peninsulares.—Necesidad de llevar de frente su estudio.—Unidad del genio ibérico: en la oda política: en la ciencia: en el arte: Influencias extrañas en nuestras letras.
LECCION 2.ª
Indicaciones y conjeturas acerca de la civilización de los aborígenes y primeros alienígenas peninsulares.—Turanios.—Iberos:  leyes y poemas de los turdetanos.—Celtas.—Influjo semítico (fenicios).—Influjo griego.—Vestigios que pudieron quedar de las primeras lenguas ibéricas.
Romanización de España.—Primeros indicios de la literatura hispano-latina.—Poetas cordobeses que celebraron a Metelo.— Escuela de Asclepiades Myrleano.—Carácter escrito y declamatorio de la literatura hispano-romana en tiempos de Augusto y de Tiberio.—Cornelio Bulbo.—Julio Hygino.—Escuela.oratoria de Porcio Latrón.—Otros declamadores: Turrino Clodio, Junio Galión, Cornelio Hispano, Víctor Statorio.—Poetas: Sextilio Hena.
Marco Anneo Séneca, erudito y colector.—Doctrina crítica.— Doctrina crítica esparcida en los prólogos de sus Controversias y Suasorias.
LECCIÓN 3.ª
Invasión del elemento ibérico en la literatura latina.—Séneca representante principal de esta evolución.—Su vida.—Sus obras.— Séneca como filósofo: debilidad y contradicciones de su metafísica excelencias de su Moral: eclecticismo de Séneca.—Poderosa influencia de Séneca como moralista en la Edad Media y en el Renacimiento.Cualidades literarias de la prosa de Séneca.— Séneca en relación con la filosofía griega, con la sociedad de su tiempo, con el cristianismo. —Supuestas relaciones de Séneca y San Pablo.—Séneca como poeta: sus tragedias.— Séneca cultivador de la sátira menipea.—¿Qué puesto corresponde a Séneca en la Historia de nuestra civilización?—Traductores y comentadores españoles de Séneca.
LECCIÓN 4.ª
La poesía épico-histórica de decadencia.—Lucano.—Indole española de su ingenio.—Lucano y la sociedad romana del tiempo de Nerón.—Diferencias entre la concepción épica de Virgilio y la de Lucano.—Lo sobrenatural en la Farsalia. Roma y la libertad patricia en la Farsalia ideal político de Lucano. Causas de extravío para su ingenio: elemento histórico: escuelas de declamación.— Palidez en los caracteres: hipérbole en las situaciones y en los discursos.—Bellezas y defectos del estilo y de la lengua de Lucano.—Semejanzas entre el autor de la Farsalia y otros vates cordobeses (Juan de Mena, Góngora, etc.)—La poesía descriptiva en Lucano y en Séneca el Trágico.
Pónese en su punto el influjo de la familia de los Sénecas en la corrupción de las letras romanas.
LECCIÓN 5.ª
Reacción contra la escuela de los Sénecas y en pro de un gusto más clásico y depurado. —Escritores españoles que muestran esta tendencia.—Pomponio Mela.—Columela como didáctico.— Id. como poeta.—La tradición de las Geórgicasconservada en el poema de cultu hortorum.— Silio Itálico: dudas acerca de su patria.—Sus impotentes esfuerzos para remedar el tono virgiliano.
Quintiliano.—Doctrina crítica de sus Instituciones.
La poesía ligera.—Marcial.—En la pureza de lengua y sencillez de estilo es fiel a la tradición catuliana.—Marcial pintor realista de la sociedad de su tiempo.—La sátira en Marcial.—Lirismo de Marcial.—Paralelo entre Marco Valerio y los poetas de la Antología griega.—Marcial y los epigramatarios españoles de los siglos XVI, XVII, etc.
Poetas españoles amigos y contemporáneos de Marcial (Canio, Deciano, Liciniano, etc. —Otros escritores de la España romana (el emperador Adriano, Antonio Juliano, etc.)—Floro: méritos literarios de su Epítome.
LECCIÓN 6.ª
Propagación del cristianismo en España.—Primeros mártires. —Concilio Iliberitano. Constantino da la paz a la Iglesia.— Primeros escritores cristianos españoles.—Osio: su carta a Constancio.—S. Gregorio Bético (de fide).
Aparición de la poesía cristiana con formas clásicas. Poesía narrativa: Juvenco (Historia Evangélica).— Noticias de otros libros atribuídos a Juvenco.

 LECCIÓN 7.ª
Poesía lírica cristiana con formas clásicas.— Prudencio.— Análisis de los himnos del Cathemerinon.— Id. de los delPeristephanon.— Carácter español y local de muchos de estos himnos.— Sus maravillosas bellezas.—Prudencio y la lírica horaciana.— Prudencio poeta didáctico y filosófico: Psicomaquia: Apoteosis: Hamartigenia.— Prudencio escritor apologético y controversista: los dos libros contra Simmaco.—Paralelo entre la lírica cristiana de Occidente y la de Oriente.—Prudencio y los poetas cristianos de la Edad Media.
LECCIÓN 8.ª
Otros poetas cristianos: S. Dámaso.—El orientalismo en las letras cristianas.
Literatura heterodoxa: los priscilianistas (Prisciliano, Latroniano, Tiberiano Bético, Dictinio, etc.— Libros apócrifos.— Himnos gnósticos.
Apologistas católicos: Ithacio, Audencio, Potamio, Carterio, S. Paciano de Barcelona, Olimpio, Bachiario, etc.—Noticia de sus obras.
La Historia, consentido providencialista. Orosio: su vida: sus escritos de controversia.—Su Moesta Mundi. —Orosio figura con S. Agustín y Salviano entre los creadores de la filosofía de la historia.
LECCIÓN 9.ª
Primeras invasiones de los bárbaros (suevos, alanos, vándalos, etc.— Escritores de este período.—Poetas: Draconcio (De deo), Orencio (Commonitorium).— Escritos apologéticos de Toribio e Idacio.—Chronicón de Idacio.—Decadencia de la forma histórica.
Conversión de los suevos al catolicismo.—S. Martín Dumiense.—La tradición senequista en los libros de S. Martín.
Dominación visigoda.—Conflicto religioso.—Escritores hispano-romanos:  Vital y Constancio.—Justo Urgelitano.—Apringio, Liciniano y Severo, etc.—Importancia científica de las cartas de Liciniano.
Postrera lid entre el arrianismo y la ortodoxia.—Triunfo de ésta y de la raza latina que impone su civilización a los invasores. S. Leandro: su homilía en el tercer concilio toledano.—Crónica del Biclarense.—Influencias bizantinas.
LECCIÓN 10
Unidad de la civilización española labrada por el tercer concilio de Toledo.—Los doctores hispano-latinos recogen y armonizan los vestigios de la ciencia antigua. Escuelas de Sevilla, Toledo y Zaragoza.—S. Isidoro: Indole erudita, enciclopédica y compendiaria de su doctrina.—Obras de S. Isidoro como teólogo y escriturario, moralista, escritor de ciencias naturales, gramático, poeta, historiador, etc.—Forma dramática de su libro de Synonimiis.—Las Etimologías: su análisis.—Relaciones entre la obra del prelado Hispalense y las de Casiodoro. S. Isidoro institutor de la Edad Media y sobre todo de la gente española.—¿Qué entendemos por tradición isidoriana?—Cómo se conserva y propaga.— Escuelas episcopales y monásticas.—S. Isidoro y las letras clásicas.—S. Isidoro y Alcuino.
LECCIÓN 11
Compañeros y discípulos de S. Isidoro.—S. Braulio de Zaragoza (epístolas, Vita Scti. Emiliani).— Parte que le cupo en la corrección y ordenamiento de las Etimologías.—S. Eugenio de Toledo: sus poesías: color elegíaco de algunas de ellas.—S. Ildefonso: ardorosa elocuencia de su tratado de virginitate.— Modificación de la forma histórica en manos de S. Julián(Historia rebellionis Pauli).— San Julián como escritor dogmático (el Apologético).— Las sentencias de Tajón, primer sistematizador de la ciencia teológica antes de Pedro Lombardo.—Originalidad de S. Valerio en el libro de Saeculi sapientia y en las Visiones.— El mundo sobrenatural en los escritos de S. Valerio.—Leyendas  de Paulo Emeritense.—Influencia de los libros de S. Gregorio el Magno durante todo el periodo visigótico.
Esfuerzos de la raza visigoda para asimilarse la cultura hispano-latina (Sisebuto, Bulgarano, etc.).
LECCIÓN 12
Vestigios de una poesía popular en la época visigoda. Ritos supersticiosos. Cantos de himeneo, trinos, cantos convivales, etcétera.—Resabios de gentilismo.—Juegos públicos.—Pasajes de Sisebuto , S. Valerio, el Fuero Juzgo, etc., que acreditan la persistencia de las representaciones paganas.
Poesía latino eclesiástica dirigida al pueblo.—Orígenes de nuestra liturgia: se uniforma en el cuarto concilio de Toledo.—Himnario latino-visigodo.— Sus fuentes: los himnos ambrosianos, los de S. Hilario, Prudencio... los de iglesias particulares, etc., vienen a acaudalarle.—Himnos generales que pueden atribuirse al siglo VII (In ordinatione regis, De profectione exercitus, De ubertate pluviae, De sterilitate pluviae, Pro nubentibus, etc.)—Significación histórica y moral de estos himnos.—Sus excelencias literarias.—Sus formas rítmicas.—Empleo regular del similiter cadens y del similiter desinens.—Poetas que trabajaron en nuestro himnario, (Máximo, Conancio, S. Isidoro, S. Eugenio, etc.).—Paralelo entre estos himnos y los de Prudencio.
LECCIÓN 13
Siglo VIII.—Invasión mahometana.—Estado del pueblo cristiano.—Persistencia de la tradición latino-eclesiástica, ya entre los muzárabes, ya entre los cristianos independientes.—Cronistas y biógrafos: el Pacense, Cixila.—Escritores dogmáticos y de controversia: herejía adopcionista Félix y Elipando: impugnación de S. Beato de Liébana y Heterio de Osma.—Importancia de la tradición española o isidoriana en el renacimiento carolingio.— Teodulfo de Orleans. Análisis de sus poesías.

 LECCIÓN 14
Siglo IX.—Cultura literaria de los muzárabes cordobeses.— Estado de la población cristiana.—Breve tolerancia de los muslimes.—Conflicto religioso en tiempos de Abderrahmán II y de Mohamed.—Persecuciones, martirios y flaquezas.—Escuela del abad Spera in Deo.—S. Eulogio: carácter de su elocuencia.—El Documentum Martyriale: comparación entre este libro y la Exhortación al martirio de Tertuliano.—Condiciones narrativas de S. Eulogio: El Memoriale Sanctorum.— La tradición clásica en manos de S. Eulogio.—Alvaro Cordobés (Indículo luminoso, Epístolas, etcétera).—Méritos de Alvaro como controversista.—Himno de Alvaro en loor de S. Eulogio: otras poesías del mismo.—Fidelidad de Alvaro a la tradición hispano-latina.—Formas rítmicas de sus composiciones.—Herejía de Hostegesis.—Refútala el abad Samsón en suApologético.— Decadencia de los estudios entre los muzárabes: poesías del Archipreste Cipriano.—Efectos del edicto de Hixem I.—Olvido de la lengua latina por una parte del pueblo muzárabe.—Ultimas vicisitudes de la grey cristiana mezclada con los árabes.—La tradición isidoriana en las Galias.—El español Claudio de Turín, maestro palatino.—Sus obras escriturarias, sus homilías.—Esparce el yerro de los iconoclastas.—Refútanle Jonás Aurelianense y Dungalo.—Prudencio Galindo, obispo de Troyes.—Su controversia con Escoto Erigena.—Alto, obispo de Vich, Josef, etc., cultivan las matemáticas.—Educación de Gerberto.
LECCIÓN 15
Continúa el desarrollo de la literatura hispano-latina desde el siglo IX al XII.—La Historia.—Consérvase la tradición del Biclarense, S. Isidoro e Idacio.—Cronicones de la Reconquista.— Visigotismo de la corte de Alfonso el Magno.—SuChronicón.— El Albeldense.—El de Sampiro (siglo X).—El de Pelayo de Oviedo (siglo XII).—Falsificaciones de Pelayo.—El Silense: va perdiendo algo de su aridez la forma de cronicón.— Aficiones clásicas del Silense. Carácter más literario de las crónicas posteriores  a la Conquista de Toledo.—Gesta Roderici Campidocti.—Historia Compostellana: fin a que responde: influencia ultra-pirenaica.— Aliño retórico: falta de conciencia histórica.—Crónica de Alfonso VII.—Vidas de Santos: de Sto. Domingo de Silos por Grimaldo, de Sta. Eulalia, de S. Rosendo, de S. Froilán, etc.
Poesía latina durante este largo período.—Auméntanse los himnos locales.—Salvo, Grimaldo, Filipo Oscense.—Himnos anónimos.—Hácese más frecuente el uso de la rima imperfecta y de los versos leoninos.—Inscripciones y epitafios.—Cantos históricos (de Ramón Borrell III, de Ramón Berenguer IV, del Campeador.—Poema de Almería).—Espíritu nacional de estos cantos a través de su forma erudita.—Versos satíricos y de burlas: el clérigo Adán.—Indicios de influencia francesa en estas y otras composiciones.—Poema de la Música de Oliva, monje de Ripoll.— Poesía filosófica: Pedro compostelano (De consolatione rationis) imita a Boecio y a S. Isidoro, de Synonimis. —Introducción del apólogo oriental: Disciplina Clericalis de Per Alfonso.
Consideraciones generales sobre la cultura española en el primer siglo de la Edad Media.—Aparición de las lenguas vulgares.
LECCIÓN 16
Influencias semíticas. a) Influencia arábiga.— Carácter de la poesía árabe anteislámica.—Literatura post-islámica.—Influencias persas y sirias.—Poesía cortesana, ligera y sutil: versos de circunstancias.—Los árabes en España.—Esplendor del Kalifato cordobés.—Protección concedida a las letras, especialmente por Alhakem II.—Manera artística y convencional de la poesía de los árabes andaluces.—Ausencia del género dramático.—Asuntos líricos: poesía erótica poesía báquica: analogía de estos géneros con las odas anacreónticas y con las de Afiz.—Poesía elegíaca. Asuntos históricos contemporáneos.—Insignificancia del género religioso entre los árabes andaluces.—Analogías y diferencias entre la poesía cortesana de los árabes y la de los provenzales.—Escasez de personalismo en la poesía andaluza.—Protección otorgada a las letras en las cortes de Al-Motamid de Sevilla y Almotacín de Almería.—Decadencia de la poesía en el reino granadino.—Indicaciones sobre la métrica arábiga. —Géneros de  índole más popular nacidos en España: elzadsjal, la muvaschaja. Probable influjo muzárabe (Ben Guzmán, Margari, etc.)—Vestigios de poesía épica y popular entre los árabes.—¿Influyeron o no en la poesía de los pueblos cristianos?—Nulidad de relaciones literarias entre los árabes y los cristianos independientes antes de 1085.—Incomunicación de los muzárabes y los reconquistadores.—Insignificancia del influjo arábigo (y éste más en la música que en la poesía) aún después de la conquista de Toledo.—Poema de José: elegía del moro de Valencia transcrita en la Crónica general: versos del Archipreste de Hita para cantadoras moriscas: cuentos de D. Juan Manuel, Garci Fernández de Jerena, Jorge Manrique (?)—Supuesta procedencia arábiga de algunos géneros de nuestra poesía.
LECCIÓN 17
Influencias semíticas. a) Influencia arábiga.— La Historia entre los musulmanes.—Comienza por tradiciones orales y poéticas.—Crónicas en verso.—Historiadores en prosa (Ahmed Arrazy el attariji, Ben Al kotiya, etc.).—Fecundidad de la historia arábiga hasta Ben Aghatib.—Defectos comunes de estos historiadores.—Son conocidos por los cristianos.—Quilátase el elemento arábigo en el Arzobispo D. Rodrigo y en la Estoria d'Espanna.— Traducción parcial del Arrazi con el título de Crónica del moro Rasis, en tiempo de Fernando IV.
Los árabes como transmisores del apólogo y del cuento oriental.—Son imitados por los cristianos así en la literatura latino eclesiástica como en las vulgares (Disciplina Clericalis, Calila e Dinna, etc., etc.).
Del género didáctico entre los árabes.—Sirven de intermediarios entre la ciencia griega interpretada por los sirios y la latina. En España ha de admitirse además el influjo de los muzárabes conservadores de la tradición isidoriana.—La Filosofía arábiga: sus fuentes: misticismo alejandrino: método peripatético.—Conflicto entre la filosofía griega y el dogma muslímico.—Los Motecallemia.— Noticia de los principales filósofos arábigo-hispanos (Avempace, Thofail, Averroes).—Doctrina didáctico-simbólica o novelesca del Autodidacto de Thofail.—Introducción de la  ciencia muslímica en las escuelas cristianas desde fines del siglo XII. En qué fué útil, en qué dañosa.—Parte que corresponde a España en el desarrollo del averroísmo, etc.
LECCIÓN 18
Influencias semíticas. b) Los judíos.— Ligera indicación de sus vicisitudes en España hasta el siglo XII: Rabí Moseh y Rabí Hansc trasladan en 948 las academias de Mehasiah y Pombeditah a Córdoba.—Cultura científica y artística de los judíos.—Influyen en la civilización árabe del Califato y son influidos por ella. Uso de la lengua árabe por los hebreos.
Filosofía judaico-hispana.—Avicebrón (Ben Gabirol): su emanatismo: análisis de la Fuente de la Vida: enlace de su doctrina con la de los gnósticos y neo-platónicos alejandrinos.—Peripatetismo judaico: Maimónides: El Guía de los que dudan: susaudaces tendencias exegéticas.—Controversias a que da origen en las sinagogas de Provenza.—Filosofía ortodoxa Jehudah Leví: el Cuzary.— La Cábala: sus orígenes: es sistematizada y reducida a cuerpo de doctrina por Moisés de León en el Zohar (siglo XIII).
Grandeza y sublimidad de la lírica religiosa de los hebreos españoles (Avicebrón, Jehudá Leví, Isaac ben Rubén, etc.).— Carácter y muestras de este género de poesía (La Corona Real, etcétera).
Infiltración de la cultura semítica en el pueblo castellano después de la conquista de Toledo.—Traslación de las academias hebreas de Sevilla y Lucena a Toledo bajo la protección de Alfonso VII.—Colegio de traductores protegido por el arzobispo Don Raimundo.—Domingo Gundisalvo y el converso Juan Hispalense interpretan las obras de Avicebrón, Avicena, Alfarabi, etcétera.—Gundisalvo propaga el emanatismo en su tratado de processione mundi.— Es difundida en Francia esta doctrina por el español Mauricio.—¿A qué términos puede reducirse la influencia rabínica en la cultura española? [1] La forma didáctico-simbólico (Jehudá Leví, Pedro Alfonso, etc.).—Los hebreos y las obras científicas del Rey Sabio.
 LECCIÓN 19
Orígenes y formación de las lenguas romanas de la península ibérica.—Lengua romana-rústica: sus caracteres: en las palabras: en las construcciones.—Variedades locales de esta lengua.—Palabras ibéricas mencionadas por Quintiliano, Plinio el Mayor y San Isidoro.—Solecismos y olvido de los casos de la declinación en inscripciones de la época romana.—Elemento griego.—Elemento germánico.—Elemento semítico.—Documentos de los siglos VIII y IX en que puede estudiarse la corrupción del latín por lo que hace a nuestra península (inscripción de Sta. Cruz de Cangas: privilegios de Sta. María de Covadonga: escritura de fundación del monasterio de Obona por Adelgastro: carta de Elipando a Félix: actas de Cornelio de Córdoba contra los Acéfalos).—Palabras y formas romances esparcidas en los Cronicones.Separación y deslinde de las tres lenguas neolatinas de la península ibérica.— Romance catalán: circunstancias históricas que presiden a su formación y determinan sus caracteres.—En qué se distingue de las otras ramas de la lengua de OC,especialmente del provenzal.—Primeros monumentos escritos en lengua catalana.—Sus variedades dialectales.—Romance castellano o de la España Central.—Sus primeros monumentos.—Falsedad del Fuero de Avilés.— Variedades dialectales del castellano: bable, su carácter arcaico: leonés (poema de Alejandro), navarro, aragonés. Monumentos escritos del habla aragonesa (diversas escrituras, traducción de la crónica de S. Juan de la Peña, traducciones de Plutarco, Eutropio, etc.)—Romance galaico-portugués. Sus primeros documentos.
LECCIÓN 20
Las lenguas romances internamente consideradas.—Transformación del latín. a) Fonética. — Vocales acentuadas.—Diptongos.—Irregularidad y anarquía en el uso de las vocales átonas.— Hiato.—Consonantes: reglas de sus cambios y sustituciones.— Observaciones sobre la gutural castellana.—Idem sobre la nasal portuguesa.—Sonidos compuestos.
b) Flexión.— Pérdida casi absoluta de los casos de la declinación—Vestigios en el patronímico.—El artículo: su derivación pronominal.—Singularidades del artículo portugués.—Comparativos y superlativos.—Pronombres. Pobreza de formas de flexión en el verbo.—Pérdida de la voz pasiva sustituída por el auxiliar. Introducción de tres auxiliares de la lengua romana-rústica (estare, habere, tenere).— Empleo de unos tiempos y modos por otros.—Formas de conjugación articuladas.
c) Formación de palabras.— Derivación: sufijos.—Tendencia analítica de las lenguas modernas. —Composición.—Prefijos.— Uso de las partículas.
d) Sintaxis.— Principales diferencias entre la construcción clásica y la de las lenguas neolatinas.—Soltura y flexibilidad que algunas de estas adquirieron después del Renacimiento.
Caracteres generales del romance castellano.—Pureza relativa de las raíces.—Terminaciones llanas.
LECCIÓN 21
Formas artísticas del lenguaje.—Orígenes del metro y de la rima.—Elementos de la prosodia clásica unidad de tiempos: cantidad.—Poesía rítmica y popular de los antiguos.—Movimiento yámbico: movimiento trocaico. Thesis, ictus o acento fuerte.— Pervigilium veneris, versos de Adriano y Floro, canto de los soldados de Aureliano, himno contra los donatistas, etc.—Rimas perfectas e imperfectas en los fragmentos de Ennio y otros antiguos poetas latinos.—Uso del similiter cadens y del similiter desines aún por los poetas de la era de Augusto.—Hácense más frecuentes estas exornaciones en los tiempos de decadencia.— Llegan a constituir sistema regular y constante en nuestro Himnario y aun en los escritos en prosa (obras de S. Valerio, poesías de S. Eugenio, etc.) Series ritmoides y rimadas (Isidoro Pacense). Ritmo vago y tendencias monorrimas en las crónicas, tratados didácticos y documentos diplomáticos.—Olvido de la cuantidad prosódica.—Notable pasaje de Alvaro Cordobés sobre este punto. Versos leoninos usados a lo menos desde el siglo VI.—Formas artísticas de los primeros monumentos del habla vulgar.—Series monorrimas de los cantares de gesta: su origen probable.—¿Ha  de admitirse importación francesa?—Series regulares de versos de 16 sílabas: su hemistiquio (el romance). Tetrástrofos monorrimos alejandrinos.—Pareados de nueve sílabas: su origen francés o provenzal.—Riqueza métrica de la escuela de los trovadores: su influjo en la galaico-portuguesa.—Metros líricos de las Cántigas.—El endecasílabo.—D. Juan Manuel y el Arcipreste de Hita. Metros líricos usados por el Arcipreste.—Escuela trovadoresca del siglo XV.—Influencia italiana: Micer Francisco Imperial.—Sonetos del Marqués de Santillana.—Imitación clásica en la poesía catalana: Versos sueltos de Juan Ruiz de Corella y de Ausias March.
LECCIÓN 22
Primeros monumentos de la poesía castellana—Poesía heroico popular.—Ciclo épico del Campeador.—Poema de Mío Cid.— La época.—Sus formas artísticas. Argumento, caracteres y situaciones. Significación histórica y nacional del poema.—ElMío Cid y los héroes de la epopeya francesa.—El Cid del poema y el de la Gesta latina.—Discútese el influjo de la epopeya francesa en la castellana.—Como protesta contra las ideas y usos galicanos, aunque influida por ellos, surge La leyenda de las mocedades de Rodrigo, vulgarmente Crónica Rimada.— Estado de confusión y desorden en que ha llegado a nosotros: materiales extraños que se le agregaron.—Razones que inducen a suponerla posterior al Poema del Cid.—Decadencia moral y literaria que arguye.
Vestigios de otros ciclos épicos.—Bernardo del Carpio.—Referencias de la Crónica General.— Cómo se forma y desarrolla en la fantasía popular el personaje de Bernardo.—Fernán González.— Los infantes de Lara.
Caracteres de la caballería española y de la epopeya castellana.—Ausencia de lo maravilloso y de la galantería.—Popularidad del ciclo carolingio en España.
LECCIÓN 23
Poesía narrativa de carácter religioso.— Libro de los Reys d'Orient.—Vida de Madona Sta. María Egipciaca. Origen francés de estos poemas.—Provenzalismos de que adolecen.
 Poesía lírica.—Falta de todo monumento en lengua castellana.—Indicaciones y nombres de juglares, trovadores y poetas en escrituras, crónicas, etc.—La poesía provenzal en Castilla.—Versos castellanos de Rambaldo de Vaqueiras.—Trovadores que visitaron la Corte de Castilla en los reinados de Alfonso VII el Emperador y de Alfonso VIII.—Cantos de cruzada de Marcabrú y Gavaudán, etc.
Poesía dramática—Sus orígenes.—Restos de las representaciones paganas en la época visigoda.—Representaciones litúrgicas .—Misterio de los Reyes Magos.— Análisis de esta obra.—Formas rítmicas.—Lenguaje.
LECCIÓN 24
Siglo XIII.—Segundo período de la Edad Media castellana.— Poesía erudita narrativa (Mester de clerecía).— La forma rítmica: el tetrástrofo monorrimo de 14 sílabas. Fuentes de estos poemas latino-eclesiásticas, francesas y orientales.—Asuntos religiosos: Gonzalo de Berceo.— Fuentes de sus vidas de santos: comparación de la de S. Millán con la que escribió S. Braulio, de la de Santo Domingo de Silos, con la compuesta por Grimaldo, del Martiryo de San Lorenzo, con el himno prudenciano, etc.—Episodio de los votos de S. Millán.— Milagros de Nuestra Señora: comparación con los de Gautier de Coincy.—La poesía alegórica en Berceo: introducción de los Milagros.— Berceo como lírico (Duelo de la Virgen). Berceo como didáctico: (El Sacrificio de la Misa).— Condiciones artísticas de Berceo.—Su estilo y lengua.
Asuntos clásicos.—Libro de Apolonio.— Vicisitudes de esta leyenda noticia de los textos más notables.—Carácter de Tarsiana en el Apolonio.— La leyenda de Apolonio en el Patrañuelo de Timo nada.—Libro de Alexandre.— Particularidades de la lengua usada en el poema.—Análisis.—Fuentes.—Desarrollo de la leyenda de Alejandro desde el Pseudo Calístenes y Quinto Curcio.— Alexandreís de Gualtero de Chatillon, Líber de proeliis, epítome de Julio Valerio, Li Romans de Alixandre de Lambert li Tors.—Otros textos secundarios.—Episodio troyano: sus fuentes.—Guido de Columna, el Pseudo-Píndaro Tebano.—La tradición clásica en el poema de Alejandro.
 LECCIÓN 25
Mester de Clerecía.— Asuntos históricos nacionales. Poema de Fernán González, compuesto por un monje de Arlanza.—Relaciones entre el Fernán y el Alexandre.— Idem entre el Fernán y la Estoria d'Espanna.— Resabios de poesía popular conservados por el Fernán . Asuntos orientales: Poema de Jusuf, aljamiado, compuesto por un mudéjar.—La tradición coránica de José.
Poesía lírica castellana (Velat, aljama, etc., de Berceo).—Poesía didáctica Disputación entre el alma y el cuerpo.— Poesía dramática: juegos de escarnio: representaciones satíricas de los albigenses de León.
LECCIÓN 26
Cultivo literario de la prosa.—Notable desarrollo científico el siglo XIII..—Fundación de escuelas generales y universidades. La Historia en lengua vulgar.— Anales toledanos primeros y segundos, etc.—Obras latinas que influyen en el desarrollo de la forma histórica: el Tudense: el Arzobispo D. Rodrigo.— Estoria de los godos.—¿ El Arzobispo D. Rodrigo tradujo, o no, sus historias? —Pensamiento unitario y nacional que domina en los trabalos del Arzobispo.—Sus tendencias clásicas. Protección otorgada a la lengua vulgar por S. Fernando. Fuero Juzgo romanzado. —Proyectos de unidad legislativa.—Género didáctico: compilaciones morales (Libro de los doce Sabios, Flores de Filosofía, etc.)
LECCIÓN 27
Alfonso X el Sabio.—Sus múltiples esfuerzos en pro de la cultura.—Alfonso X cultivador de la poesía lírica en lengua galaico-portuguesa.—Orígenes literarios de esta lengua.—Son apócrifos o dudosos sus primeros monumentos.—Influencia provenzal.—Las Cantigas del Rey Sabio.—Parte narrativa: orígenes de las leyendas.—Parte lírica.—Formas rítmicas.—El Sentimiento religioso de las Cantigas.— La devoción a la Virgen en la poesía castellana.—Importancia del dialecto galaico como lengua palaciana y trovadoresca.
 Protege el Rey Sabio a los últimos trovadores provenzales (Nat de Mons, Bonifacio Calvo, Giraldo Riquier, etc.).—Reqüesta de Riquier sobre el nombre de juglar y respuesta de Alfonso X.
Supuestas poesías castellanas del Rey Sabio (El Tesoro, Las Querellas).
El apólogo oriental.—Traducción de Calila e Dinna. Traducción del Sendebar por orden del Infante D. Fadrique.—Peregrinaciones de estas fábulas.
LECCIÓN 28
Obras históricas del Rey Sabio.— Estoria d'Espanna. Sus fuentes: el Tudense y el Toledano: los cantares de gesta.—Las crónicas árabes, etc., etc.—La tradición clásica en la Crónica general.— La Grande et general Estoria: materiales de esta compilación.
Obras legislativas del Rey Sabio: Espéculo: Fuero Real.—Las Partidas literariamente consideradas.—Sus fuentes.—Su carácter especulativo y didáctico.—Méritos de la prosa de las Partidas.— Otras obras legales del reinado de D. Alfonso: Ordena miento de las Tafurerías de Maestre Roldán: Flores de las leyes de Maestre Jacobo.
Obras didácticas.—El Septenario.—Relación entre el Septenario y el Tesoro de Brunetto Latino.—Compilaciones morales cuya traducción o arreglo se atribuye al Rey Sabio: Bonium o Bocados de oro.—Poridat de Poridades (De secretis secretorum), Libro de los fechos et de los castigos de los philosophos.
Libros de astronomía.—Noticia de los principales colabora dores del Rey Sabio.—Protección que otorga éste a los rabinos españoles—Otras obras científicas: Lapidarios de Rabí Jehudá, Mosca, etc.
Obras varias y de recreación: Libro de los dados et tablas, etc.
Observaciones generales sobre los estudios y obras del Rey Sabio.
LECCIÓN 29
La literatura en las regiones orientales de la Península hasta fines del siglo XIII.—Influencia de la lengua y literatura provenzal.  —Trovadores extranjeros que visitaron la corte aragonesa.— Poesías políticas en loor y en vituperio de Alfonso II, Pedro II, Jaime I y Pedro III.—Trovadores catalanes en lengua provenzal: Alfonso II, Giraldo de Cabrera.—Guillem de Bergadá: licencia y ferocidad de sus serventesios.—Hugo de Mataplana.— Ramón Vidal de Besalú: su autoridad como gramático: sus poesías narrativas.—Arnaldo, el catalán.—Guillermo de Cervera.—Serverí de Gerona: forma didáctico-simbólica de sus poesías.—Pedro III, el de los franceses.— Arnaneo des Escás.—D. Fadrique de Sicilia y Pons Hugo de Ampurias.—Trovadores roselloneses: Berenguer de Palasol, Guillém de Cabestany.—Escasos monumentos poéticos en lengua catalana (Planctus Stae Mariae Virginis, Epístola farcita, Poesías a Nuestra Señora, etc.).
La prosa catalana: su cultivo en tiempo de D. Jaime. Obras atribuidas a este monarca: Libro de la Saviesa: Crónica.—Crónica de Desclot.—Escritos heréticos de Arnaldo de Vilanova.
LECCIÓN 30
La filosofía en lengua vulgar.—Ramón Lull.—Su vida. Sus obras.—Exposición de su sistema filosófico.—Indole popular y armónica de la doctrina luliana.—Sus vicisitudes.—Sus errores: controversias entre lulianos y tomistas: Fr. Nicolás Eymerich.— El simbolismo y la alegoría en las obras lulianas.— Arbor Scientiae.— Apólogos del Arbor exemplificalis.— Lulio como novelista (Libro del orden de la caballería, Blanquerna).— Utopía cristiana y filosófica del Blanquerna.— El poema deRenart en el Libro Felix.— Lulio, poeta lírico y didáctico (Plant de nostra Dona Sta. María, Els cení noms de Deu, Horas de Sta. María, etc.).—Análisis del Desconort.— Otras composiciones.—Poesías apócrifas de Lull.
LECCIÓN 31
La literatura en Castilla bajo los sucesores de Alfonso X.— Obras de D. Sancho el Bravo o por él protegidas: Traducciones del Libro del Tesoro, de B. Latino, de la Gran Conquista de Ultramar y del Elucidario.— Fuentes de la Gran Conquista: aparición de la novela caballeresca en nuestro suelo.—Los Castigos et documentos  del Rey D. Sancho.—Otras muestras del género didáctico.—Elocuencia sagrada S. Pedro Pascual, obispo de Jaén, Fr. Jacobo de Benavente.—Decadencia del mester de clerecía poemas del Beneficiado de Ubeda.—Historiadores: Jofre de Loaysa, etc.
LECCIÓN 32
El Arcipreste de Hita.—Análisis de su miscelánea poema.— Personalidad artística del Arcipreste.—Sus modelos (colecciones esópicas, apólogos orientales, comedia de Pamphilo, fabliaux de la Francia del Norte, pastorelas de los trovadores del Mediodía, cantos goliardescos, etc.).—En qué estriba la originalidad del Arcipreste.—Pintura de costumbres.—Sátira.—El Arcipreste de Hita precursor de Fernando de Rojas y padre de la novela picaresca.—La poesía lírica en el Arcipreste.
LECCIÓN 33
D. Juan Manuel.—Sus obras.—Análisis de las que quedan.— Imita a Ramón Lull en. el Libro de los Estados y en el del caballero et del escudero, a Pedro Alfonso en el Libro de Patronio.— Semejanza entre el dato fundamental del Libro de los Estados y el del Autodictado de Thofail.—Originalidad de D. Juan Manuel.—Estudio de sus apólogos: fuentes.—Noticia de otras obras suyas: Libro infinido, Libro de la caza, etc.—Otras muestras del género didáctico simbólico: Libro de los ejemplos, Libro de los gatos, Espejo de Legos, etc.—Tendencia satírica del libro de los gatos.— Tendencia moralizadora de D. Juan Manuel.
LECCIÓN 34
Movimiento literario de los reinados de Alfonso XI y de Don Pedro.— Libro de Montería, de Alfonso XI.—Traducciones:Regimiento de Príncipes, de Egidio Romano: Román de Troie, de Benoit de St.More.—Orígenes de la leyenda de Troya.—Su importancia en las literaturas de la Edad Media y en el desarrollo del arte caballeresco.—Obras históricas: las Tres Crónicas, Crónica Abreviada, etc.— Crónica general de Castilla y Crónica del Cid.— Poesía:  asuntos históricos: Crónica rimada de Alfonso XI, por Rodrigo Jannes.—Género didáctico.— Consejos et documentos del Rabí Don Sem Tob: Doctrina Christiana, de Pedro de Veragüe.—Otros ensayos poéticos: indicios dramáticos (Cantares escénicos, plautinos e terencianosde D. Pedro González de Mendoza, etc.).
LECCIÓN 35
La ficción caballeresca en la literatura española.—Origen extranjero de estas narraciones: ciclo bretón: ciclo carolingio.— El segundo tarda en ser conocido en Castilla: razones que se oponían a su desarrollo.—Elementos caballerescos en laEstoria d'Espanna, en la Crónica de Ultramar, etc.—Alusiones de Giraldo de Cabrera, el Arcipreste de Hita, etc.—Las guerras civiles del reinado de D. Pedro contribuyen a propagar las narraciones bretonas y francesas.—Primeras muestras del género: cuentos del emperador Ottas, de la reina de Sevilla, de la emperatriz de Roma, etcétera.—Alusiones de Ayala, Pedro Ferrán, Villasandino, etc., a los poemas bretones. El arte español modifica el género y crea un monumento original en el Amadís de Gaula.— Controversia sobre su origen portugués o castellano: razones en pro del Amadís castellano.—Análisis del Amadís.—En qué se separa y distingue de las novelas del ciclo bretón.—Ideal caballeresco y exótico del autor del Amadís.—Orígenes de este libro.—Sus ulteriores desarrollos.
LECCIÓN 36
Pero López de Ayala.—Su vida.—Ayala poeta didáctico: El Rimado de Palacio.— La sátira en Ayala.—Ayala poeta lírico.— Estudios eruditos y traducciones de Pero López (Tito Livio, San Isidoro, Boecio, etc.).—Ayala como historiador: susCrónicas: tendencias clásicas de Ayala.—Otras obras suyas: Libro de las aves de caza, Libro de su linaje, etc.
Poetas didáctico-satíricos contemporáneos de Ayala. Danza de la muerte.— Orígenes y anterior desarrollo de la Danza Macabra. Sus diversas formas en España.— Visión del ermitaño.
 LECCIÓN 37
Literatura catalana.—Crónicas del siglo XIV.—Ramón Muntaner.—D. Pedro IV el Ceremonioso, etc.—Género didáctico: sentencias morales del rabino Jahudá Ben Astruch.—El Christiá de Eximenis: otras obras suyas (el libro de las donas, etc.).—Género didáctico-simbólico con tendencias satíricas: el Asno, de Fr. Anselmo de Turmeda imitado por Maquiavelo.—Poetas catalanes: Sermó de Muntaner, Versos del Infante D. Pedro el Ceremonioso, etc.— Narraciones y cuentos: Historia del Rey de Hungría, Historia del Caballero Tutglat, etc.—La ficción caballeresca en Cataluña.— Género dramático: representaciones litúrgicas en la Catedral de Gerona.— Mascarón.
Literatura galaico-portuguesa.—Escuela provenzal.—Trovadores pre-dionisios: Cancionero de Ajuda.—Trovadores del tiempo de D. Alfonso III.—El Rey D. Diniz: Cancionero de la Vaticana. Los bastardos de D. Diniz: El Conde de Barcellos, Alfonso Sánchez.—Caracteres generales de la poesía de los trovadores portugueses: su influencia en Castilla.—Trovadores castellanos que escribieron en gallego.
LECCIÓN 38
Trovadores castellanos en los reinados de Enrique II, Juan I y Enrique III.—Pero Ferrús.—Alfonso Alvarez de Villasandino. Garci Fernández de Jerena.—Introducción de la alegoría dantesca por Micer Francisco Imperial.—Su Desyr de las Siete Virtudes. Imitadores de Micer Imperial (Payo de Ribera, los Medinas, Ferrán Manuel de Lando, Fernán Sánchez Talavera, etc.).—Principales géneros cultivados por los trovadores castellanos.—Formas rítmicas.
Prosistas: compilaciones históricas de D. Juan Fernández de Heredia: traducciones hechas por orden suya (El Libro de Marco Polo, etc.).— Sumario de los Reyes de España.— Crónica de Juan de Alfaro.—Itinerario de Ruy González de Clavijo.—Influjo de la novela caballeresca Crónica Sarracina de Pedro del Corral.— Didácticos: Libro de las consolaciones de la vidahumana, del antipapa Luna.
LECCIÓN 39
Siglo XV.—Reinado de D. Juan II.—Albores del Renacimiento.—Influencia italiana.—Españoles que asistieron a los concilios de Constanza y Basilea.—D. Alonso de Cartagena. Sus traducciones y las de D. Enrique de Villena, Juan de Mena, etc.—Carácter erudito y cortesano de la poesía de la época: resabios pedantescos: tendencia docente: abuso de la alegoría: falsedad en los sentimientos.—Excepciones.—Riqueza métrica.—Adelantos de la lengua: el latinismo: sus excesos.—Reseña de los principales trovadores de la corte de D. Juan II.—Escuelas provenzal y alegórica.— Ultimos poetas del Cancionero de Baena: Macías, Juan Rodríguez del Padrón. —Abandono del gallego como lengua literaria.—Fernán Pérez de Guzmán: índole grave y didáctica de sus últimas poesías (Loores de los claros varones de España, Vicios y Virtudes, etc.).—Semejanzas literarias entre Fernán Pérez y el Canciller Ayala.
LECCIÓN 40
Principales poetas de la corte de D. Juan el II.—Don Iñigo López de Mendoza.—Variedad de sus estudios y aficiones.—Sus poesías didácticas (Proverbios, Blas contra fortuna, Doctrinal de Privados).— D. Iñigo como imitador de la poesía italiana(Comedieta de Ponza, Sonetos). — Poesías eróticas del Marqués: las serranillas, imitación del Arcipreste de Hita.—Doctrina crítica del Marqués expuesta en su carta al Condestable de Portugal. Esfuerzos de Santillana en pro de la cultura.—Su Biblioteca.— Traducciones hechas por su mandado.
Juan de Mena, principal imitador de la alegoría dantesca.— El Labyrintho.— Análisis del poema y noticia de sus principales episodios.—Méritos de Juan de Mena.—Otras obras suyas: La Coronación, los Siete pecados mortales, etc.
Poetas erudito-vulgares de la corte de D. Juan II.—Versos de burlas.—Sátira política.—Juan Alfonso de Baena, Antón de Montoro, el Tañedor, Juan Poeta, Pedro de la Caltraviesa. —Profanaciones de textos sagrados en la poesía erótica (Juan de Dueñas,  Suero de Ribera, Mossén Diego de Valera, etc.).—Indicación de algunos géneros subalternos cultivados por los trovadores.—Estudio bibliográfico de los principales Cancioneros.
LECCIÓN 41
Prosistas de la Corte de D. Juan II.— Elocuencia sagrada: San Vicente Ferrer Oracional de D. Alonso de Cartagena: Espejo del alma, de Fr. Lope Fernández, Confesional, del Tostado, Estímalo del amor divino, etc.—Relación entre estos libros piadosos y los del siglo XVI. —Elocuencia profana declamatoria Lamentación d'España, del Marqués de Santillana.—Oración de D. Alonso de Cartagena en el concilio de Basilea.
Moralistas: Trabajos de Hércules y otros libros de D. Enrique de Villena.— Libro de las virtuosas y claras mujeres, de D. Alvaro de Luna.— Triunfo de las Donas y Cadira del Honor, de Juan Rodríguez de Padrón.— Corbacho, del Arcipreste de Talavera.— Tendencias satíricas del Arcipreste: sus pinturas de costumbres: sus relaciones con Juan Ruiz y el autor de laCelestina. Escritos castellanos del Tostado (Amor e amicicia, Paradoxas, etc.).— Vita Beata, de Juan de Lucena.—Visióndelectable, de Alfonso de la Torre.—Formas alegóricas: forma epistolar: demuéstrase ser apócrifo el Centón del Bachiller Cibdad-Real.
Novela sentimental y alegórica con elementos caballerescos.— El Siervo libre de amor, de Juan Rodríguez del Padrón.—Libros de caballerías: Cifar, etc.—La Historia.—Crónicas generales (sumas, atalayas y mares de historias). Crónicas en lengua latina (Anacephalosis, de Cartagena, Historia Hispánica, de D. Rodrigo Sánchez de Arévalo.—Progresos de la forma clásica.—Crónicas Reales: la de D. Juan II: sus autores.—Crónicas particulares: de D. Alvaro de Luna: de D. Pedro Niño. Elementos novelescos ingeridos en el Victorial, de Gutiérrez Díez de Gámez.—Relaciones de sucesos particulares: Seguro de Tordesillas: Paso Honroso. Relaciones de viajes (Pero Tafur, etc.).Galerías biográficas: Generaciones y semblanzas de Fernán Pérez (fragmento de su Mar de Historias).
 LECCIÓN 42
Literatura catalana.—Tentativa erudita de restauración de la poesía provenzal por el Consistorio de Tolosa. D. Juan I , el amador de toda gentileza, funda en 1391 el Consistorio de Barcelona. —Artes poéticas.—Principales trovadores en lengua catalana (Jaume March, el Vizconde de Rocaberti, Pere March el Viejo, Lorenzo Mallol, Armán March, Vallmanya, Ferrer, Joganot, etcétera).—Influencia italiana: Dalmau de Rocaberti (su comedia dantesca de la Gloria de amor), Mossén Andrea Febrer (traducción de Dante); imitaciones petrarquescas de Mossén Jordi de S. Jordi. Ausías March (Cantos de amor, cantos espirituales, cantos de muerte).— Paralelo entre Ausías y el Petrarca.—Ideal erótico de Ausías.—Ausías y el Renacimiento.—Progresos de la forma clásica en manos de Ausías- sus endecasílabos sueltos.—Tendencias satíricas y ligeras de la poesía valenciana.—Nuevas formas rítmicas (noves rimades, codolada).—Llibre de les dones, de Jaume Roig. Su importancia para la historia de la novela picaresca.—Jaime Roig y Cristóbal de Castillejo. —Influencia clásica en la poesía catalana: Juan Ruiz de Corella.
La novela.— Tirant lo Blanch, de Johanot Martorell. Curial y Güelfa.— Traducciones de la Fiameta y de la Griselda (esta última por Bernat Metge).
Escritos didácticos: Sueño, de Bernat Metge sobre la inmortalidad del alma, etc.
La Historia: Pere Tomic, Gabriel Turell, etc.
LECCIÓN 43
La corte literaria de Alfonso V en Nápoles.—Predominio de los estudios clásicos.—Protección a sabios italianos (el Panormita, Lorenzo Valla, etc.).—Primeros humanistas y poetas latino hispanos: Fernando de Valencia, Fernando de Córdoba, Juan Llobet, Jaime y Jerónimo Pau, etc.—Panegírico de S. Agustín, de Jerónimo Pau.—Poetas castellanos de la corte de Alfonso V.— Cancionero de Lope de Stúñiga.— Carvajal: sus serranas y romances.— Juan de Tapia y Juan de Andújar, Diego del Castillo, etc.—  Poetas aragoneses y catalanes que escriben en lengua castellana.—Apreciación general de este movimiento literario.
Las letras en Navarra.—El Príncipe de Viana: su traducción de Aristóteles: su Crónica: sus tentativas oratorias.
LECCIÓN 44
Decadencia literaria y moral en tiempos de Enrique IV.— Excepciones: los dos Manriques.—Otros poetas: Pero Guillén de Segovia, Juan Alvarez Gato, etc.—La sátira política: Coplas de Provincial, Coplas de Mingo Revulgo, etc.
La historia: crónica de Diego Enríquez del Castillo: décadas latinas de Alonso de Palencia influjo de Alonso de Palencia como humanista.—Crónica del Condestable Miguel Lucas de Iranzo.— Ficciones alegórico-novelescas de Alonso de Palencia (Batalla de los lobos e perros, Perfección del triunfo militar).— Místicos: D.ª Teresa de Cartagena (Arboleda de enfermos).
LECCIÓN 45
Literatura portuguesa.—Influencia castellana.—Trovadores del Cancionero de Resende.— Ciclo poético de la isla de Madera (Tristán. Teixeira, Pero Correa, Manuel de Noronha, etc.) — El Infante D. Pedro: sus relaciones con Juan de Mena: su poema del Contempto del Mundo, El Condestable D. Pedro (Sátyra de felice e infelice vida). — Corte de Alfonso V de Portugal (Alvaro de Brito, Alvar Barreto, los Monises).— Corte de D. Juan II (Luis Henríquez, Nuño, Pereira, Duarte de Brito, Juan Gómez de Abreu, los Silveiras).
Obras didácticas en prosa: El Leal Conselheiro del Rey Don Duarte, el libro de Virtuosa bemfeitoria del Infante D. Pedro, etc.— Crónicas: Fernán López, Rui de Pina, Azurara.—Traducciones.— Apunta la influencia clásica en Portugal: Relaciones con Italia cartas de Angelo Poliziano a D. Juan II.
                                                    
 LECCIÓN 46
Los Reyes Católicos.—Triunfo del Renacimiento en España.— Influencia de los acontecimientos políticos de aquel reinado.—Introducción de la Imprenta.—Doña Isabel como protectora de las letras.—Humanistas de su corte.—Sabios extranjeros venidos a España (Pedro Mártir, Marineo Sículo, etc).—Humanistas españoles: Ambrosio Nicandro, Alonso de Palencia, Antonio de Nebrija, Arias Barbosa.—Trabajos gramaticales de Nebrija: importancia que concede a la lengua vulgar.—Nebrija como historiador.—Nebrija como poeta latino: sus elegías.—Arias Barbosa, patriarca de los helenistas españoles.—La historia con formas clásicas: D. Juan Margarit.—El Cardenal Ximénez: escuela de Alcalá: estudios orientales: Políglota Complutense.—Los estudios clásicos de Alcalá: Demetrio el Cretense, Lorenzo Balbo de Lillo, Diego López de Stúñiga, etc.
Literatura en lengua vulgar: principales poetas: Fray Iñigo López de Mendoza: su Vita Christi.— El cartujano Juan de Padilla (Retablo de la vida de Cristo, Triunfos de los doce apóstoles). —Cancionero Spiritual, de Fray Ambrosio Montesino.—Juan del Enzina: su Cancionero: carácter semi-popular y villanesco de muchas de sus composiciones.— Cancionero de Pedro Manuel de Urrea. Ultimos trovadores del Cancionero General y del de Burlas que pueden referirse a este reinado: Garci Sánchez de Badajoz, Pedro de Cartagena, etc.
Predominio de la lengua castellana.—Poetas valencianos (Gazull, Tallante, etc.).

LECCIÓN 47
Géneros en prosa.—Obras didácticas y morales: Fr. Hernando de Talavera, Mossén Diego de Valera, etc.—Traducciones de clásicos.—Obras históricas: compilaciones generales de Valera y Diego Rodríguez de Almella.—Crónicas de los Reyes Católicos, por Hernando del Pulgar y el Cura de los Palacios.—Biografías: Claros varones, de Pulgar, etc.—Relaciones y apuntamientos:  Galíndez de Carvajal y otros.—Estudios auxiliares de la Historia.—Cronistas catalanes: Pere Miquel Carbonell.
La Novela: arreglos y reproducciones de las historias del ciclo bretón: Baladro del Sabio Merlín: Demanda del Santo Grial,etcétera.—Otros libros de Caballerías: El Infante Adramón. El Caballero Marsindo, Henrique fi de Oliva, etc.—Libro cuarto delAmadís y Sergas de Esplandián, por Garci Ordóñez de Montalvo.—Alteraciones que éste pudo introducir en el Amadísprimitivo . Palmerín de Oliva.
Novela amatoria y sentimental: traducciones de la Fiameta, de Boccacio, y del Eurialo, de Eneas Silvio.— Cárcel de amor,de Diego de St. Pedro.— Arnalte y Lucenda.—Question de amor.— Proceso de cartas. Grisel y Mirabella, etc.
Novela corta: traducción del Decamerone.—Novela de costumbres: género lupanario: la Celestina.— Influencias clásicas e italianas.—Caracteres, estilo y lenguaje de la tragicomedia de Fernando de Rojas.
Novela fantástica: traducción de Apuleyo, por Diego López de Cortegana.—Forma epistolar: cartas de la Reina Católica, de Mossén Diego de Valera, de Hernando del Pulgar, de Gonzalo de Ayora, del Cardenal Cisneros, etc.—Cristóbal Colón.—Oratoria profana.— Razonamientos.
LECCIÓN 48
El Teatro.—Resumen de cuanto se ha apuntado sobre sus orígenes en lecciones anteriores. —Noticias de representaciones litúrgicas.—Idem de representaciones palaciegas. —Juegos y espectáculos de índole dramática.—Estudios clásicos: traducciones de las tragedias de Séneca.—Diálogos esparcidos en los Cancioneros (Moxica, Juan de Dueñas, Juan de Tapia, etc.).— Diálogo entre el amor y un viejo, de Rodrigo de Cota.—Canon del Concilio de Aranda sobre representaciones en los templos. El teatro en Cataluña y Valencia: traducciones de Vilaragut: L'hom enamorat, etc., de Domingo Mascó: Passió en cobles, de Fenollar y Pere Martínez. — Danza de la Muerte, de Carbonell.—El teatro en Aragón:Representación del Misterio de la Natividad, por Mese Just.—El teatro en Castilla: Juan del Enzina; sus églogas y representaciones: progreso artístico que se nota en la de Fileno y Zambardo y en la Farsa de Plácida y Vitoriano.Influjo del teatro italiano.—Lucas Fernández: sus obras profanas: elementos cómicos.—Sus representaciones religiosas, especialmente el Auto de la Passión.—Otros dramáticos del mismo período: Francisco de Madrid, Yanguas, el Bachiller de la Pradilla, etc.—El teatro en Portugal: Gil Vicente.—Clasificación y análisis de sus escritos.—Obras de devoción: Auto de los Reyes Magos, Auto de la Sibila Casandra, etc.—Autos alegóricos: La Barca del Infierno, la Barca de la Gloria, etc.— La Danza de la Muerte, en Gil Vicente.—Espíritu satírico y rebelde de sus Autos.—Comedias de Gil Vicente: Rubena, El Viudo.—Tragicomedias alegóricas. Romería de agraviados, Exhortación a la guerra, etc.—Farsas: Quem tem farelos, Inés Pereira, etc. —Poderoso ingenio de Gil Vicente.—Su significación en la historia del teatro peninsular.
LECCIÓN 49
Poesía popular.—Los Romances.—Su origen probable.— ¿Nacen de los cantares de Gesta?—Materia de los romances: su clasificación.—Populares, juglarescos, semi-artísticos, artísticos de trovadores.—Romances históricos nacionales: noticia de los que pueden ser tenidas por viejos: sus fuentes.—Romances caballerescos sueltos: en Castilla: en Portugal: en Cataluña: paralelo con las poesías populares de otras literaturas.—Romances del ciclo carolingio.—Romances del ciclo bretón.—Romances fronterizos.—Glosas y Romances líricos de trovadores.—En los últimos años del siglo XV comienzan a ser impresos en pliegos sueltos los Romances.—Entran algunos en los Cancioneros.
Poesía lírica popular.—Escasas muestras del género. Composiciones semi-populares, etc.
Formas de la didáctica popular.—Los Refranes.— Sus tendencias morales, satíricas, higiénicas, etc.—Espíritu de la sociedad castellana reflejado en los Refranes. Sus formas satíricas.—Primeras colecciones (el Marqués de Santillana, etc.)
 LECCIÓN 50
Siglo XVI.—Edad de oro.—Continúa y llega a su apogeo el Renacimiento.Carácter que toma en España. Sus principales resultados.—Espíritu crítico.—Pensadores y filósofos (Juan Luis Vives.—Sebastián Fox Morcillo, Juan Ginés de Sepúlveda, Antonio Gouvea, Gómez Pererira, etc.).—Sus condiciones como escritores didácticos. Teólogos latinistas (Fr. Luis de Carvajal, Melchor Cano, etc.). Oraciones pronunciadas en Trento (Gaspar Cardillo, etc.).—Oratoria académica (el P. Perpiñá).—Historiadores en lengua latina (Jerónimo Osorio, Sepúlveda, Cristóbal Calvete, etc.).—Poetas latino-hispanos (La Sigea, Alvar Gómez, Juan de Vergara, Juan Petreyo, Andrés Resende, Fernán Ruiz de Villegas, Arias Montano, Juan de Verzosa, Antonio Serón, Francisco Sánchez, Faltó, etc.).—Filólogos preceptistas y comentadores (los Vergaras, Hernán Núñez, Gélida, Antonio Agustín, Páez de Castro, Pedro Juan Núñez, Matamoros, el Brocense, etc.).— Estudios de erudición y arqueología.—Influencia del Renacimiento en los estudios jurídicos (Gouvea, Antonio Agustín, etc.).— Influencia de la literatura latina del Renacimiento en la vulgar.
LECCIÓN 51
De la poesía en el reinado de Carlos V.—Lírica imitación toscana: mayor cultivo del endecasílabo: géneros nuevos.—Boscán: sus canciones y sonetos petrarquescos: sus estancias a imitación del Bembo.—Boscán imitador de la poesía clásica.—(Hero y Leandro, epístolas horacianas). —Garci-Lasso como bucólico (imitaciones de Virgilio, de Sannázaro, etc.—Garci-Lasso poeta petrarquista.—Garci-Lasso primer lírico horaciano en lenguas vulgares (La Flor del Gnido).     — D. Diego de Mendoza sus poesías petrarquescas.—Originalidad de D. Diego en las epístolas horacianas.—Fábula de Adonis, Hipomenes y Atalanta.— Otras poesías clásicas de D. Diego: Himno al Cardenal Espinosa.— D. Diego cultivador de la poesía trovadoresca soltura y gracia de sus versos cortos.—Sus obras de burlas (imitaciones del Berni y del Dolce).—Gutiérre de Cetina: Pureza y dulzura de sus versos  eróticos.—D. Luis de Haro, primer traductor castellano de Anacreonte.—Hernando de Acuña, traductor de Ovidio, del Boyardo, etc.—Acuña poeta de sociedad.— Otros seguidores de la escuela de Garci-Lasso: D. Hierónimo de Urrea, etc.
LECCIÓN 52
Contradictores de la escuela de Garci-Lasso.—Cristóbal de Castillejo: sus sátiras (Sermón de amores, Diálogos de las condiciones de las mujeres, Diálogos de la vida de la Corte, etc.).—Sátiras de Bartolomé de Torres Naharro.—Antonio de Villegas (el Inventario).— Joaquín Romero de Cepeda.—Gregorio Silvestre.—Ríndense Silvestre y Villegas a la imitación toscana. —Triunfo definitivo de la escuela de Garci-Lasso.
El teatro en los cuarenta primeros años del siglo XVI. Bartolomé de Torres Naharro.—Perfección artística de su Himenea: pinturas de costumbres en la Soldadesca y en la Tinelaria.— Paralelo entre Naharro y los cómicos italianos (Maquiavelo, Bibiena, Ariosto, etc.).—Imitaciones del teatro de Naharro (Vidriana y Thesorina, de Jaume de Huete, etc.).— La Constanza,de Cristóbal de Castillejo.—Traducciones e imitaciones del teatro griego y latino (Villalobos, Hernán Pérez de Oliva, etc.).—Ensayos trágicos de Vasco Díaz Tanto de Frexenal.—Autos y representaciones religiosas: sencillez de su artificio.
LECCIÓN 53
Prosa didáctica, satírica y epistolar en el reinado de Carlos V. Transformación que experimenta por influjo italiano y clásico. Adelantos de la lengua.—Juan López de Palacios Rubios (Esfuerzo Bélico Heroico), Hernando de Herrera (Ocho levadas contra Aristotil), Francisco de Villalobos (Problemas y Diálogos), Fr. Antonio de Guevara (Menosprecio de la Corte, Epístolas, etc., etcétera). Cartas censorias del Bachiller Pedro de Rua.—Juan y Alfonso de Valdés: noticias biográficas de estos dos hermanos.— Importancia de Juan como heresiarca y reformista.—Sus obras satíricas y morales (Diálogo de Lactancio, Diálogo de Mercurio y Carón, Diálogo de las lenguas).— Cuánto influye en la manera y  estilo de Juan de Valdés el estudio de Luciano y de Erasmo.—Obras dogmáticas de Valdés (Consideraciones divinas, Comentarios a las Epístolas de S. Pablo, etc.).—La heterodoxia y la lengua castellana.—Otros prosistas: Juan Boscán (Traducción delCortesano).— Hernán Pérez de Oliva: gravedad y elegancia que comunica a la prosa castellana (Diálogo de la dignidad del hombre, Razonamiento de la navegación del Guadalquivir, etc.).—Cervantes de Salazar.—El protonotario Luis Mexía.—Pedro Mexía (Diálogos, etc.).—Diálogos satíricos: D. Diego de Mendoza.— El Crotalón.
Ascéticos y místicos: traducciones de libros de la escuela alemana: fatal influencia que ejercieron: la Inquisición los prohibe. Juan de Avila funda la escuela ascética castellana: sus obras: su Epistolario.
Moralistas no teólogos (Alejo de Venegas, D. Pedro de Navarra, etc.).
Consideraciones sobre la forma dialogística: carácter de las producciones de esta época.
LECCIÓN 54
La Historia en el reinado de Carlos V.—Ficciones de Fr. Antonio de Guevara.—Credulidad de Ocampo.—Juan de Vergara da el primer modelo de crítica histórica (las Questiones del Templo). — Cronistas del Emperador (Sepúlveda, Pero Mexía, Alfonso de Santa Cruz).—Relaciones de sucesos particulares: D. Luis de Avila (Comentario de la Guerra de Alemania).—Historiadores de Indias: relaciones de Hernán Cortés.—Gonzalo Fernández de Oviedo. Gomara.—Bernal Díaz del Castillo, Fr. Bartolomé de las Casas, Agustín de Zárate, Pedro Cieza, Alvar Núñez.—Mérito y originalidad de los historiadores de Indias.
LECCIÓN 55
La novela en tiempos de Carlos V.—Libros de Caballerías.— Los Amadises (Florisando y Lisuarte de Grecia, del Bachiller Juan Díaz).—Otros libros caballerescos de F. de Silva: (Amadís de Grecia, Florisel de Niquea, Rugel de Grecia).— Los Palmerines  (Primaleón y Polendos.—Palmerin de Inglaterra.— Disquisición acerca de su autor verdadero).—Libros de caballerías sueltos: D. Cloribalte, de G. Fernández de Oviedo: Lepolemo, D. Florindo, D. Clarisel de las Flores, etc.
Novela sentimental y de aventuras (género bizantino).—Clareo y Florisea, de Alonso Núñez. —Traducciones de Heliodoro, etc.
Novela histórico-didáctica: Marco Aurelio, del Obispo Fr. A. de Guevara.
Novela de costumbres: género lupanario (segunda Celestina de Feliciano de Silva: La Lozana, de Delicado: Tragicomedia de Lisandro y Roselia, de Sancho Muñón: Comedia Hipólita, Comedia Tebaida, Comedia Serafina, etc.).—Desastrosa fecundidad de este género.
Novela de costumbres: género picaresco: sus orígenes.— Lazarillo de Tormes, de D. Diego H. de Mendoza: sus continuadores.
LECCIÓN 56
Reinado de Felipe II.—Apogeo literario.—Poesía lírica.— Predominio del elemento clásico sobre el italiano.—Escuela salmantina.—Fr. Luis de León.—Su vida: sus obras.—Su genio poético: sus modelos: géneros en que se ejercita.—Canciones y sonetos al modo italiano: Traducciones de griegos y latinos.— Idem de la poesía bíblica.—Imitaciones directas de odas de Horacio.—Odas morales.—Odas místicas con forma horaciana.—Procedimiento lírico de Fr. Luis de León.—Sus imitadores: muestras.— Otros ingenios salmantinos cultivadores de la lírica horaciana (D. Juan de Almeida, D. Alonso de Espinosa etc.).— El Bachiller Francisco de la Torre.— Demostración de su existencia.— Indole poética del Bachiller.—Sus imitaciones de Garci-Lasso y de los italianos: sus odas horacianas.—Formas rítmicas usadas de preferencia por la escuela salmantina (estrofa de Francisco de la Torre, lira de Garci-Lasso, metros cortos).—Poetas afines a los salmantinos: Francisco de Figueroa, Pedro Láinez, etc.—Francisco de Medrano pertenece a la escuela salmantina, aunque hijo de Sevilla.—Sus odas horacianas: sus innovaciones rítmicas.—Poetas que secundan a los salmantinos en la introducción de metros clásicos (Sáficos, de A. Agustín, el Brocense y Jerónimo Bermúdez).
Poetas místicos afines de Fr. Luis de León.—S. Juan de la Cruz, Fr. Pedro Malón de Chaide, Arias Montano, el P. Sigüenza, etcétera.—La poesía religiosa con formas clásicas.
LECCIÓN 57
Escuela sevillana.—Sus orígenes.—Primer periodo: humanistas y poetas latinos: el canónigo Pacheco, el licenciado Tamariz, Juan de Mal-Lara, Francisco de Medina, Diego Girón.—Noticia de sus obras.—Segundo período: Herrera.—Doctrina literaria expuesta en sus Comentarios a Garci-Lasso.— Elegías y sonetos petrarquistas de Herrera.—Sus tentativas pindáricas y horacianas. —Herrera poeta bíblico: canciones a la batalla de Lepanto y a la pérdida de D. Sebastián. —Controversias literarias de Herrera con la escuela salmantina: el Prete Jacopin: réplica. —Amigos y discípulos de Herrera.—Pablo de Céspedes.—Arguijo.—Francisco Pachecho. —Disidentes de la escuela sevillana Juan de la Cueva.—Indole varia y movediza de su ingenio: ejecución fácil y descuidada: tendencia a las formas nacionales.—Doctrina literaria del Ejemplar Poético, de Cueva.—La poesía ligera y de donaire en la escuela sevillana: Baltasar de Alcázar, Juan de Salinas.
LECCIÓN 58
Otros grupos literarios que no pueden calificarse en escuelas.— Ingenios granadinos y cordobeses.—Movimiento literario en Granada: sus fautores.—Resultados que produce. Caracteres de estilo y versificación comunes a los poetas granadinos—Juan de Arjona: su traducción de la Tebaida.— Sátiras de Gregorio Morillo.—Madrigales de Luis Martínez de la Plaza.—Agustín de Tejada: pompa y altisonancia de sus canciones.—D.ª Cristobalina Fernández de Alarcón.—Pedro Rodríguez.—Vicente Espinel.— Luis Barahona de Soto.—Poetas cordobeses: Juan Rufo, etc.
Grupo valenciano: sus caracteres.—Los Aldanas.—Ramírez Pagán.—Gil Polo: sus innovaciones rítmicas: nuestrosprovenzales y franceses.—Cristóbal de Virués.—Micer Andrés Rey de Artieda. [p. 46] Academia de los Nocturnos.— Los poetas valencianos y Lope de Vega.
Poetas aragoneses.—Los Argensolas.—Tendencia moral y didáctica.—Condiciones literarias de los Argensolas: sus defectos.—En qué se apartan del ideal de la sátira horaciana.—Discípulos de los Argensolas: Villegas.—Originalidad de Villegas como poeta anacreóntico. Imita la antigüedad a su manera.— Las Latinas: sáficos hexámetros de Villegas.
Poetas no incluidos en los grupos anteriores (podemos llamarlos de transición).— Pedro de Padilla.—Bernardo de Valbuena: sus églogas: riqueza y lozanía de su estilo.—Cristóbal de Mesa, etc.
LECCIÓN 59
Líricos portugueses: a la innovación de Boscán responde la de Sá de Miranda.—Poesía bucólica con formas trovadorescas: Bernardim Ribeiro, Cristóbal Falcao.—Escuela ítalo-clásica o de los quinhentistas.— Sá de Miranda: sus poesías castellanas y portuguesas: mérito de sus epístolas.—Sá de Miranda como bucólico.—Antonio Ferreira: sus odashoracianas.— Superstición lingüística de Ferreira.—Pero de Andrade Caminha.—Diego Bernardes.— Fr. Agustín de la Cruz.—Camoens como lírico horaciano.—Idem como petrarquista.—Idem como cultivador de los metros nacionales. —Poesías castellanas de Camoens.—Andrés Falcao de Resende: la sátira horaciana.—El verso suelto: Jerónimo de Corte-Real.
Líricos catalanes: Pere Seraphí, imitador de Ausías March.— Líricos valencianos: Andreu, Martí, Pineda, etc.
LECCIÓN 60
Vicisitudes de la poesía popular en el siglo XVI.—Es recogida en pliegos sueltos y Romanceros.—Noticia de las principales colecciones: Cancionero de Romances, de Amberes: Silva de Romances, de Zaragoza, etc.—Glosas y letras de Rodrigo de Reinosa, Alcaudete, etc. Romances eruditos tomados del texto de las crónicas: Alonso de Fuentes y el Caballero Cesáreo, Lorenzo de Sepúlveda, Juan de la Cueva, Gabriel Lasso, etc.— Las Rosas, de Timoneda. —Romances artísticos.—Transformación verificada en [p. 47] nuestra poesía a fines del siglo XVI. Escuela nacional: romances de Lope de Vega, Pedro Liñán, Pedro de Padilla, Góngora, etc.— Romances moriscos y novelescos, pastoriles, villanescos y amatorios, satíricos y de burlas, de cautivos y forzados.—Romances históricos.—Romancillos líricos.—Importancia y estimación que cobra el género.—Preceptistas y gramáticos que le mencionan.—Los romances en la novela y en el teatro.—Poesía lírica semi-popular en el siglo XVI.—Colecciones: Cancionero Flor de enamorados, etcétera.—Muestras del género aun en los poetas más eruditos.
La poesía religiosa con formas nacionales y semipopulares: villancicos, glosas: coloquios pastoriles: endechas, etc.—Juan López de Ubeda.—Damián de Vegas. Pedro de Padilla.—Francisco de Ocaña.—Francisco de Avila.—Francisco de Velasco.—Santa Teresa.—Lope de Vega.—Sor Marcela de San Félix, etc.
Poetas judaizantes: Mosén Pinto Delgado.—David Abenatar Malo.
Poetas moriscos: Mahomad Rabadán, etc.
LECCIÓN 61
Poesía épico-erudita del siglo XVI.—Pobreza de este género en Castilla.—Multiplicidad de ensayos.—Clasificación por asuntos: ciclo histórico peninsular.— Poemas en loor de Carlos V: Austriada, de Juan Rufo: Bética conquistada de Juan de la Cueva: poemas de Cristóbal de Mesa, etc.— Ciclo histórico-ultramarino: poemas en alabanza de Hernán Cortés: Araucana,de Ercilla: mérito relativo de este poema: Arauco Domado, de Pedro de Oña.— Elegías de varones ilustres de Indias, de Juan de Castellanos.
Poemas caballerescos a imitación del Ariosto: Las lágrimas de Angélica, de Luis Barahona de Soto: Bernardo de Valbuena:Florando de Castilla, de Jerónimo de Huerta.—Poemas religiosos: Cristiada, de Fr. Diego de Hojeda: paralelo con la de Vida: La creación del Mundo, del Dr. Acevedo: riqueza descriptiva de este poema.—Poemas religioso-legendarios.—Montserrate, de Cristóbal de Virués.—Poemas cortos sobre asuntos mitológicos.— Poemas burlescos: Mosquea, de Villaviciosa, etc.
LECCIÓN 62
Poesía épico-erudita en Portugal.—Predecesores de Camoens: Juan de Barros: estancias intercaladas en su Clarimundo:Luis de Camoens: su vida: sus obras.—Modelos de Camoens: Virgilio, Ariosto.—Concepción épica de Os Lusiadas: suunidad y principios vitales.—Carácter erudito a la vez que nacional del poema. —Espíritu peninsular del siglo XVI reflejado en Os Lusiadas.— Camoens épico del Renacimiento y de la raza latina.—La antigüedad y Camoens.—Lo maravilloso en Os Lusiadas: sincretismo incongruente.—Elemento histórico y tradicional en Os Lusiadas.— Episodios.—Elemento lírico y personal: tono elegíaco: sentimiento de la naturaleza.—Paralelo entre Camoens y el Tasso. Epicos portugueses de segundo orden: Jerónimo de Corte-Real (Naufragio de Sepúlveda), Francisco de Andrade (Segundo Cerco de Día), Luis Pereira (Elegiada).
LECCIÓN 63
Poesía dramática en la segunda mitad del siglo XVI. Imitaciones de la Celestina y del teatro italiano, Comedia Pródiga, de Luis de Miranda.—Lope de Rueda: originalidad de su ingenio: sus coloquios, sus comedias.— Imitadores de Lope de Rueda: Timoneda, Alonso de Vega. —Imitaciones clásicas: los Menechmos, de Timoneda.—Ensayos trágicos: Josephina,de Micael de Carvajal.— Nise lastimosa y Nise laureada, de Fr. Jerónimo Bermúdez.— Ultimas Danzas de la muerte: Juan de Pedraza, Micael de Carvajal y Luis Hurtado de Toledo.—Autos: su desarrollo dramático.—Representaciones de Sebastián de Orozco.—Obra del Pecador, de Bartolomé Aparicio. Auto de las Donas, Auto de los Desposorios, etc.—Representaciones escolares bilingües.—El teatro en Sevilla: poetas clásicos: Mal-Lara.—Juan de la Cueva: sus innovaciones. —El teatro en Valencia: Cristóbal de Virués, Rey de Artieda.—El drama de Cuevas y Virués, informe bosquejo del de Lope.—Tragedias de Lupercio Leonardo.—Primeras obras dramáticas de Cervantes.—Lope de Vega y los poetas de Valencia Tárrega y Aguilar, etc.), dan forma definitiva al drama español en los últimos años de la centuria XVI.
El teatro en Portugal.—Escuela de Gil Vicente: autos del infante D. Luis, de Alfonso Alvarez, Antonio Prestes, Baltasar Díaz, etc.—Comedias clásico-italianas: Sá de Miranda, Ferreira, Camoens.—Tragedia clásica: la Castro, de Ferreira.—Imitaciones de la Celestina: Jorge Ferreira de Vasconcellos (Ulysipo, Euphosina, etc.).—Representaciones escolares.—Esterilidad del teatro portugués.
LECCIÓN 64
La novela.—Ultimos libros de caballerías: D. Duardos, D. Belianis, El Caballero del Febo, etc.—Decadencia del género: invectivas de los moralistas contra él.—Libros de caballerías a lo divino. —Novela sentimental y de aventuras: Luzmán y Arbolea, de Jerónimo de Contreras.—Novela histórica: Abencerraje, de Alonso de Villegas.—Guerras civiles de Granada, de Ginés Pérez de Hita.—Novela de costumbres: siguen las imitaciones de la Celestina: Comedia Selvagia, de Alonso de Villegas.—Género picaresco: Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán y su continuador.—Novela corta: el Patranuelo, de Timoneda, etc.—Traducciones de novelistas italianos (Giralda Cinthio, Bandello, etc.).
Novela pastoril: su falso idealismo: sus modelos: la Arcadia, de Sanázaro.—Desarrollo del género en Portugal: Menina eMoça, de Bernaldim Ribeiro: su análisis: ¿Tiene o no un sentido autobiográfico?—La novela pastoril en Castilla.—Jorge de Montemayor: su Diana. —Continuadores: Gil Polo.—Imitadores de Montemayor (Luis Gálvez de Montalvo, Jerónimo de Covarrubias, Bernardo de Valbuena, Cristóbal Suárez de Figueroa, Lope de Vega, etc.).
LECCIÓN 65
La Novela.—Cervantes.—Su vida.—Sus primeras obras: Galatea condiciones y defectos de este libro.—Cervantes poeta dramático.—Doctrina literaria de Cervantes: predominio del elemento crítico.—Primera parte del Quijote.— Segunda parte,de Avellaneda:  juicio de este libro: conjeturas sobre su autor.— Segunda parte, de Cervantes: diferencias que la separan de la primera: en el pensamiento: en la forma.—Valor artístico del Quijote: ideal a que responde: realismo e idealismo en Cervantes: Cervantes poeta del Renacimiento: alcance universal de la sátira cervantesca: caracteres: méritos de la ejecución: diálogos: episodios, etc.—Resultados literarios producidos por el Quijote.— Cervantes cultivador de la novela corta: las Ejemplares: clasificación y análisis: amatorias, satíricas, picarescas, etc.—Cervantes y los novellieriitalianos.—Cervantes y Luciano.—Cervantes y Terencio.—La sociedad del siglo XVI en las novelas de Cervantes.—Ultimas poesías líricas y dramáticas de éste.— Viaje del Parnaso, etc.—Cervantes imitador de la novela bizantina: Persiles y Sigismunda.— Paralelo entre este libro y los de Heliodoro y Aquiles Tacio.—Juicio general de Cervantes.
LECCIÓN 66
Progreso de los estudios históricos y de las ciencias auxiliares en la segunda mitad del siglo XVI. —Doctrinas literarias sobre la Historia (Fox Morcillo, etc.).—Historiadores generales: Esteban de Garibay: Jerónimo Zurita: Ambrosio de Morales.—El P. Juan de Mariana: su vida: sus obras latinas, especialmente los Septem tractatus y el De Rege: su Historiacastellana.—Estilo histórico de Mariana: forma clásica.—Crítica de Mariana: aplicaciones morales y políticas: historiapragmática.— Espíritu nacional de la obra de Mariana.—Controversias suscitadas por su libro: advertencias de Pedro Mantuano: réplica de Tamayo de Vargas.—Historiadores de reinos y ciudades.—Historiadores de sucesos particulares: Don Diego H. de Mendoza (Guerra de Granada): imitaciones de Tácito y Salustio: afinidad de D. Diego con los historiadores italianos del Renacimiento.—Mármol Carvajal. Gonzalo de Illescas.—Historiadores de Indias: el Inca Garci-Lasso Antonio de Herrera, etc.—Historiadores de Flandes: D. Bernardino de Mendoza, el coronel Verdugo, D. Carlos Coloma, Villalobos y Benavides, Martín del Río, etc.—Memorias y autobiografías: Francisco de Encinas.
Historiadores religiosos: Fr. José de Sigüenza (Vida de S. Jerónimo  y Crónica de su Orden): la filosofía de la historiaprovidencialista expuesta por el P. Sigüenza. —El P.Pedro de Rivadeneyra (Vidas de S. Ignacio, S. Francisco de Borja, Diego Láinez, etcétera. Cisma de Inglaterra).— Fr. Diego de Yepes: Vida de Sta. Teresa: El Padre Martín de Roa, etc.
Genealogistas: Gonzalo Argote de Molina (Nobleza de Andalucía).
La Historia en Portugal: crónicas de reyes: Damián de Goes: influjo humanístico.—Historiadores de cosas de la India: Juan de Barros, Diego de Couto.—Biógrafos: Lucena (Vida de S. Francisco Javier): Fr. Luis de Sousa: Vida de Fr. Bartolomé de los Mártires. Anales de D. Juan III).
Historiadores religiosos: Fr. Luis de Sousa (Crónica de la Orden de Sto. Domingo).
LECCIÓN 67
Prosa didáctica.—Razones que limitan el número y calidad de sus cultivadores.—Empleo general del latín para los libros de ciencia y filosofía.—Excepciones: libros filosóficos en lengua vulgar: Huarte (Examen de ingenios).— D.ª Oliva Sabuco de Nantes (Nueva filosofía de la naturaleza del hombre).— Pedro Simón Abril, etcétera.—Moralistas y políticos: Rivadeneyra(El Príncipe cristiano): Márquez (Gobernador cristiano): Fr. Juan de Madariaga, etc.—Preceptistas y retóricos: Juan de Guzmán, Alonso López Pinciano, Bartolomé Jiménez Patón, Cascales, etc.—Forma epistolar: cartas de Antonio Pérez.—Idem de Eugenio de Salazar.
Literatura teológica heterodoxa: protestantes españoles: Constantino Ponce de la Fuente, Juan Pérez, Cipriano de Valera, etc. Sequedad habitual de su estilo. Influencias ginebrinas.
Escritores de materias varias: Jerónimo de Urrea (Diálogo de la verdadera honra militar); Juan de Espinosa (Diálogo en laude de mujeres): Cristóbal de Acosta, etc.—Traductores de los Diálogos de amor, de León Hebreo.— Tratado de la hermosura y del amor, de Calvi.
 LECCIÓN 68
Ascéticos y místicos.—Distinción entre unos y otros. Orígenes del misticismo español.—Misticismo ortodoxo y heterodoxo en la Edad Media: influencia de los libros del pseudo-Areopagita: Scoto Erígena: la escuela de S. Víctor: S. Buenaventura: Gerson: el misticismo alemán (Eckart, Ruysvroeck, Suso, Tauler, etc.).— El misticismo en España durante la Edad Media: las Contemplaciones, de Ramón Lull.—Siglo XVI: traducciones de místicos alemanes: Juan de Valdés: otros místicos heterodoxos (Secta de los alumbrados, etc.).
Desarrollo de la Escuela mística española desde Juan de Avila. Sus caracteres y resultados: observación psicológica: respecto al libre albedrío: elemento activo mezclado con la contemplación.— La mística española bajo su aspecto teológico-filosófico.—La mística española literariamente considerada.
Ascéticos franciscanos: S. Pedro de Alcántara, Fray Juan de los Angeles, Fr. Diego de Estella.—Ascéticos dominicos: Fr. Luis de Granada: su vida: sus principales obras (Guía de pecadores, Símbolo de la fe, Oración y contemplación, Memorial de la vida cristiana, etc.).—Granada como ascético.—Idem como místico.
Místicos y ascéticos agustinos: Fr. Luis de León: sus obras en prosa (Nombres de Cristo, Exposición de Job, Perfecta Casada).— Doctrina filosófica de los Nombres de Cristo.— Forma literaria de este libro.—El platonismo en Fr. Luis de León.—Malón de Chaide.—Cristóbal de Fonseca: sus doctrinas estético-platónicas.— Alonso de Orozco.—Fr. Hernando de Zárate.—Místicos carmelitas: Sta. Teresa: su vida.—Escritos de Sta. Teresa: clasificación y análisis.—Libros históricos(Vida, Relaciones, Fundaciones) preceptivos (Constituciones, Avisos, etc.); doctrinales (Camino de perfección, Moradas, Conceptos del amor divino).— Doctrina mística de la Santa: análisis de las Moradas: punto de partida psicológico.—Cartas de Santa Teresa.—Su espíritu práctico.—S. Juan de la Cruz.—La reforma del Carmelo.—Especial carácter del misticismo de S. Juan de la Cruz.—Sus obras en prosa (Subida al Carmelo, Noche oscura del alma, Llama de amor viva, etc.).— Fr. Jerónimo Gracián.—Fray Juan de Jesús María.
 Ascéticos jesuitas: Pedro de Rivadeneyra (Tratado de la tribulación).— Luis de la Puente, Alfonso Rodríguez, Alvarez de Paz, Francisco Arias... —Influencia de nuestra escuela mística fuera de España (S. Francisco de Sales, etc.).
La oratoria sagrada en España durante el siglo XVI: Santo Tomás de Villanueva, Juan de Avila: Fr. Luis de Granada, etc.
LECCION 69
Siglo XVII.—Poesía dramática.—Apogeo del teatro español.— Elementos populares y eruditos que vienen a acaudalarle.—Su fecundidad portentosa.—Carácter nacional de nuestro teatro, cifra y compendio de los instintos de la raza.—Ideal religioso.— Ideal del honor caballeresco.—La mujer en el teatro español.— Asuntos y fuentes de inspiración.—Drama religioso: sus variedades. —Dramas históricos, mitológicos y fantásticos.—Comedia de costumbres: sus especies (de capa y espada, de figurón, etc.).— Géneros subalternos (entremeses, loas, bailes, etc.). El drama español artísticamente considerado: bellezas y defectos: invención inagotable: riqueza de intriga: pobreza de caracteres (excepciones): tipos convencionales: lugares comunes: ejecución precipitada: primores de lengua y versificación.—El teatro español comparado con los demás de la moderna Europa.—Distínguense dos períodos en la dramática española del siglo XVII.—Indicaciones sobre el aparato escénico y el histrionismo.
LECCIÓN 70
Lope de Vega.—Su vida.—Su teatro.—Personalidad artística de Lope.—Sus doctrinas literarias. —Su sistema dramático.— Apreciación general de los méritos y defectos de Lope.—Ensayo de una clasificación de sus dramas.—Lope imitador de laCelestina: la Dorotea.— Comedias pastorales: imitaciones de Tasso y de Guarini (El verdadero amante, la Pastoral de Jacinto,etc.).—Lope imitador de la comedia clásica e italiana (El Rufián Castrucho, El Anzuelo de Fenisa, etc.).—Comedias de intriga, amor y celos (El Acero de Madrid, Las Flores de D. Juan, El Premio de bien hablar, La Esclava de su Galán, Los milagros del desprecio, La moza  de cántaro, Lo cierto por lo dudoso, La discreta enamorada, La viuda valenciana, Querer su propia desdicha, Por la puente, Juana, Las bizarrías de Belisa, Amar sin saber a quién, etc., tec,).—Asuntos trágicos (La estrella de Sevilla, El castigo sin venganza, La fuerza lastimosa, La inocente sangre, etc,),—Dramas históricos: asuntos de la antigüedad (El honrado hermano, Roma abrasada, etc.).—Asuntos nacionales (El mejor alcalde el rey, El testimonio vengado, Los Tellos de Meneses, La corona merecida, El Nuevo Mundo Arauco domado, etc.).—Dramas religiosos (La fianza satisfecha, El santo Niño de la Guardia, etc.),—Dramas mitológicos (La bella Andrómeda, etc,).
LECCIÓN 71
Dramáticos contemporáneos de Lope.—Poetas valencianos: el canónigo Tárrega (La enemiga favorable, etc,). Gaspar de Aguilar (El mercader amante, La gitana melancólica, etc,).—D, Carlos Boyl.—Ricardo del Turia.—Guillén de Castro: géneros en que ejercitó su pluma: drama histórico (Las mocedades del Cid): comedias de costumbres (Los mal casados de Valencia, El Narciso en su opinión, etc,).—El Cid de Guillén de Castro y el de Corneille,
Otros contemporáneos o discípulos de Lope: Miguel Sánchez (La Guarda cuidadosa)— Mira de Amescua: su fecundidad e inventiva: lozanía de su ingenio (La rueda de la fortuna, La desgraciada Raquel, Galán valiente y discreto, La Fénix de Salamanca, El Conde de Alarcos, El esclavo del Demonio, El pleito del Diablo, etc.).— Jiménez Enciso (El Príncipe D. Carlos, Los Médicis de Florencia).— Luis Vélez de Guevara (La luna de la sierra, El ollero de Ocaña, Los hijos de la Barbuda, Más pesa el rey que la sangre, Si el caballo vos han muerto, Reinar después de morir: el asunto dramático de Inés de Castro en las dos literaturas peninsulares),— Andrés de Claramonte, Salustio del Poyo, etc,—Juan Pérez de Montalbán: su ingenio trágico(No hay vida como la honra, Como padre y como rey, Los amantes de Teruel: plagio del drama de Tirso), —Comedias de Montalbán (La toquera vizcaína, La doncella de labor, etc,),—Belmonte Bermúdez (El Diablo predicador, La renegada de Valladolid, etc.)
 LECCIÓN 72
Tirso de Molina (Fr. Gabriel Téllez).— Noticias biográficas y bibliográficas: originalidad del ingenio de Tirso: en qué se aparta y distingue de los demás dramáticos españoles.—Géneros que cultiva.—Drama religioso-fantástico (El condenado por desconfiado, El Burlador de Sevilla).— Drama histórico (La prudencia en la mujer, El Rey D. Pedro en Madrid, etc.).—Comedias de intriga y amor: fuerza cómica de Tirso (El vergonzoso en Palacio, la villana de Vallecas, El castigo del Pensé qué, Quien calla, otorga, Por el sótano y el torno, D. Gil de las calzas verdes, El Amor médico, Celos con celos se curan, etc.).—Espíritu mordaz y poco ideal de Tirso: excepciones (Pruebas de amor y amistad).— Argumentos favoritos de Tirso.—Las costumbres villanescas en sus dramas. La comedia de carácter en Tirso (Marta la piadosa, La celosa de sí misma, etc.).
LECCIÓN 73
D. Juan Ruiz de Alarcón.—Tendencia ética de sus composiciones.—Limpieza y corrección de su estilo.—Primeras comedias de Alarcón: imitaciones del estilo de Lope (El semejante a sí mismo, El desdichado en fingir, La cueva de Salamanca).— Progresos dramáticos de Alarcón: Todo es ventura.— Madurez de su ingenio: Ganar amigos, Los favores del mundo, Las paredes oyen, La prueba de las promesas, Mudarse por mejorarse, La verdad sospechosa, Los pechos privilegiados, No hay mal que por bien no venga, El examen de maridos, etc.—Alarcón y la comedia terenciana.—Alarcón y Moliére.—Ensayo de Alarcón en otros géneros: drama religioso (El Anti-Cristo): drama novelesco: El tejedor de Segovia.
LECCIÓN 74
Segundo período.—D. Pedro Calderón.—Noticias biográficas y bibliográficas.—Modificaciones traídas por Calderón al sistema teatral de Lope.—Alto sentido del drama calderoniano: su simbolismo.—Bellezas e inconvenientes de la forma dramática de Calderón.  —Sus comedias de capa y espada: móviles de la fábula: el honor: complicación y similitud en los enredos: monotonía en los caracteres.—Comedias de intriga (No siempre lo peor es cierto, La dama duende, Casa con dos puertas, Mañanas de Abril y Mayo, Dar tiempo al tiempo, Los empeños de un acaso, La banda y la flor, Antes que todo es mi dama, etc.).—Comedias de carácter aun que idénticas en la traza y disposición a las anteriores (No hay cosa como callar, Cuál es mayor perfección..., El astrólogo fingido, Hombre pobre todo es trazas, Guárdate del agua mansa).— Dramas trágicos de Calderón (Amar después de la muerte, La niña de Gómez Arias, El alcalde de Zalamea, A secreto agravio, secreta venganza, El médico de su honra, El tetrarca de Jerusalem, Tres justicias en una, etc.).—Los celos en el teatro calderoniano y en el de Shakespeare: Otelo y el Tetrarca.—Comedias heroicas y de espectáculo (La hija del aire, Afectos de odio y amor, Duelos de amor y lealtad, Las armas de la hermosura, etc.).—Costumbres españolas y caballerescas en todos los dramas históricos de Calderón. Idem en los mitológicos: su riqueza lírica (La estatua de Prometeo, Fieras afemina Amor, El monstruo de los jardines, Eco y Narciso, etc.).— Zarzuelas (El laurel de Apolo, La púrpura de la rosa).— Cómo trató Calderón las fábulas de los Metamorfoseos.—Argumentos tomados de las novelas bizantinas y de los libros de caballerías.
Drama simbólico (La vida es sueño, El mágico prodigioso, En esta vida...).— Drama religioso (El Príncipe Constante, La devoción de la cruz, La virgen del Sagrario, El purgatorio de S. Patricio, Los dos amantes del Cielo, etc.).—Consideraciones generales sobre el drama religioso español.—Calderón y sus críticos.
LECCIÓN 75
Autos sacramentales.—Orígenes del género: institución de la fiesta del Corpus por Urbano IV: representaciones con que desde el siglo XIV fué solemnizada en España.—Falta de carácter propio en las primeras muestras del género: Auto de S. Martín, de Gil Vicente.—Pasan los Autos de la Iglesia a la plaza pública.—Desarrollo del drama eucarístico como reacción contra la Reforma. —Autos anónimos del siglo XVI (Auto del Maná, La fuente de la gracia, El entendimiento niño, La esposa de los Cantares). —Ternarios sacramentales de Juan de Timoneda: Auto de la oveja perdida. Segunda época de los Autos: su completo desarrollo y separación del drama profano.—Lope de Vega (Auto de la Siega, Auto de los Cantares,etc.).—El maestro José de Valdivielso (El hijo pródigo, La serrana de Plasencia, etc.).—Tirso de Molina (El colmenero divino).—Forma alegórica de los Autos sacramentales: singularidades de su estructura.—Apogeo del drama eucarístico.— Autos de Calderón (El divino Orfeo, El sagrado Parnaso, La cena de Baltasar, La primer flor del Carmelo, La vida es sueño, La nave del mercader, etc.).—Pujanza sintética del ingenio de Calderón.— Cómo traduce y comprende la universal armonía.—Doctrina teológica de los Autos.—Dante y Calderón como representantes del simbolismo cristiano.—Por menores escénicos y de exhornación en los Autos.
LECCIÓN 76
Dramáticos contemporáneos de Calderón.—D. Francisco de Rojas: sus cualidades: vigor trágico (García del Castañar, El Caín de Cataluña, El más impropio verdugo, Progne y Filomena).— Vis cómica de Rojas: facilidad y ligereza de sus obras decapa y espada (Lo que son las mujeres, Entre bobos anda el juego, Obligados y ofendidos, Abre el ojo..., D. Diego de Noche, No hay amigo para amigo, etc.).—Obras de Rojas en colaboración con otros ingenios.—Culteranismo y extravagancia de su estilo.
LECCIÓN 77
Dramáticos contemporáneos de Calderón.—D. Agustín Moreto.—Su talento de ejecución: destreza para perfeccionar ajenas invenciones: tendencias a la comedia clásica a estilo de Tirso y de Alarcón (De fuera vendrá, El parecido, Trampa adelante, El lindo D. Diego, No puede ser..., Yo por vos y vos por otro).— Análisis de El desdén con el desdén: la metafísica amorosa y la galantería de las cortes occitánicas en este drama.—Dramas históricos de Moreto (El valiente justiciero, Los jueces de Castilla).— Dramas religiosos (S. Franco de Sena).— Imitaciones de Calderón (Los engaños de un engaño, La confusión de un jardín, El Caballero, etc.).  Drama trágico (La traición vengada).— Ensayos de Moreto en otros géneros: comedias de valentías y guapezas; comedias burlescas, etc.—Autos sacramentales (La divina Margarita).
LECCIÓN 78
Dramáticos de segundo orden contemporáneos y discípulos de Calderón.—D. Antonio Hurtado de Mendoza (Los empeños del mentir, El montañés indiano, El trato muda costumbres, etc.).— Villaquirán.—Cubillo de Aragón (La perfecta casada, Las muñecas de Marcela, etc.). —Comedias heroicas de Cubillo.—D. Antonio Coello (El Conde de Essex).— Córdoba y Figueroa, Leyva, Monroy, Cuéllar...—Comedias burlescas de Monteser y Cáncer. Matos Fragoso (El yerro del entendido, Lorenzo me llamo, El villano en su rincón, etc.).—Fecundidad de Matos.—Antonio Enríquez Gómez: su drama calderoniano A lo que obliga el honor.—D. Fernando de Zárate (La presumida y la hermosa, Mudarse por mejorarse, etc.).—Diamante (El honrador de su padre: imitación de Corneille).—Hoz y Mota (El castigo de la miseria, El villano del Danubio, El montañés Juan Pascual, etc.).—Bances Candamo (El esclavo en grillos de oro, Por su rey y por su dama, etc.).— Don Antonio Solís (El amor al uso, Un bobo hace ciento, etc.).— Sobriedad y mesura de Solís.—Decadencia del teatro español en los postreros años del siglo XVII.—Vanse agotando los antiguos géneros.—Crecen y se desarrollan el de figurón y el de espectáculo.
Loas, entremeses y bailes durante el siglo XVII.—Principales cultivadores de estos géneros: Cervantes, Agustín de Rojas, Luis Quiñones de Benavente, Quevedo, etc.
El teatro en Portugal: su pobreza: predominio del drama castellano.—D. Francisco Manuel de Melo (Farsa del fidalgo aprendiz).— Poetas portugueses que escribieron en lengua castellana.— Introducción de la ópera en Portugal: el Juicio de Paris, de Francisco Manuel.
El teatro en Cataluña: Fontanella (Amor, firmeza y porfía, Lo desengany).— Vivente García (Comedia de Santa Bárbara).
 LECCIÓN 79
La poesía lírica y épico-erudita en el siglo XVI.—Fuentes de corrupción: culteranismo: conceptismo y equivoquismo: prosaísmo. Su similitud con otras epidemias literarias.—Elementos del culteranismo.— Poetas cordobeses culteranos: Carrillo y Sotomayor. Góngora. Primeras composiciones de Góngora.—Sus altas cualidades como lírico y satírico.—Lozanía descriptiva.—Temple nacional de su ingenio.—Romances y letrillas de Góngora.—Sonetos y canciones. Generosa abundancia de su estilo.—Motivos personales que explican la caída de Góngora.—Escribe el Polifemo, las Soledades, el Panegírico del Duque de Lerma.—Guerra literaria: escritos de Pedro de Valencia, Francisco de Cascales, Lope de Vega, Jáuregui, Quevedo y otros contra el culteranismo.— Réplicas de D. Martín de Angulo y Pulgar, del autor del Contra- Jáuregui, etc.—Sonetos y epigramas.—Comentadores de Góngora: Salazar de Mardones, Salcedo Coronel, Pellicer de Salas, etc.— Primeros poetas culteranos: el conde de Villamediana, Fr. Hortensio Félix Paravicino, etc.—Orígenes delconceptismo.— Alonso de Ledesma
LECCIÓN 80
Adversarios del culteranismo.—Lope de Vega considerado como lírico.—Variedad y muchedumbre de sus producciones: desigualdades de su estilo: facilidad que degenera en prosaico desaliño.—Églogas, sonetos, canciones, elegías y epístolas de Lope (La hermosura de Angélica, Dragontea, Corona trágica, Jerusalem conquistada, etc.).—Poemas cortos (Circe, Filomena, Mañana de S. Juan, etc.).—Versos de burlas: rimas de Burguillos: la Gatomaquia.
LECCIÓN 81
Adversarios del culteranismo.—D. Francisco de Quevedo.— Noticias biográficas y bibliográficas.—Poderosa originalidad de Quevedo: el humorismo en la literatura castellana.—Estilo de Quevedo: sus singularidades.—Erudición y estilo de Quevedo: autores con quienes tiene alguna semejanza.—Quevedo como poeta.—Análisis de su Parnaso.— Poesías a lo divino.—Poesías eróticas: sonetos petrarquistas: su inferioridad en este género.— Canciones y rasgos de moral sentido.—Sátiras clásicas. Quevedo y Juvenal.—Sonetos burlescos.—Sátira con formas nacionales: versos de burlas, desenfados y donaires (romances, letrillas, jácaras, bailes, etc.).—Poesía heroico-cómica (Orlando enamorado).— Traducciones e imitaciones de griegos y latinos.—Forma especial del conceptismo de Quevedo.—El equivoquismo.— Resabios culteranos de Quevedo.
LECCIÓN 82
Conservadores del buen gusto y de la tradición literaria del siglo XVI en la lírica.—Escuela sevillana: Rodrigo Caro: sus poesías latinas y castellanas: La canción a las ruinas de Itálica, escrita en el siglo XVI, corregido en el XVII.—Jáuregui: italianismo y pureza de gusto de sus primeras composiciones (Acaecimiento amoroso, traducciones del Aminta y del Super flumina, etc.).—Período culterano de Jáuregui: el Orfeo, la Farsalia.— Rioja, poesía descriptivo-reflexiva: suave melancolía de su estilo (silvas a las flores, sonetos, etc.).—Fernández de Andrada: su Epístola moral.— Ortiz Melgarejo.—Pedro de Quirós.—Vase extinguiendo la escuela sevillana.
Ultimos poetas del grupo granadino.—Mira de Amescua.— Pedro Soto de Rojas.—El bucolismo y la pompa de dicción.
Discípulos de los Argensolas.—El príncipe de Esquilache.— Sus Romances.
LECCIÓN 83
Poetas didácticos y prosaicos: Cosme Gómez Tejada de los Reyes.—Francisco López de Zárate.—El conde de Rebolledo: vigor poético de sus traducciones de la Escritura.—Antonio Enríquez Gómez (Epístolas de Job, Elegía de su peregrinación,etc.).— Don Luis de Ulloa.
Poetas culteranos y conceptuosos.—Desarrollo de la poesía burlesca a imitación de Góngora y Quevedo.—Trillo y Figueroa, Jacinto Polo, Salazar y Torres, D. Gabriel del Corral, Miguel de Barrios, Cáncer, Sor Juana Inés de la Cruz, Gracián, Solís, Bances Candamo...
Ensayos épicos: la Raquel, de Ulloa.
Extrema decadencia de nuestra lírica.
La poesía popular a fines del siglo XVII..—Romances vulgares.
La sátira política en los reinados de Felipe IV y Carlos II.
LECCIÓN 84
Líricos portugueses: decadencia: bucolismo, conceptismo y culteranismo.— Fernán Alvarez de Oriente.—Francisco Rodríguez Lobo: Sus pastorales.—Manuel da Veiga Tagarro (La Laura de Anfriso), Fr. Bernardo de Brito (La Silvia de Lisardo).— Don Francisco Manuel de Mello: sus poesías castellanas: epístolas morales: imitaciones de Quevedo, etc.—Poetas culteranos: Fr. Jerónimo Bahía.—Adversarios del culteranismo: Jacinto Freire de Andrade.—Colecciones poéticas de este período (Postillón de Apolo, Félix Renascida, etc.).
Ensayos épicos: Vasco Mousinho de Quevedo (Alfonso Africano), Rodríguez Lobo (El Condestable), Gabriel Pereyra de Castro (Ulyssea), Sá de Meneses (Malaca conquistada).
Poesía catalana: imitadores de Góngora y Quevedo. Vicens García y sus discípulos, Fontanella, etc.
LECCIÓN 85
La novela en el siglo XVII.—Ultimas muestras del género bucólico en Castilla.—La persistencia en Portugal (Lusitania transformada, de Fernán Alvarez de Oriente; Primavera y Pastor peregrino, de Rodríguez Lobo).—Novela picaresca: Vicente Espinel (Marcos de Obregón), Yáñez de Alcalá (Alonso, mozo de muchos amos), Fr. Andrés Pérez (La picara Justina), Quevedo(El Buscón), Antonio Enríquez Gómez (Siglo pitagórico), Castillo Solórzano (Ultimas Celestinas), Salas Barbadillo (La ingeniosa Helena). —Ficciones satírico-morales: Luis Vélez de Guevara (Diablo Cojuelo), Enríquez Gómez, Francisco Santos, etc.—Novela sentimental  y de aventuras: El español Gerardo, El soldado Píndaro, de Céspedes y Meneses, El Peregrino en su patria de Lope de Vega.—Novela alegórica: León Prodigioso de Tejada de los Reyes, Criticón de Baltasar Gracián.—Cuadros de costumbres: Salas Barbadillo, D. Juan de Zabaleta.—Novela con tendencias dogmáticas: Deleitar aprovechando de Tirso de Molina.—Novelas cortas al modo de las de Cervantes: Tirso (Cigarrales de Toledo), Lope de Vega, Montalbán, Agreda y Vargas, Salas Barbadillo, Castillo Solórzano, D.ª María de Zayas, etc.—Otros novelistas: Cristóbal Lozano: mezcla y confusión de elementos (entre ellos el fantástico) en sus Soledades de la vida, etc.—Observaciones generales sobre el desarrollo de la novela en España.—Su influencia ultra-puertos.—Traducciones e imitaciones.—Le Sage.
LECCIÓN 86
Prosa didáctica y satírica.—Quevedo: Clasificación de sus obras.—Escritos políticos (Marco Bruto, Política de Dios, etc.): ascéticos y filosóficos (Providencia de Dios, La cuna y la sepultura, Virtud militante, Vida de S. Pablo y de Sto. Tomás de Villanueva, Origen de los estoicos, Defensa de Epicuro...).— Discursos satírico-morales (Sueños, Hora de todos, etc.). —Desenfados y juguetes (Cartas del Caballero de la Tenaza, Libro de todas las cosas, Cuento de cuentos, etc. —Crítica literaria(La culta Latiniparla, La Perinola, etc.).—Epístolas.—Tendencia general de los escritos de Quevedo.—Su manera y estilo.
LECCIÓN 87
Prosa didáctica y satírica.—D. Diego de Saavedra Fajardo (Empresas políticas, República literaria, etc.).—El estilo cortado y antitético en la prosa castellana.—Doctrina crítica de la República literaria— Escritores de bellas artes: Carducho (Diálogos de la Pintura).— Políticos y economistas: Sancho Moncada, Pedro Fernández Navarrete, etc.—Moralistas: Antonio López de Vega, Baltasar Gracián (El Héroe, El Discreto, El Político...)— Gracián como legislador de mal gusto (Agudeza y arte de ingenio).— Corrupción de la prosa.—Idem de la elocuencia sagrada: Paravicino.
Místicos y ascéticos: decadencia de este género de literatura. Sor María de Agreda (Mística Ciudad de Dios).— El P. Nieremberg (De la hermosura de Dios, Diferencia de lo temporal y lo eterno, etc.—Misticismo heterodoxo: Miguel de Molinos(Guía espiritual). —La prosa didáctica en Portugal: D. Francisco Manuel de Melo (Guía de casados, Hospital de las letras,etc.).—La elocuencia sagrada: el P. Antonio Vieira.—Otros ascéticos: Bernardes (Luz y Calor).— Apogeo de la prosa: elsexcentismo.
Didácticos en lengua latina, desde Pedro de Valencia a Isaac Cardoso.
LECCIÓN 88
De la forma didáctico-popular en los siglos XVI y XVII.—Colecciones de refranes: Valdés, Hernán Núñez, Palmireno, etc.—Glosas y comentarios: Mal-Lara, Sebastián de Horozco, Sorapán de Rieros.—Juguetes Literarios: Blasco de Garay, Cervantes, Luis de Benavente, Quevedo, Melo, etc.—Los refranes en la novela y el teatro.
LECCIÓN 89
La Historia en el siglo XVII.—Doctrinas literarias sobre la Historia: Fr. Jerónimo de S. José, Luis Cabrera. Méritos y excelencias de algunos narradores de sucesos particulares: Moncada (Expedición de catalanes y aragoneses): paralelo entre Moncada y Muntaner: Argensola (Conquista de las Molucas): Melo (Guerra de Cataluña): Solís (Conquista de Nueva España).— Desarrollo de los estudios de investigación histórica en el siglo XVII.—Cronistas de Aragón: Argensola, Ustarroz, Dormer, etc. Cronistas de Navarra: el P. Moret.—Historiadores de provincias y ciudades: Colmenares, Cascales, Ortiz de Zúñiga...—Genealogistas: Pellicer, Salazar de Castro, etc.—Cronistas de órdenes religiosas.—Cronistas reales: Sandoval, Cabrera, Céspedes.—Extravíos de la crítica histórica: falsificaciones: libros plúmbeos de Granada: cronicones. Reacción contra tales patrañas: sus impugnadores: D. Juan Bautista Pérez, Pedro de Valencia.—Llega a su apogeo la crítica histórica en el reinado de Carlos II: D. Nicolás Antonio, el Marqués  de Mondéjar. Fr. Hermenegildo de S. Pablo, D. Juan Lucas Cortés, el Cardenal Aguirre, etc.
De los historiadores en lengua latina durante el siglo XVII.— Osorio (Vida del Duque de Alba): Moret (Cerco de Fuenterrabía).
LECCIÓN 90
XVIII.—Estado de la poesía lírica.—Poetas conceptuosos y culteranos.—D. Gabriel Alvarez de Toledo, Gerardo Lobo, Don Diego de Torres, Benegasi, etc.—Poesía mística: Sor Gregoria de Santa Teresa, Sor María do Ceo.—Poetas latinos: Interián de Ayala: el Deán Martí.
Influencia francesa: primeros indicios del cambio de gusto.— Fundación de la Academia Española.— Diario de los literatos.— Sátira de Jorge Pitillas.—Poética de Luzán: su doctrina literaria. Otros reformadores: Montiano y Layando, Nasarre, Velázquez, Mayans.— Academia del Buen Gusto.— Poesías de Luzán, Porcel y el Conde de Torrepalma: Deucalión, Juicio final.
LECCIÓN 91
Progresos de la escuela clásica francesa.—Tertulia literaria de la Fonda de S. Sebastián.—D. Nicolás Fernández de Moratín: Indole española de su ingenio (Fiesta de Toros, Naves de Cortés, etcétera.—Intolerancia de Moratín como crítico.—Cadalso.— Don Tomás de Iriarte: sus Fábulas literarias, sus Epístolas, etc.— Prosaísmo de Iriarte.—Fábulas de Samaniego.—Poetas prosaicos: Trigueros, Olavide, Montengón, Salas, Arroyal, Noroña, etc.— Nueva perversión del gusto.—Poemas didácticos.—Poetas de temple y sabor español: D. Vicente García de la Huerta.—Vaca de Guzmán: sus ensayos épicos.
LECCIÓN 92
Escuela salmantina.—Sus orígenes y carácter.—Primer período más nacional y castizo.—Fr. Diego González.—Iglesias.— Jove-Llanos: sus epístolas y sátiras.—Forner, Meléndez.—Segundo período de la escuela salmantina: filosofismo poético: neologismo.  —Ultimas poesías de Meléndez.—Cienfuegos.—Quintana.— Grandezas y defectos de la poesía de Quintana: la inspiración lírica en el siglo XVIII.—Prolóngase la escuela salmantina en las primeras décadas del XIX.—Sánchez Barbero.—Somoza.—Poesía académica: D. Juan Nicasio Gallego.—Doctrina literaria de la escuela salmantina.
LECCIÓN 93
Escuela sevillana.—Postración y abatimiento de la poesía andaluza en el primer tercio del siglo XVIII.—Esfuerzos de Olavide, Jove-Llanos y Forner.—Fundación de la Academia Horaciana.—Idem de la de Letras Humanas.—Pléyade poética hispalense: Núñez, Roldán, Castro, Arjona, Lista, Reinoso,. Blanco, Marchena.—Disidentes de la escuela sevillana: González Carvajal.—Doctrina literaria de la escuela sevillana: sus resultados.
Poetas granadinos: Burgos, Martínez de la Rosa.—Poetas valencianos y aragoneses: Villanueva, Plano, Mor de Fuentes, Báguena, etc.
LECCIÓN 94
Poesía horaciana.—D. Leandro Fernández de Moratín considerado como lírico.—Moratín y los poetas italianos de su tiempo. Grupo literario moratinesco: preceptistas y críticos: Tineo, Hermosilla, etc.—Poetas: Don Dionisio Solís, D. Norberto Pérez de Camino, D. Manuel Cabanyes.
Poetas independientes y que no pueden clasificarse en ninguno de los grupos anteriores: Arriaza, Vargas Ponce, Maury.
Observaciones generales sobre el desarrollo de la lírica castellana en el siglo XVIII y primer tercio del XIX.
LECCIÓN 95
La poesía lírica en Portugal.—Su desastroso estado a principios de la centuria XVIII.—Indicios de mudanza en el gusto: traducción de Boileau, por el conde de Ericeyra: Academias del  reinado de D. Juan V.—Administración de Pombal: la Arcadia lisbonense.—Tentativas pindáricas, de Antonio Diniz: su poema burlesco el Hysopo.— Líricos horacianos: Correia Garçao.—Bucólicos: Domingo dos Reis Quita.—Eróticos: Tomás Gonçaga (La Marilia de Dirceu).— Satíricos: Nicolás Tolentino.—Poetas de la segunda Arcadia: Bocage: Francisco Manuel (Filinto): sus odas horacianas.—Bandos opuestos defilintistas y elmanistas.— Poetas académicos y horacianos: Ribeiro dos Santos, Stockler, etc.— La marquesa de Alorna.—José Agustín de Macedo.—El Romanticismo: primeras obras de Almeida-Garrett.
Ensayos épicos: poetas brasileños: Fr. José Durao (Caramuru), José Basilio de Gama (el Uruguay).
LECCIÓN 96
El teatro en Castilla.—Ultimos poetas de la antigua escuela: Zamora (El Convidado de piedra, El Hechizado por fuerza, etc.).— Cañizares (El Dómine Lucas, El picarillo en España, etc.). —Comedias de santos, de valentías, de guapezas y desafueros, de magia, etcétera.—Asoma la influencia francesa y académica.—Traducción del Cisma, por el marqués de S. Juan.—Imitación de la Ifigenia, por Cañizares.—Doctrinas críticas de Luzán, Nasarre y Montiano.—Boga de la ópera italiana en tiempo de Fernando VI. Ensayos trágicos al modo francés: Virginia y Ataulfo, de Montiano, Hormesinda y Guzmán el Bueno, de D. Nicolás de Moratín; Sancho García, de Cadalso, Raquel, de Huerta; Numancia, de Ayala; Munuza, de Jove-Llanos, etc.—Traducciones de Llaguno y Armírola (Atalia): Clavijo y Fajardo, Olavide, etc.—Luchas de Huerta en pro de la antigua escena: espíritu castellano de la Raquel.
Género cómico.—Sainetes de D. Ramón de la Cruz. Comedia lacrimosa: El delincuente honrado, de Jove-Llanos.—Comedia de costumbres: Moratín padre (La petimetra); Iriarte (El señorito mimado, etc.).—Perversión y barbarie del gusto popular: Comella, Valladares, Zabala...
Triunfo de la escuela clásica.—Comedia terenciana. D. Leandro Fernández de Moratín y Moliére.—Escasos imitadores de Moratín.—Gorostiza, etc.
Prosiguen los ensayos trágicos: influencia del teatro de Alfieri. —Cienfuegos (Zoraida, Pítaco, Idomeneo, La Condesa de Castilla). Quintana (Pelayo).— Sánchez Barbero (Saul).—Marchena (Polixena).— D. Dionisio Solís (Camila, Blanca de Borbón).— Martínez de la Rosa (La viuda de Padilla,, etc.).—Traducciones de Saviñón, Solís, etc.
LECCIÓN 97
El teatro en Portugal.—Representaciones de comedias castellanas.—La ópera en tiempo de D. Juan V.—La baja comedia. Antonio José (El judío): sus farsas (Alecsim e Mangerona, Don Quixote, Encantos de Medea, etc.).—Nicolás Luis: Comedias de cordel.— Tentativas clásicas de los Arcades: discursos de Garçao sobre la poesía dramática: su comedia A Assemblea: sucantata de Dido.—Diniz (O falso heroísmo).— Manuel de Figueiredo.—Domingo dos Reís Quita (Castro, la pastoral de Lycoris).— Juan Bautista Gómez (A nouva Castro).— Traducciones y refundiciones del francés y del italiano.—Obras juveniles de Almeida Garrett (Caton, Mérope).
LECCIÓN 98
Prosa didáctica y satírica.—El influjo francés le da un carácter analítico a costa de la abundancia y la armonía. Principales prosistas del siglo XVIII.—Polígrafos: Feijóo, Jove-Llanos, el P. Ceballos. —Oratoria sagrada: Calatayud, Bocanegra, Fr. Diego de Cádiz, etc.—Oratoria forense: Meléndez, Viegas.—Oratoria académica: Jove-Llanos.—Economistas y políticos: Campomanes, Cabarrús, etc.—Escritores de crítica literaria: Luzán, Mayans, Sarmiento, Isla, Codorniu, D. Vivente de los Ríos, Cadalso, Iriarte, Forner, Sánchez (D. T. A.), Moratín, Estala, Berguizas, Campmany, Marchena, Quintana.—Jesuitas españoles que escribieron en lengua italiana: Andrés, Hervás y Panduro, Lampillas, Eximeno, Arteaga.
LECCIÓN 99
La Historia.—El Marqués de S. Felipe (Comentarios de la guerra de España).— Desarrollo de la Historia erudita: Ferreras, Berganza, Burriel, Velázquez.—El P. Flórez y los continuadores de la España Sagrada.—Exageraciones del espíritu crítico: Masdeu—Historias particulares: Muñoz (Historia del Nuevo Mundo). Ayala (Historia de Gibraltar).— Monografías históricas: Investigaciones de Capmany sobre la marina, comercio y artes de Barcelona: de Moratín sobre Los orígenes del teatro, etc. Historia política y legislativa: Martínez Marina.
La novela en el siglo XVIII.—Torres Villarroel: ficciones satírico-morales a imitación de Quevedo.—Afán de Ribera (Virtud al uso).— El P. Isla (Fr. Gerundio de Campazas). — Montengón: géneros que cultiva; novela histórica (Rodrigo), novela moral y pedagógica (Eusebio, etc.).—Mor de Fuentes: imitación del Werther.— Vaca de Guzmán (Segunda parte de losViajes de Wanton).— Razones que explican la pobreza y mediocridad de las novelas en el siglo pasado. —Cuadros de costumbres de Somoza.
LECCIÓN 100
Consideraciones generales sobre el movimiento literario del siglo XIX.—En Portugal.—En Cataluña.—En América.—Principales direcciones y escuelas.
DEFENSA DEL PROGRAMA [1]
Distinción entre la crítica histórica y la estética. Aquí tenemos que aplicar las dos. El acto de la apreciación de la belleza es mixto. Encierra un juicio y un sentimiento. No conviene dar demasiado predominio al elemento afectivo ni al discursivo. El crítico ha de tener, si no facultades artísticas, por lo menos análogas a las artísticas; debe penetrar en la génesis de la obra y ponerse, hasta cierto punto, en la situación del autor analizado. Puede faltar al crítico el talento de ejecución, pero en manera alguna otras condiciones. El juicio ha de ser formal, propio y espontáneo, si vale la frase.
Los elementos de la crítica han de tomarse del estudio del mundo y de las cosas humanas, de la comparación de los modelos y de una teoría formada ya a priori, ya a posteriori y como efecto de esa comparación.
Ha de haber principios en la crítica, so pena de reducir ésta a impresiones subjetivas; pero los principios solos no bastan, por su carácter vago y de generalidad. Las reglas son más bien negativas que positivas.
La apreciación estética no es en manera alguna un acto puramente intelectual. Ejemplo de la insuficiencia del juicio tenemos en algunos críticos del siglo pasado, que no podían admirar la arquitectura gótica a pesar de sentirse atraídos hacia ella.
El crítico tiene que analizar, describir, clasificar y, finalmente,  jugar.
El método exclusivamente histórico trae los siguientes males: 1.º Pagarse de accidentales relaciones entre lo histórico y lo artístico. 2.º Negar sus grandezas al genio y atribuirlo todo a la sociedad.
¿Qué método es el que autoriza para suprimir todas las cuestiones relativas a orígenes del metro y de la rima, para dejar fuera a Ausías March?
Comparación de la alta crítica y de la crítica erudita con la física escolástica y la física experimental. ¿A quién deben las ciencias más adelantos?
El profesor encastillado en la alta crítica es un ente atrasadísimo, que no ve ni oye nada de los verdaderos descubrimientos que cada día se hacen en torno de él.
La crítica no es alta ni baja; la crítica es una, pero compleja: abraza la crítica externa o bibliográfica, la interna o formal, la transcendental, la histórica: cualquiera de estas partes que falte, el estudio será incompleto.
No habría en el mundo cosa más fácil que la crítica, tal como los adversarios la entienden.
Además, esa crítica no tiene jugo ni inspira la curiosidad; es fría, académica y pedantesca.
La ciencia histórica es en grandísima parte ciencia de hechos y de observación, tiene que emplear con frecuencia procedimientos análogos a los de las ciencias naturales, no puede sintetizar sin haber analizado antes, no puede generalizar sin conocer los hechos particulares.
Cabalmente hoy la corriente favorece a las ciencias y estudios de observación, y es adversa a la síntesis y generalizaciones precipitadas. Si el positivismo representa algo, eso representa. Las vaguedades, nebulosidades y logomaquias están en completo descrédito. Es más: hoy hasta se sacrifica lo estético a lo histórico; así P. Meyer, G. París, Mussafia, Braunfels, Comparetti, etc.
Lo que sería un alumno educado por la alta crítica. El que se entregue a la alta crítica tendrá que creer a ciegas las noticias que  de cualquier autor de segunda mano reciba, y a lo mejor encontrará destruidas sus teorías, verdaderos castillos en el aire, por descubrimiento de hechos, de autores y de libros.
Siguiendo el sistema de la alta crítica, con aprenderse tres discursos lo tiene el profesor hecho todo. La tal alta crítica, es una sarta de lugares comunes.
Cítese luego lo de la potencialidad y la independización.
No se olvide lo que sería un alumno educado según la alta crítica. Se le daría, p. ej., un Cancionero del siglo XV, y no sabría leerle por falta de crítica paleográfica; ni entenderle, por falta de crítica lingüística; ni ponerle en su lugar, por falta de crítica histórica; ni juzgarle, según reglas de gusto, por falta de crítica literaria. Sólo diría cuatro lugares comunes sobre cancioneros y poesía del siglo XV.
Los escritores hispano-latinos del Renacimiento deben comprenderse en el Programa:
1.º Porque eran españoles y expresaban ideas y sentimientos españoles, mucho más que la mayor parte de los escritores de ahora.
2.º Porque la lengua es una de las últimas condensaciones de la forma literaria.
3.º Porque es una contradicción incluir, v. gr., la Historia castellana de Mariana y suprimir la latina.
4.º Porque no se comprendería la influencia de la literatura latina del Renacimiento en las vulgares si no se conoce antes esta literatura latina.
5.º Porque no hay una cátedra donde tales obras y escritores se expliquen.
6.º Porque es una contradicción incluir a los escritores hispano-latinos de la antigüedad que vivieron en tiempos en que el estado español no existía, ni existía tampoco el sentimiento nacional, y omitir a los del Renacimiento.
7.º Porque hay géneros literarios, especialmente el oratorio y el didáctico, que en el siglo XVI se cultivaron en latín casi exclusivamente, y de seguro mucho más que en castellano, por lo cual, omitidos esos escritores, ha de resultar manca la historia de tales géneros y formárase el alumno mil ideas equivocadas.
Aplicaciones varias de la voz literatura.

Crítica bibliográfica desde N. Antonio.
Crítica formalista o externa (distínguense en ella dos momentos: el del Renacimiento y el del siglo pasado).
Crítica estética (nace con los alemanes: Schlegel, etc.). Sus inconvenientes.
Crítica filosófica (Hegelianos: Rosenkrantz).
Crítica histórica: tiene el inconveniente de anular demasiado la personalidad del escritor y convertirlo en eco, espejo o reflejo de una civilización.
Método analítico (escuela de Grirn, Díez, P. París, G. París, P, Meyer, etc.)
Yo he procurado evitar los inconvenientes de todos estos sistemas. Tengo principios estéticos: procuro, además, poner la historia literaria dentro de la historia social; pero no traigo un sistema a priori que me empeñe en aplicar a todo, aunque los hechos lo resistan. Sin hechos que juzgar no se puede hacer juicio. Tampoco han de tomarse sólo los hechos culminantes, sino también los de segundo orden, porque estos aclaran y completan los principales. ¿Dónde hay más hechos menudos que en la Historia del Derecho Español en la Edad Media, de Savigni? Y todos, sin embargo, vienen allí a corroborar y a confirmar la grande idea de la persistencia del derecho romano en la Edad Media.
En cuanto a literatura, sabida es la frase de St. Marc Girardin: «Para producir un buen poeta, son necesarios cien poetas malos», no sólo porque las caídas enseñan, sino porque en las obras de los grandes poetas se encuentran aprovechados elementos de obras anteriores medianas.
Mi primera dificultad ha sido fijar la índole y límites de la asignatura. Desde luego suprimo el adjetivo crítica, porque ¿qué historia será la que carezca de crítica? La recopilación seca y descarnada de hechos no es historia, sino un almacén de materiales para ella.
Se me acusa de carecer de critica y, sin embargo, no solo aplico la crítica estética, sino la histórica y filosófica. (Ved todo esto en la lección de Lucano.)
¿Ha de abrazar también la historia de la ciencia? En parte, sí:
1.º Porque la literatura abraza, no sólo las obras en que el elemento estético es el dominante, sino también aquellas en que está como subordinado a otros de utilidad más práctica y directa.
2.º Porque ¿adónde iría el sentido íntimo si sólo la forma poética se estudiase?
Si la historia de nuestra literatura es la del ingenio español, menester será buscarle dondequiera que se halle y en cualquier lengua o dialecto en que esté formulado. El concepto de nacionalidad es harto vago y etéreo para que en él se pueda fundar literatura alguna. Y además, ¿cuándo empieza la literatura española? ¿Desde cuándo hay espíritu nacional? Claro es que no le hay entre los primeros pobladores de España, ni en la época romana, ni en la visigoda; pero sí elementos y formas de carácter nacional, que se reflejan en la lengua y en el arte literario. Estos elementos se van depurando y llegan a su madurez en los tiempos de la Reconquista, y no sólo entre los cristianos independientes, sino hasta cierto punto entre moros y judíos. Los primeros eran españoles hasta por la raza y renegados en su mayor parte. Además, entraban por mucho en su cultura elementos muzárabes. La literatura provenzal murió en flor; había empezado por la corte y por los eruditos y no llegó a ser lengua popular. La catalana recorre un ciclo literario más completo; pero antes de cerrarle, es absorbida por la literatura castellana. No hay literatura navarra y aragonesa. ¿Cómo y en qué es castellana la literatura portuguesa? La literatura española, como todas las modernas, sobre todo, las neo-latinas, nacen de despojos y de reliquias; es una literatura derivada y, como tal, no se le pueden aplicar esas doctrinas cerradas sobre los géneros que se pueden aplicar a literaturas como la griega o la sánscrita. Aquí nunca ha faltado totalmente ninguno de los géneros de transición.
Yo no sostengo que mi programa sea mejor que los infinitos que puedan presentarse; no creo estar en posesión de la verdad absoluta, ni mucho menos. Lo que sostengo es, que es mejor que los otros programas presentados; más uno, más metódico y consecuente. Desde luego me ajusto escrupulosamente al orden cronológico, sin confundir, v. gr., los autores del siglo XVI con los del XVII, ni los tiempos de Carlos V, con los de la época de Felipe II.
No sacrifico ni abdicaré nunca el carácter de crítico y de artístico (bueno o malo) por entregarme a vanas generalidades históricas o estéticas, de las cuales ningún fruto puede sacar el que sienta en su alma el entusiasmo por la belleza. No creo que encierre verdad alguna aquella humorística frase de ser la estética la ciencia de los tontos; pero creo que sirve para que continuamente hablen y diserten de cosas artísticas algunos espíritus áridos y secos como el esparto, incapaces de tomar un pincel en la mano ni de hacer una mediana estrofa. Esto es, propiamente, ver la corrida desde barreras. ¿Cómo he de creer yo que a ingenios de esta guisa se les ha mostrado, sin cendales, la Venus Urania? Lo primero que debe hacer el Profesor de cosas literarias es inspirar a sus discípulos el amor y la familiaridad. con las obras artísticas bellas. Si no, ¿para qué sirve su enseñanza? Hay ciertos nadas que son todo.
Debe el Profesor hacer investigaciones propias y no contentar se en manera alguna con lo hecho. Todos tenemos obligación de conciencia de adelantar en la ciencia que cultivamos; para eso paga el Gobierno una Cátedra, y ese buen ejemplo nos dejó el Maestro cuya pérdida lloramos. De otra suerte, los discípulos se quedarían rezagados en el movimiento científico y nada sabrían de lo que pasa en torno suyo. Debe el Profesor estudiar códices y libros viejos, porque una grandísima parte de la literatura española, como de todas las modernas (incluso la francesa, que es la más estudiada), se conserva inédita, aun en sus más importantes monumentos, verbigracia las Cantigas del Rey Sabio, muchas poesías, de Server de Gerona, muchos cancioneros del siglo XV, o está en libros rarísimos, v. gr., casi todo el teatro anterior a Lope de Vega.
Si el Profesor no es paleógrafo, cítese el ejemplo del Poema del Cid.
La historia literaria debe engarzarse con la civil; pero no sacrificarse a ella, ni mucho menos, porque a veces van por distinto sendero.
No se ha de llevar el espíritu nacional demasiado lejos. Influencias extrañas.
Contéstese a las acusaciones, de que yo no me hago cargo, de la influencia de la Reforma, ni de los descubrimientos, ni de la mística, etc.
Lección preliminar. ¿Por qué no la he hecho al modo de Milego?
 La mía es una lección verdaderamente preliminar. No trato en ella cuestiones filológicas.
Literatura priscilianista. Nos queda sólo un himno.
Escuela aragonesa y Marcial. Paralelo ridículo de Amador entre Marcial y Lupercio Leonardo.
Por qué trato cuestiones filológicas.
Por qué incluyo tantos autores.
Por qué no pongo vaguedades.
Ligera explicación del programa.
Manera fácil de hacerle de otro modo.
Otro ejemplo en la cuestión de los místicos.
Inconvenientes que resultan de fiarse de la erudición de segunda mano. Principales descuidos de Amador.
Esta no es una Cátedra de Retórica y Poética ni de Principios generales de Literatura. Es una Cátedra de doctorado, donde se han de ampliar los conocimientos antes adquiridos, para pasar los alumnos al Magisterio de la Enseñanza.
Y, sobre todo, nadie que de una manera o de otra no sea artista puede juzgar ni entender de belleza. Caecus non iudicat de coloribus.
       E chi me vede e non se innamora 
D'amor non averá mai intelletto
                      Che da per gli occhi una dolcezza al cuore 
             Che intender non la puó chi non la prava.
Desde luego, es más cómodo saber poco que saber mucho.»

.  Nota del colector: Es el programa presentado por Menéndez Pelayo en las oposiciones a la cátedra de Historia Crítica de la Literatura Española en 1878. Lo publicó integro por primera vez don Miguel Artigas en la revista Cruz y Raya, 1934. Hasta ahora no ha sido coleccionado en «Estudios de Crítica Literaria».
Nota de Lisarda- en el centenario de la muerte de Marcelino Menéndez Pelayo, nos complace compartir su Programa de Literatura Española, esbozado a los 22 años.


martes, 18 de septiembre de 2012

Gabriel Ruiz de los Llanos, Mi amigo Héctor consumó



Mi amigo Héctor consumó
para gloria de él
y regocijo mío
un poema que habla de New York
que en cualquier momento te leeré.

Habítanlo
(al poema)
alójanse en él
rubias cervezas
para volarles la tapa
y hay
-en su transcurso-
shockeantes discotecas
con modernas bandas de sonido
puestas a complacer
a esas otras sonoras bandas pandillas juveniles
que las frecuentan a diario.

Y hay ilusiones
ilusiones del Norte
rotando luego al Sur
con ascenso de temperatura...
desmejorando luego.

En su poema está el Bronx
con sus mujeres mirando para afuera
esperando por verdaderos hombres
que por fin
decidan
tomárselas a pecho
( a ellas)
y está Manhattan
con sus veteranos vueltos de la guerra
en la que se vieron envueltos
veteranos de guerra rodando por la vida
dolorosamente sobre sus sillas de ruedas
en las noches benignas.

Hay también drogas allí
(en el papel, haciendo su papel)
que traen consigo
de inmediato
inmediately
los peces de colores y los elefantes
marinos y todo,
todo por el mismo precio.

Y están
-cómo podrían faltar-
las omnicomprensivas e inflables
muchachas novias de goma
dispuestas siempre a todo
novias que se insinúan
pero no menstrúan;
y hay duros
durísimos pesistas
arrendando los gimnasios
-sentando plaza en ellos,
sobre los bancos-
ejercitándose infinitamente
narcisísticamente
como clavados frente a los espejos.

Y hay sueltos por la ciudad
miles de negros
no exagero
que no las pasan negras
como las pasaban antes.

Y hay como brotes rebrotes
de nuevas religiones
todos los días
y navajas
en los límites del cuello
todas las noches.

Y está por fin, en todo
y en todos
el recuerdo mítico de Marilyn Monroe
junto al twenty fifty
junto al 20/50
de la policía
llamando...


york_25.jpg

Poema perteneciente al libro Sinceramente tuyo y otros poemas (1981)

sábado, 15 de septiembre de 2012

¿Reformar la Constitución? ¡Que viva la Pepa!





Nota de Lisarda- Habiendo presenciado ya la Reforma Constitucional de 1995 que habilitó la reelección de Carlos menem y ante la posible incursión de Cristina Fernández en idéntica maniobra, me pregunto qué nos costaría hacer una verdadera reforma y volver a la Constitución española de 1812, promulgada el 19 de marzo de 1812, fiesta de San José, y por tal motivo bautizada popularmente como "la Pepa". Los subrayados, aumentos de tipografía y marginalia me pertenecen como así también el asombro y adhesión que los causaron.




Constituciín de 1812


CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA. PROMULGADA EN
CÁDIZ A 19 DE MARZO DE 1812
Don Fernando VII, por la gracia de Dios y la Constitución de la Monarquía española, Rey  de las Españas, y en su ausencia y cautividad la Regencia del Reino, nombrada por las Cortes generales y extraordinarias, a todos los que las presentes vieren y entendieren,  sabed: Que las mismas Cortes han decretado y sancionado la siguiente:
CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA
En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, autor y supremo
legislador de la sociedad.
Las Cortes generales y extraordinarias de la Nación española, bien convencidas, después del más detenido examen y madura deliberación, de que las antiguas leyes
fundamentales de esta Monarquía, acompañadas de las oportunas providencias y
precauciones, que aseguren de un modo estable y permanente su entero cumplimiento,
podrán llenar debidamente el grande objeto de promover la gloria, la prosperidad y el bien de toda la Nación, decretan la siguiente Constitución política para el buen gobierno y recta administración del Estado.

TÍTULO PRIMERO 
DE LA NACIÓN ESPAÑOLA Y DE LOS ESPAÑOLES
CAPÍTULO PRIMERO 
De la Nación española.
Art. 1º. 
La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.
Art. 2º. 
La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna
familia ni persona.
Art. 3º. 
La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta
exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales.
Art. 4º. 
La Nación está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil,  la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen.

CAPÍTULO II 
De los españoles.
Art. 5º. 
Son españoles: Primero. Todos los hombres  libres nacidos y avecindados en los dominios de las Españas, y los hijos de éstos.
Segundo. Los extranjeros que hayan obtenido de las Cortes cartas de naturaleza.
Tercero. Los que sin ella lleven diez años de vecindad, ganada según la ley en cualquier
pueblo de la Monarquía.
Cuarto. Los libertos desde que adquieran la libertad en las Españas.

TÍTULO II 
DEL TERRITORIO DE LAS ESPAÑAS, SU RELIGIÓN Y GOBIERNO, Y DE LOS
CIUDADANOS ESPAÑOLES

CAPÍTULO PRIMERO 
Del territorio de las Españas
Art. 10. 
El territorio español comprende en la Península con sus posesiones e islas adyacentes, Aragón, Asturias, Castilla la Vieja, Castilla  la Nueva, Cataluña, Córdoba, Extremadura,
Galicia, Granada, Jaén, León, Molina, Murcia, Navarra, Provincias Vascongadas, Sevilla y Valencia, las islas Baleares y las Canarias con las demás posesiones de África.  En la América septentrional, Nueva España, con la Nueva Galicia y Península de Yucatán, Guatemala, provincias internas de Oriente, provincias internas de Occidente, isla de Cuba con las dos Floridas, la parte española de la isla de Santo Domingo, y la isla de Puerto Rico con las demás adyacentes a éstas y al continente en uno y otro mar. 
En la América meridional, la Nueva Granada, Venezuela, el Perú, Chile, provincias del Río de la Plata, y todas las islas adyacentes en el mar Pacífico y en el Atlántico. 
En el Asia, las islas Filipinas, y las que dependen de su gobierno.

CAPÍTULO III 
Del Gobierno.
Art. 13. 
El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad
política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen.

CAPÍTULO IV 
De los ciudadanos españoles
Art. 18. 
Son ciudadanos aquellos españoles que por ambas líneas traen  su origen de los dominios españoles de ambos hemisferios, y están, avecindados en cualquier pueblo de los mismos dominios. *

* Imaginate todos los trámites ahorrados en 2 siglos

Art. 21. 
Son asimismo ciudadanos los hijos legítimos de los extranjeros domiciliados en las
Españas, que habiendo nacido en los dominios españoles, no hayan salido nunca fuera
sin licencia del Gobierno, y teniendo veintiún años cumplidos, se hayan avecindado en un  pueblo de los mismos dominios, ejerciendo en él alguna profesión, oficio o industria útil.

Art. 22. 
A los españoles que por cualquiera línea son habidos y reputados por originarios del
África, les queda abierta la puerta de la virtud y del merecimiento para ser ciudadanos: en su consecuencia, las Cortes concederán carta de ciudadano a los que hicieren servicios calificados a la Patria, o a los que se distingan por su talento, aplicación y conducta, con la condición de que sean hijos de legítimo matrimonio de padres ingenuos; de que estén casados con mujer ingenua, y avecindados  en los dominios de las Españas, y de que ejerzan alguna profesión, oficio o industria útil con un capital propio.

Art. 23.  
Sólo los que sean ciudadanos podrán obtener empleos municipales, y elegir para ellos en los casos señalados por la ley.

Art. 24. 
La calidad del ciudadano español se pierde:
Primero. Por adquirir naturaleza en país extranjero.
Segundo. Por admitir empleo de otro Gobierno.
Tercero. Por sentencia en que se impongan  penas aflictivas o infamantes, si no se
obtiene rehabilitación.


Art. 25. 
El ejercicio de los mismos derechos se suspende:
Primero. En virtud de interdicción judicial por incapacidad física o moral.
Segundo. Por el estado de deudor quebrado, o de deudor a los caudales públicos. (Shocklender!)
Tercero. Por el estado de sirviente doméstico.
Cuarto. Por no tener empleo, oficio, o modo de vivir conocido.
Quinto. Por hallarse procesado criminalmente.
Sexto. Desde el año de 1830 deberán saber leer y escribir los que de nuevo entren en el
ejercicio de los derechos de ciudadano.


Art. 172. 
Las restricciones de la autoridad del Rey son las siguientes:
Primera. No puede el Rey impedir, bajo ningún pretexto, la celebración de las Cortes en
las épocas y casos señalados por la Constitución, ni suspenderlas ni disolverlas, ni en
manera alguna embarazar sus sesiones y deliberaciones. Los que le aconsejasen o
auxiliasen en cualquier tentativa para estos  actos, son declarados traidores y serán
perseguidos como tales.

Segunda. No puede el Rey ausentarse del Reino sin consentimiento de las
Cortes, y si lo hiciere, se entiende que ha abdicado la Corona.

Tercera. No puede el Rey enajenar, ceder, renunciar, o en cualquiera manera traspasar a otro la autoridad real, ni alguna de sus prerrogativas. Si por cualquiera causa quisiere abdicar el trono en el inmediato sucesor, no lo podrá hacer sin el consentimiento de las Cortes.

Cuarta. No puede el Rey enajenar, ceder o permutar provincia, ciudad, villa o lugar, ni  parte alguna, por pequeña que sea, del territorio español.
Quinta. No puede el Rey hacer alianza ofensiva, ni tratado especial de comercio con
ninguna potencia extranjera, sin el consentimiento de las Cortes.
Sexta. No puede tampoco obligarse por ningún tratado a dar subsidios a ninguna
potencia extranjera sin el consentimiento de las Cortes.
Séptima. No puede el Rey ceder ni enajenar los bienes nacionales sin consentimiento de  las Cortes.

Octava. No puede el Rey imponer por sí, directa ni indirectamente, contribuciones, ni
hacer pedidos bajo cualquier nombre o para cualquier objeto que sea, sino que siempre
los han de decretar las Cortes.

Novena. No puede el Rey conceder privilegio exclusivo a persona ni corporación alguna. ((Golden Barrick, Monsanto, Shocklender, Antonio de la Rúa, Gioja que transó con la minería transnacional y arregló el cambio en el Código de Minería, el mínimo Máximo por su "rodilla" con clorhidrato, los que multiplican su patrimonio sin mover un dedo,  etcéeeeteraaaas))

Décima. No puede el Rey tomar la propiedad  de ningún particular ni corporación, ni turbarle en la posesión, uso y aprovechamiento de ella, y si en algún caso fuere necesario para un objeto de conocida utilidad común tomar la propiedad de un  particular, no lo podrá hacer sin que al mismo tiempo sea indemnizado y se le dé el buen cambio a bien vista de hombres buenos.

Undécima. No puede el Rey privar a ningún individuo de su libertad, ni imponerle por sí  pena alguna. El Secretario del  Despacho que firme la orden, y  el Juez que la ejecute, serán responsables a la Nación, y castigados como reos de atentado contra la libertad individual. Sólo en caso de que el bien y seguridad del Estado exijan el arresto de alguna  persona, podrá el Rey expedir órdenes al efecto; pero con la condición de que dentro de cuarenta y ocho horas deberá hacerla entregar a disposición del tribunal o juez competente.



Art. 252. 
Los magistrados y jueces no podrán ser depuestos en sus destinos, sean temporales o
perpetuos, sino por causa legalmente probada y sentenciada,  ni suspendidos, sino por
acusación legalmente intentada.

Art. 253.
 Si al Rey llegaren quejas contra algún magistrado, y formado expediente, parecieren
fundadas, podrá, oído el Consejo de Estado, suspenderle, haciendo pasar
inmediatamente el expediente  al Supremo Tribunal de Justicia, para que juzgue con
arreglo a las leyes.

Art. 254. 
Toda falta de observancia de las leyes que arreglan el proceso en lo civil y en lo criminal,  hace responsables personalmente a los jueces que la cometieren. 

Art. 255. 
El soborno, el cohecho y la prevaricación de los magistrados y jueces producen acción  popular contra los que los cometan.

Art. 256. 
Las Cortes señalarán a los magistrados y jueces de letras una dotación competente





CAPÍTULO II
De la administración de justicia en lo civil.
Art. 286. 
Las leyes arreglarán la administración de justicia en lo criminal de manera que el proceso  sea formado con brevedad y sin vicios, a fin  de que los  delitos sean prontamente  castigados. 
Art. 287. 
Ningún español podrá ser preso sin que preceda información sumaria del hecho por el
que merezca, según la ley, ser castigado con pena corporal, y asimismo un mandamiento
del juez por escrito, que se le notificará en el acto mismo de la prisión.
Art. 288. 
Toda persona deberá obedecer estos mandamientos: cualquiera resistencia será
reputada delito grave.
Art. 289. 
Cuando hubiere resistencia o se temiere la fuga, se podrá usar de la fuerza para asegurar
la persona.
Art. 290. 
El arrestado, antes de ser puesto en prisión, será presentado al juez, siempre que no
haya cosa que lo estorbe, para que le reciba declaración; mas, si esto no pudiere
verificarse, se le conducirá a la cárcel en  calidad de detenido, y el juez le recibirá la declaración dentro de las veinticuatro horas.
Art. 291. 
La declaración del arrestado será sin juramento, que a nadie ha de tomarse en materias
criminales sobre hecho propio.
Art. 292. 
Infraganti, todo delincuente puede ser arrestado y todos pueden arrestarle y conducirle a
la presencia del juez: presentado o puesto en  custodia, se procederá en todo como se
previene en los dos artículos precedentes.
Art. 293. 
Si se resolviere que al arrestado se le ponga en la cárcel, o que permanezca en ella en
calidad de preso, se proveerá auto motivado, y de él se entregará copia al alcaide para
que la inserte en el libro de presos, sin cuyo requisito no admitirá el alcaide a ningún
preso en calidad de tal, bajo la más estrecha responsabilidad.
Art. 294. 
Sólo se hará embargo de bienes cuando se proceda por delitos que llevan consigo
responsabilidad pecuniaria, y en proporción a la cantidad a que ésta pueda extenderse.
Art. 295. 
No será llevado a la cárcel el que dé fiador en los casos en que la ley no prohíba
expresamente que se admita la fianza.
Art. 296. 
En cualquier estado de la causa que aparezca que no puede imponerse al preso pena
corporal, se le pondrá en libertad, dando fianza.
Art. 297. 
Se dispondrán las cárceles de manera que sirvan para asegurar, y no para molestar a los
presos; así, el alcaide tendrá a éstos en  buena custodia, y separados los que el juez
mande tener sin comunicación; pero nunca en calabozos subterráneos ni malsanos.

Art. 302. 
El proceso, de allí en adelante, será público en el modo y forma que determinen las leyes.
Art. 303. 
No se usará nunca del tormento ni de los apremios.
Art. 304. 
Tampoco se impondrá la pena de confiscación de bienes.
Art. 305. 
Ninguna pena que se imponga, por cualquier delito que sea, ha de ser trascendental por
término ninguno a la familia del que la sufre, sino que tendrá todo su efecto precisamente sobre el que la mereció.
Art. 306. 
No podrá ser allanada la casa de ningún español, sino en los casos que determine la ley
para el buen orden y seguridad del Estado.
Art. 307. 
Si con el tiempo creyeren las Cortes que conviene haya distinción entre los jueces del
hecho y del derecho, la establecerán en la forma que juzguen conducente.
Art. 308. 
Si en circunstancias extraordinarias la seguridad del Estado exigiese, en toda la
Monarquía o en parte de ella, la suspensión de algunas de las formalidades prescritas en
este capítulo para el arresto de los delincuentes, podrán las Cortes decretarla por un
tiempo determinado.


TÍTULO VI
DEL GOBIERNO INTERIOR DE LAS PROVINCIAS Y DE LOS PUEBLOS

Art. 316. 
El que hubiere ejercido cualquiera de estos cargos no podrá volver a ser elegido para
ninguno de ellos sin que pasen, por lo menos, dos años, donde el vecindario lo permita.
Art. 317. 
Para ser alcalde, regidor o procurador síndico, además de ser ciudadano en el ejercicio
de sus derechos, se requiere ser mayor de veinticinco años, con cinco, a lo menos, de
vecindad y residencia en el pueblo. Las leyes determinarán las demás calidades que han
de tener estos empleados.
Art. 318. 
No podrá ser alcalde, regidor ni procurador síndico ningún empleado público de
nombramiento del Rey que esté en ejercicio, no entendiéndose comprendidos en esta
regla los que sirvan en las milicias nacionales.
Art. 319. 
Todos los empleos municipales referidos serán carga concejil, de que nadie podrá
excusarse sin causa legal.
Art. 320. 
Habrá un secretario en todo Ayuntamiento, elegido por éste a pluralidad absoluta de
votos, y dotado de los fondos del común. 

Art. 321. 
Estará a cargo de los Ayuntamientos:
Primero. La policía de salubridad y comodidad. Segundo. Auxiliar al alcalde en todo lo que pertenezca a la seguridad de las personas y  bienes de los vecinos, y a la conservación del orden público.
Tercero. La administración e inversión de los caudales de propios y arbitrios, conforme a las leyes y reglamentos, con el cargo de nombrar depositario bajo responsabilidad de los que le nombran.
Cuarto. Hacer el repartimiento y recaudación  de las contribuciones, y remitirlas a la
Tesorería respectiva.
Quinto. Cuidar de todas las escuelas de primeras letras y de los demás establecimientos  de educación que se paguen de los fondos del común.
Sexto. Cuidar de los hospitales, hospicios, casas de expósitos y demás establecimientos de beneficencia, bajo las reglas que se prescriban.
Séptimo. Cuidar de la construcción y reparación de los caminos, calzadas, puentes y cárceles, de los montes y plantíos del común, y de todas las obras públicas de necesidad, utilidad y ornato.
Octavo. Formar las Ordenanzas municipales del pueblo y presentarlas a las Cortes para
su aprobación por medio de la Diputación provincial, que las acompañará con su informe.
Noveno. Promover la agricultura, la industria y el comercio, según la localidad y
circunstancias de los pueblos, y cuanto les sea útil y beneficioso.
Art. 322. 
Si se ofrecieren obras u otros objetos de  utilidad común, y por no ser suficientes los
caudales de propios, fuere necesario recurrir a arbitrios, no podrán imponerse éstos sino
obteniendo por medio de la Diputación provincial la aprobación de las Cortes. En el caso de ser urgente la obra u objeto a que se  destinen, podrán los Ayuntamientos usar
interinamente de ellos con el consentimiento de la misma Diputación, mientras recae la
resolución de las Cortes. Estos arbitrios se administrarán en todo como los caudales de
propios.


TÍTULO IX
DE LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA
CAPÍTULO ÚNICO
Art. 366. 
En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras, en las
que se enseñará a los niños a leer, escribir y contar, y el catecismo de la religión católica,  que comprenderá también una breve exposición de las obligaciones civiles.
Art. 367. 
Asimismo se arreglará y creará el número competente de Universidades y de otros establecimientos de instrucción que se juzguen convenientes para la enseñanza de todas
las ciencias, literatura y bellas artes. 
Art. 368. 
El plan general de enseñanza será uniforme en  todo el Reino, debiendo explicarse la
Constitución política de la Monarquía en todas las Universidades  y establecimientos
literarios donde se enseñen las ciencias eclesiásticas y políticas.
Art. 369. 
Habrá una Dirección general de estudios, compuesta de personas de conocida
instrucción, a cuyo cargo estará, bajo la autoridad del Gobierno, la inspección de la  enseñanza pública.
Art. 370. 
Las Cortes, por medio de planes y estatutos especiales, arreglarán cuanto pertenezca al
importante objeto de la instrucción pública.
Art. 371. 
Todos los españoles tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia, revisión o aprobación alguna  anterior a la publicación, bajo las  restricciones y responsabilidad que establezcan las leyes.


Cádiz, 18 de Marzo de 1812.--Vicente Pascual, Diputado por la ciudad de Teruel,
presidente.--(Siguen las firmas de los Sres. Diputados)--José María Gutiérrez de Terán,
Diputado por Nueva España, secretario.—José Antonio Navarrete, Diputado por el Perú,
secretario.—José de Zorraquin, Diputado por Madrid, secretario.—Joaquín Díaz Caneja,
Diputado por León, secretario.” 
Por tanto, mandamos a todos los españoles  nuestros súbditos, de cualquiera clase y condición que sean, que hayan y guarden la Constitución inserta, como ley fundamental de la Monarquía, y mandamos asimismo a todos los Tribunales, Justicias, Jefes, Gobernadores y demás Autoridades, así civiles como militares y eclesiásticos, de cualquiera clase y dignidad, que guarden y hagan guardar, cumplir y ejecutar la misma Constitución en todas sus partes.
Tendréislo entendido y dispondréis lo necesario a su cumplimiento, haciéndolo imprimir, publicar y circular.—Joaquín de Mosquera y Figueroa, presidente.—Juan
Villavicencio.—Ignacio Rodríguez de Rivas.—El Conde del Abisbal.
En Cádiz a 19 de Marzo de 1812.—A. D. Ignacio de la Pezuela.


sábado, 1 de septiembre de 2012

Dársena Sur



Nota de Lisarda-

Tanto en la tradición de documentales como Las Hurdes de Luis Buñuel o -más próximos en el tiempo- de libros como Los hijos de Sánchez  del antropólogo Oscar Lewis, podríamos ubicar el documental  Dársena Sur (1997) de Pablo Reyero.

Geografía marginal, gente marginal, testimonio marginal. Lo que en el ámbito de la ciencia-ficción suele pasar por profecía del apocalipsis por venir, aquí es una tragedia en sordina, cotidiana, doméstica. Los únicos efectos especiales son los residuos químicos de las fábricas: no es ningún descubrimiento revelar los efectos en la salud poblacional, pero esos efectos están contados con el énfasis de los vencidos: sin énfasis. La irritación ocular, la tos, las enfermedades son la única realidad omnipresente. A pesar de que el testimonio de Liliana abunda en velas e imágenes de Jesús-anche una, fugaz, de monseñor Escrivá- la religión que se desprende de su testimonio es el fatalismo.Las cosas ocurren y esa es la única certeza: que ocurren de un solo modo posible.

Recuerdo un cartel en Ilha do Mel: não  jogue lixo. En Dársena Sur la basura está aquí, allá y en todas partes. Y si pensamos que los que allí habitan ya son parte del paisaje, no cuesta mucho adivinar en qué dudoso status ubicará el Estado a estos habitantes. Y digo habitantes porque bien poco les queda ya de ciudadanos salvo, claro está, para día de elecciones.

Hace poco más de un siglo- el 10 de febrero de 1912, se sancionó en el país la Ley Nº 8.871, conocida como Ley Sáenz Peña, que estableció el sufragio universal. La frase del entonces presidente era "sepa el pueblo votar". Hoy me pregunto: ¿sabremos elegir?


miércoles, 29 de agosto de 2012

Juan Zorrilla de San Martín, El sermón de la paz






IV

Pero si mía es la casa, lo son, sobre todo, los árboles que allí he plantado, y regado, y defendido de las abominables hormigas. Sí, muy trabajadores y ahorrativas, las hormigas; son pueblos industriales y fuertes, los hormigueros; naciones conquistadoras. Pero no son los cultivadores de frutos y legumbres, a buen seguro, quienes les consagran fábulas apologéticas, con menoscabo del honor de las cigarras cantantes. La inerme cigarra no atesora, efectivamente; vive sólo de sol, sin quitárselo a nadie, como vive de sombra y de humedad el sapo, criatura también buena, amable y musical, objeto constante, sin embargo, de desprecios y persecuciones de lo más injusto que conozco, por parte de los muchachos, sobre todo, sin duda porque no corre ni muerde. Ese pobre sapo es, como la cigarra, inofensivo, indefenso, benéfico; su voz de oboe coreada por las castañuelas de plata de las ranas que piden agua o la agradecen al cielo, y por el trémulo grito de los grillos, es una de las voces respetables de la naturaleza; hay un momento en ésta caracterizado por la voz del primer zorzal, y lo hay señalado por la del primer sapo. Son dos notas fundamentales de la grande orquesta. La misma enigmática figura del sapo, aunque lo vemos generalmente en cuclillas, en actitud de ídolo suplicante, n o carece de cierta dignidad. Muy pocos le han observado los ojos resignados y pacientes; que, a haberlo hecho, no lo mirarían con tanto desvío y antipatía. Bien pudiera ser un ente superior, un príncipe convertido en fea bestia, en castigo de algún pecado de amor impuro, el desventurado sapo. Hay entre esos mis árboles algunos de singular mérito; lo ombúes que allí tengo, por ejemplo, ocho o diez, son magníficos. El ombú, dicho sea de paso, es el árbol que yo prefiero, no sólo por ser el que con más pasión se abraza a su madre, y madre mía, la tierra en que ambos nacimos; no sólo por su opulenta forma, sino porque no se come; no despierta apetitos; no es maderable; ni siguiera sirve para el fuego. Pero nos da sombra, el mejor fruto del sol, nuestro mejor amigo: sombra. No es esto decir claro está, que yo no estime en lo que valen los árboles frutales que allí cultivo; los perales, pongo por caso. Los hay, plantados por mí, que han producido hasta una docena de peras, y aún más, perfectamente maduras, como hay higueras que han dado sus higos, y algunas palmas con su gran racimo de cocos, que, si bien un poco agrios, (cocus campestris) tiene una piel amarilla azucarada, muy buscada por las avispas. No pueden faltarme las flores por supuesto; pero, para no caer en prolijidad de mal gusto, sólo mencionaré las enredaderas, cuyas campanillas azules se abren por la mañana, y se cierran cuando anochece. Las madreselvas, sin embargo, que respiran en las tardes de verano y las llenan de olor a miel de abejas, deben aquí también ser recordadas, porque son, para mí, las flores por excelencia. Y mucho más cuando su olor se mezcla al de los jazmines. Hablo de los del país, de los jazmines blancos, de los fríos que vuelan en la planta y que parecen estrellas de muselina. Las tardes realmente bellas son esas: las que huelen a madreselva; por ellas he llegado a creer en este nuestro pobre sentido del olfato, tan desacreditado por algunos. Y no hay para tanto. Que si bien está en lo cierto quien afirma que ese sentido tiene mucho de contacto material, y no la pureza de la vibración sonora, no es tan irracional como pudiera creerse la analogía entre una ráfaga de madreselvas y un melodía de Bellini, que, al caer la tarde, sale, de un piano desconocido, por una ventana abierta en lo alto. Yo concibo perfectamente un poema hecho de olores; el de la madreselva me tra vuelos de risas en el aire, voces de niños que juegan antes de irse a dormir; el de las azucenas parece cantar la Salve en mi memoria, como una voz de armonium. 

V 

El paisaje natural que allí me rodea tiene todo cuanto es dado desear; nitidez de dibujo, riqueza y armonía de tonos, luminosidad, expresión definida. El Río de la Plata, que ocupa todo el horizonte y se llega con sus aguas hasta mi puerta, es el protagonista, como no puede menos, de mi drama de color. Es un fiesta de los ojos ese nuestro río como mar de los indígenas. El verde azulado, que es su tono ordinario, se transforma y tornasola, pero sin que el agua pierda su fluidez, ni olvide su terrestre procedencia. Unos días predomina en él el verde esmeralda; otros el azul cobalto; nunca el ultramar del Océano, o el lapislázuli del Mediterráneo, que parecen resistir todo abrazo afectuoso con los verdes y los ocres de la tierra, a la que no reconocen como madre; son hijos de la infinita transparencia. En el Plata, hijo de las ausentes montañas, todo es atenuado: los tonos y el movimiento, los peñascos y las olas. La proyección del verde de los árboles, del verdinegro de los eucaliptus, entre otros, sobre aquel azul, forma una armonía de color, un color intenso, como no he visto en otra parte.

CAPITULO II - PUESTA DEL SOLI) El paisaje que estoy mirando en este momento desde mi casona de Punta Brava, y en el que creo ver concentrado mi universo, está bañado de la luz de esa divina ley. Una gaviota blanca, adorante, que parece inmensa, se acerca por el aire y me abre las alas sin recelo. Ese buen pájaro no ve en mí, como en los muchachos que tiran piedras, un enemigo fuerte; casi estoy por creer que se da cuenta de que soy su amigo. Es el espíritu, que, como las golondrinas de las torres, brota del río, cual si este echara a volar.No es esto decir que este paisaje sea invariable, por supuesto, y que todos mis días de Punta Brava (por algo se llama así) sean tibios y apacibles; lo suele haber de viento y de frío, y de chubascos; los suele haber de viento y de frío, y de chubascos. Los vientos del Sur, que vienen de lejos, del Cabo de Hornos quizá, persiguiendo hasta la costa el rebaño, presa de pánico, de las grandes olas, son a veces implacables; andan por el aire gritando, como dioses norsos conquistadores. Y cuando da en soplar el Pampero, viento del Oeste que nos llega al ras del Plata, desde las Pampas o llanuras andinas, el tiempo no es apacible; pierden las gaviotas su equilibrio o divina euritmia, y los pájaros dispersos buscan abrigo en los aleros, callados o dando chirridos; los árboles pasan sus largas horas de desamparo, y yo pienso en ellos, cuando despierto de noche, y oigo al huracán, remoto o próximo, que anda en el aire. Pero, sobre ser el caso poco frecuente, esos mismos vientos pamperos, como que los conocemos desde niños, son menos desaforados para nosotros que los extraños; están en su casa, y hasta tienen algo de los amigos importunos o pesados, que se echan de menos cuando dejamos de verlos algún tiempo; son nuestros pamperos. Ellos nos sirven, por otra parte, para apreciar mejor, y gozar con mayor gratitud, de las mañanas y tardes de bendición, llamémosle místicas, que son allí constantes; los aguaceros seguidos de sol, con su Arco-Iris del uno al otro horizonte; los ponientes gloriosos, con sus nubes en forma de lagarto o de palomas dispersas, sus procesiones de arcángeles dorados, y sus remotas ciudades caminantes, llenas de cúpulas, en el divino silencio. 
II
 
Una de esas tardes era la de ayer, precisamente, y mejor no pudo elegirla, para visitarme en mi rústica heredad, un buen amigo mío, hombre de bien a carta cabal, persona acaudalada, y de más que mediano entendimiento. Me encontró solo, trabajando a más trabajar con el rastrillo. Los árboles estaban alegres, y las enredaderas no habían cerrado los ojos azules todavía entre las hojas; mi torre parecía de mármol, y el río de esmalte azul; la cúpula del cielo estaba recién dorada por los artistas diáfanos.
 Mostraba yo envanecido todo lo mío, todas aquellas cosas, a mi amigo: mis árboles, mi pedazo de mar, la última porción de sol de aquel día, que me quedaba en las paredes de la torre. Y él, después de mirar a su alrededor, a lo lejos, hacia arriba, me miró a mí, como si hubiera descubierto un secreto que yo guardaba, el de mi caudal; me miró riendo, con aire de parabienes. ¡cómo habrán subido ahora de precio estos terrenos! Me dijo, por fin; este es ya un buen lote. Pero es preciso adquirir ese de al lado, par tener mayor frente sobre la rambla... ¿cuánto vale ahora el metro por acá? ¡Cómo vuelan! Decía Bernardino de Saint Pierre ... ¡El metro! ¿pero acaso esto tiene metros, Dios mío? ¿Es esto realmente un lote, que haya de completarse quitando el suyo al vecino? Nada de todo esto es mío, pues, desde que tiene precio; nada de esto; lo mío no tiene precio... Aquel ingrato amigo no había estado observando, como yo lo creía, ni el ombú que estaba a su lado, con el último toque de sol gratuito, ni el horizonte de cobre enrojecido, ni siquiera el mar; había advertido que por allí se había hecho, no por culpa mía, ciertamente, una rambla o avenida alquitranada, por la que corría, a todo correr, un carruaje automóvil, entre una nube de bencina. Y que no tenía más objeto que el de adelantarse a otro carruaje, que, a su vez, sólo corría por correr, desaforado. Y allí, junto a nosotros, tocándonos los cara con las ramas, estaba el peral lleno de peras maduras, en forma de campana, que parecían naranjas, por la luz del sol poniente. El árbol, plantado por mí, uno de mis predilectos, me miró con la expresión de un inofensivo animal salvaje acabado de atrapar; me miró como si hubiera oído un disparo. Que también los árboles sienten el pánico, si los observamos. En poco estuvo no lo experimentara yo mismo; sentí, cuando menos, algo como el efecto de una amenaza a mis ombúes sin valor, a mi casa de poco precio, guardada sólo por un perro compañero de mis nietos, a la puerta de los abuelos, de débil cerradura. Hubiera querido esconder todo aquello, ponerlo a salvo en otra parte, en otro rincón de mi tierra, con sus horizontes y sus gaviotas. ¡Oh las naciones grandes, las confederaciones fuertes, hijas del dios Pan, el que infunde los pánicos! También las grandes fortunas de los hombres se forman así: por la conglomeración de las chicas aniquiladas. Y así se amasan los patrimonios suntuosos, donde no se pone el sol, y donde no se goza de la noche estrellada. Y así nacen las grandes ciudades, con sus palacios impersonales, que desalojan a las bellas torrecillas dadas de cal, en que viven las alegrías, y anidan las caridades, las continencias, la resignación y la paz. Y los hombres se enorgullecen de las ciudades, de las patrias armipotentes, grandes lotes de muchos metros, de mucho valor venal, y de mucho humo de bencina y de pólvora. No hay paz para el soberbio dice el libro. La paz es una entidad de orden moral, superior al jurídico. La quietud, el descanso, el silencio, la riqueza, el placer, son cosas del orden material. No está en ellos la paz; ni siquiera en el sepulcro. El descanso, el silencio, el mismo sueño, el último inclusive, serán enemigos que te inquietarán. La paz es una actividad. Si quieres ser feliz, procura ser hoy un poco mejor que ayer; aprende a estar contento, alegre; goza sólo de aquello que estés seguro que te viene de la mano de Dios, y así hallarás el goce, aún en el dolor. Y hallarás paz en el soñar de la vida, y en el de la muerte. Yo tuve que recibir, sin embargo, los parabienes de mi buen amigo, porque eran bien intencionados. Este libro ha nacido de su visita. Y, como suele salir un pájaro volando de entre las yedras que envuelven un viejo muro, el niño de sesenta años que tengo en el corazón, y que en este libro ha pensado, o cantado, o dicho místicas ingenuidades, salió de entre las hojas... Sí, contesté a mi amigo, tristemente, mirando al mar; efectivamente, deben de haber subido mucho de precio estos terrenos...¡qué le hemos de hacer!... Y yo miraba largamente el mar, ... y sentía el silencio de mis mares interiores.


Fuente de la Casa de Juan Zorrilla de San Martín

Museo Juan Zorrilla de San Martín

Ubicación y mapas:
Juan Zorrilla de San Martín 96
Punta Carretas
Montevideo

Horarios:
Martes a viernes de 14 a 18 hs.
 
 
Este edificio, construido entre 1910 y 1922, fue la casa solariega del escritor Juan Zorrilla de San Martín, llamado “El poeta de la patria”, autor del célebre poema épico Tabaré y de La leyenda patria, entre otras obras. Su hijo, José Luis Zorrilla de San Martín, autor de los dibujos en los que su padre se basó para encargar la construcción de la casa solariega, fue asimismo uno de los más grandes escultores del Uruguay. El Museo alberga las pertenencias, los documentos, las fotos y otros testimonios del poeta.




miércoles, 22 de agosto de 2012

Robert Lemm, Una sentencia del Quijote




Robert Lemm

UNA SENTENCIA DEL QUIJOTE

                                                  
Jorge Luis Borges
‘Señores guardas, estos pobres  no han cometido nada contra vosotros: allá se la haya cada uno con su pasado. Dios hay en el cielo que no se descuida de castigar al malo ni de premiar al bueno. Y no es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres no yéndoles  nada en ello.
Siempre he sabido que estas tan decentes palabras de don Quijote eran un secreto que los hombres de nuestra América sólo podemos compartir con los hombres de España. Las demás naciones occidentales padecen una extraña pasión: la despiadada y fingida pasión de la legalidad. El individuo, en ellas, se identifica sin esfuerzo con el estado, con el orden establecido, con la policía.
En América del Norte se premia al que denuncia a un ladrón a la policía. El sudamericano (y el español) en cambio, saben o sienten que no es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres. El norteamericano es básicamente estadual. Vive en favor de la sociedad, o en su contra. Cuando se desengaña, cuando pierde la fe de sus mayores en el District Attorney, en el subsecretario de Obras Públicas, en el pastor metodista o en el vigilante, su rebelión retumba por el planeta, coreada por ametralladoras precisas. Ninguna historia es tan espléndidamente ilegal como la de sus fornidos Estados. Dinastías magnificas de malevos han pisado ese continente, donde los peleadores individuales de Arizona – cuyo prototipo es Billy the Kid, que debía a la justicia veintiuna muertes, sin contar mexicanos, cuando encontró a los veintiún años la suya – hasta las antiguas bandas de Nueva York, diestras en el manejo de la trompada, del cuchillo, del palo, de la botella arrojadiza, de la pistola y aun del pulgar saltador de ojos, y el bandidaje actual  de Frank Nitti, sucesor de Al Capone, y el de los hermanos O’Donnell, que quieren disputarle la sucesión…Eso, cuando el norteamericano pierde su fe. Cuando la mantiene pura y sin tacha, su héroe natural es el polizonte – mejor si aficionado -, el hombre honrado que es verdugo de los otros hombres, no yéndoles nada de (en) ello. Lo conmueven el espionaje y la delación. En su cinematógrafo (que es un documento genuino, en cuanto se refiere a los sentimientos del público) los personajes preferidos son la mujer que tienta con su amor a un criminal para sonsacarle un secreto, y el periodista que confunde su empleo con el de un vigilante. La superioridad numérica de la policía lo entusiasma, también sus motocicletas y escudos. Es hombre tironeado por dos pasiones, ya formuladas y sufridas una vez por Apollinaire: la aventura y el orden. Las une en la novela policial: síntesis superior hegeliana.
He dicho que la legalidad non nos apasiona, tampoco lo ilegal. Nuestro héroe, Martín Fierro, es un gaucho, un soldado, un desertor, un asesino, un buen amigo de su amigo, un matrero, y esas diversas figuraciones nos distraen y sabemos que la sangre vertida no es demasiado memorable, y que a los hombres les ocurre matar como les ocurre morir. También sabemos que infringir la ley no es una virtud y que el más frecuente asesino y la más concurrida prostituta pueden ser dos imbéciles. Quien no debía una muerte en mi tiempo, le oí quejarse con dulzura una tarde a un señor de edad. Sabemos que lo definitivo es lo que una persona es, no lo que hace. Sabemos lo que don Quijote sabía: allá se le haya cada uno con su pecado, con su humano, seguro, natural y humilde pecado.
Una observación última. Si la vida póstuma de Cervantes nos interesa, debemos rescatarla del purgatorio extraño en que sufre. Su novela, su unica novela, el Quijote – lenta presentación total de una gran persona, a través de muchísimas aventuras, para que la conozcamos mejor -  ha sido denigrada a libro de texto, a ocasión de banquetes y de brindis, a inspiración de cuadros vivos, de suplementos domingueros en rotograbado, de obscenas ediciones de lujo, de libros que más parecen muebles que libros, de alegorías evidentes, de versos de todos tamaños, de estatuas. Es la común tarifa de la gloria, se me dirá. Pero hay algo peor. La Gramática – que es el presente sucedáneo español de la Inquisición – se ha identificado con el Quijote, nunca sabré porqué. El Purismo, no menos inexplicable y violento, lo ha hecho suyo también – pese a la aficiones itálicas de Cervantes.
Contra la burda calidad de esa fama, un solo medio de defensa hay posible: Leer el Quijote.’
Jorge Luis Borges, 1933.

                                                  


Miguel de Unamuno
La lectura del capítulo 60 de la Segunda Parte del Quijote y, sobre todo, la exegesis de ese capítulo por Miguel de Unamuno en su Vida de Don Quijote y Sancho (1905), corrobora de un modo espléndido la tésis de Borges de que ‘la legalidad no nos apasiona’. Se trata del encuentro del caballero andante con el salteador de caminos Roque Guinart. Entre los dos se desarrolla un diálogo del cual resulta que para don Quijote la cuadrilla encabezada por su interlocutor no es peor que la corte de los duques. Ambos se nutren de sangre y robo. Pero mientras que el Estado (representado por los duques) presume de legalidad, Guinart y los suyos por lo menos no pecan de hipocresía. Y por encima, el caballero elogia el modo equitativo de distribuir el botín entre los salteadores.
Tomemos un ejemplo reciente de la piadosa pasión de la legalidad a lo norteamericano. Es el caso de un viudo solitario y racista que traba amistad con una familia asiática de la casa de al lado, uno de cuyos miembros, adolescente aún, se ve perseguido por una banda de su misma raza con la intención de reclutarlo. Para conseguir su propósito, los bandidos usan de una crueldad exagerada para con el chico y su hermanita protectora. El viudo, enajenado de sus propios familiares y padeciendo de una enfermedad mortal, quiere tomar sobre sí la salvación de los jovencitos asiáticos sabiendo que castigar a los perseguidores sádicos no cabe dentro de su poder, pese a su probado manejo de armas de fuego. Opta por una salida inaudita que consiste en acercarse a la mansión de la banda, retarles a grandes voces, hacer un movimiento que podría producir un revólver y someterse al inevitable fusilamiento. Cae en la seguridad de que su muerte llevará al encierro perpetuo de los asesinos. El adolescente y su hermanita ya están libres para moverse por el barrio. La película se llama The Death of Walt Kowalski (2008) protagonizada por Clint Eastwood. En América Latina un sacrificio parecido hubiera sido inútil porque faltan la pasión de la legalidad y la confianza en la justicia del Estado.
La sentencia del Quijote que allá se le haya cada uno con su pecado implica un profundo escepticismo frente al Estado. Pero en cuanto a los galeotes desencadenados por el caballero andante - ya que ‘le pareció duro caso hacer esclavos a los que Dios y la Naturaleza hizo libres’ (Primera Parte, capítulo XXII) -, el resultado no satisface. Después de recobrar su libertad, y en vez de mostrar su gratitud cumpliendo con el mandamiento de honrar a la dama inspiradora de su libertador, los criminales se arrojan sobre éste y su ayudante dejándolos gravemente heridos en pleno campo. Para los galeotes el caballero es un loco insignificante. Para Roque Guinart y sus bandoleros en cambio, es un triste y melancólico, ya famoso. La sentencia de que allá se le haya cada uno con su pasado se aplica a los cuadrilleros. Ellos se muestran respetuosos hacia don Quijote y Sancho, mientras que los duques los humillan.
                            
                                                      

Don Quijote exilado
El episodio de los duques y el de los galeotes han sido aprovechados por el autor ruso Anatoly Lunacharsky. En 1923 apareció en Moscú un drama suyo titulado Don Quijote liberado, que delata la influencia de Unamuno más que la de Cervantes. Unamuno quiso ver en la actitud frente a los galeotes de don Quijote una intervención divina. Los galeotes merecen un castigo, pero no por parte de sus prójimos investidos de jueces en nombre de Dios y Patria. Más bien deberían expiar sus trasgresiones  viviendo con la angustia de satisfacer por ellas ante la Justicia Divina – puesto que ‘si los hombres todos cobraran robusta fe en su última salvación seríamos todos mejores’, y puesto que ‘el castigo satisface al ofensor, no al ofendido’ (Vida de Don Quijote y Sancho, Primera Parte, cap. XXII). Unamuno rechaza la interpretación de su corresponsal Ángel Ganivet, autor de la misma generación, según el cual la justicia humana es injusta por ser selectiva y de ahí que la actuación del Quijote anticipara a un saludable anarquismo.
Anatoly Lunacharsky  (1875-1933) ha vivido los acontecimientos del Octubre de 1917. Aunque no estaba de acuerdo en todo con Lenin, los bolcheviques lo nombraron Ministro de Educación. Pero en 1929 Stalin lo destituyó de su cargo enviándolo en 1933 como Embajador de la Unión Soviética a la republicana España. Durante el viaje a su destino murió en el sur de Francia. Dicen que fue asesinado por los agentes de Stalin. Su Don Quijote liberado, o más bien ‘Don Quijote exilado’,puede confirmar esta sospecha.
En la versión de Lunacharsky, los galeotes se disfrazan de revolucionarios que se levantan en contra del poder establecido de los duques. Y los duques son la máscara del Zar y la Iglesia. Estas instituciones pasan por explotadoras del pueblo empobrecido. Don Quijote y Sancho acaban encarcelados por haber desencadenado a los revolucionarios galeotes. Detrás de los barrotes los dos siguen conversando. A pesar de ser prisionero, el caballero continúa respetando las instituciones sagradas del Trono y el Altar. El escudero en cambio, no esconde su entusiasmo por los alzados. Según el caballero, nuestras pasiones son demasiado vehementes como para soñar con un mundo gobernado por la Justicia. Y ¿cómo reunir una fe extraña con la confesión ardorosa de la propia fe? En un momento dado triunfan los alzados y liberan a don Quijote y a Sancho. El caballero podría convertirse en héroe de la Revolución. Pero al ver que sus libertadores dan rienda suelta a sus pasiones más bajas, se desengaña. Los revolucionarios prometen un nuevo mundo y para conseguirlo no se arredran ante masacrar a todos que se les oponen. La fundación del paraíso sobre la tierra requiere que sus heraldos se venguen de los dueños antiguos. Don Quijote pronostica que así se establecerá el infierno sobre la tierra. Y cuando se declara dispuesto a liberar a los duques, sus tiranos de hace poco, puede temer por su propia vida. El desenlace del drama consiste en el destierro de don Quijote. Sancho, que por su condición de campesino se afilió a la Revolución, decide compartir el destino de su maestro. Para el jefe del nuevo orden, el caballero es un contrarrevolucionario que ya no sirve para nada. Es un loco perdido que no entiende que la libertad sólo se conquista con la armadura  bañada en sangre.
Salta a la vista la semejanza entre el Quijote de Lunacharsky y el Jesucristo de Dostoievski en su confrontación con el Gran Inquisidor. Para que triunfe el cristianismo sobre la tierra hay que desterrar a Cristo, que es lo que hace el Gran Inquisidor. Así al menos lo presenta el liberal Iván Karamazov, personaje de la novela de Dostoievski, para sembrar la duda en su hermano religioso Alyosha. Don Quijote practica la caballería andante, que es el camino del solitario soñador. Seguir a Cristo significa ser rechazado y perseguido por el mundo. La Iglesia es como la Revolución, es la aplicación del programa evangélico de la igualdad y la fraternidad a la sociedad humana bajo una jerarquía opresora en nombre del orden y de la seguridad. Son sólo los ideales que sobreviven.

                                            

El Caballero de la Triste Figura
En 1860, veinte años antes de Dostoievski, Iván Turgeniev publicó un ensayo titulado Hamlet y Don Quijote. Lo nuevo es que el ruso hace resaltar lo trágico del héroe español, que se cifra en el nombre de Caballero de la Triste Figura. El lado insensato del caballero, con todo en él que despierta la risa, es nada más que lo exterior. Don Quijote encarna la fe y el altruísmo, frente al héroe de Shakespeare que es un egoísta y un escéptico, alguien que no cree ni en sí mismo. El mundo está lleno de tipos como Hamlet, mientras que don Quijote es único, y pese a burlarnos de sus hazañas terminaremos amándolo, tal como lo demuestra Sancho Panza. En don Quijote pervive la Edad Media; Hamlet es un precursor de la Modernidad. Don Quijote venera las instituciones establecidas, la religión y los monjes y los duques, y al mismo tiempo se siente libre y reconoce el derecho a la libertad de los demás. Ser golpeado y pisoteado por los fariseos es la suerte que comparte con Jesucristo. Su muerte en la resignación de que por fin sabe quién es nos conmueve profundamente. Turgeniev anticipa a Unamuno en subrayar que don Quijote es mucho más que un hazmerreír, contrario a como lo veían en general los primeros doscientoscincuenta años. ‘Ríense los más de los que leen tu historia, loco sublime, y no pueden aprovecharse de su meollo espiritual mientras no la lloren. ¡Pobre de aquel a quien tu historia, ingenioso hidalgo, no arranque lágrimas, lágrimas de corazón, no ya de los ojos!’ (Vida de Don Quijote y Sancho, Segunda Parte, cap.LVI).

                          
La sentencia de Don Quijote
Volviendo a la sentencia de que allá se le haya cada uno con su pecado, concluimos que sólo afecta a Guinart y otros parecidos. Y no a los galeotes, que son unos malagradecidos, y ni tampoco a los revolucionarios, que son unos soberbios. Donde éstos últimos nos seducen con una sociedad futura sin maldad que justifica la inmolación de grupos humanos recalcitrantes, aquellos son movidos nomás por desavenencias en relación con el aparato justiciero de la sociedad existente, pero sin exigencias utópicas. ‘¿Quién os ha dicho que el destino final del hombre se sujete a asegurar el orden social en la tierra y a evitar esos daños aparentes que llamamos delitos y ofensas?’, sentencia Miguel de Unamuno (Vida de Don Quijote y Sancho, Segunda Parte, cap. LX).
Don Quijote simpatiza con los bandoleros o rebeldes. Su cabecilla llama la atención por ‘la justicia distributiva y el buen orden en repartir los despojos del botín.’ Nuestro así llamado ‘estado de derecho’ actual es para Borges y Unamuno una pretensión vacía. Unamuno señala  que a lo sumo el estado toma sobre sí el remordimiento colectivo por sus crímenes legalizados expiándolos en forma de filantropía y adoptando una actitud humanitarista hacia las víctimas.
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Roque Guinart pertenece a la estirpe de Robín de los Bosques. Entre sus herederos en América Latina se hallan los gauchos Martín Fierro y Juan Moreira, pero también los narcos Pablo Escobar y El Chapo. El patrón de la estirpe es san Dimas, el criminal que agonizó al lado derecho de Jesús y a quien éste le prometió el paraíso. ‘Fue su humildad lo que premió Jesús. El bandolero se confesó culpable y creyó en Cristo.’ Guinart admite que fue el deseo de venganza que lo empujó al laberinto del robo y la guerra. ‘No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero hago’, repite con san Pablo. ‘Con hondo sentimiento se llama entre los gauchos desgracia  no el ser muerto, sino el haber tenido que matar a otro’, observa Unamuno (capítulo citado.) Y sin embargo, Guinart vive con la esperanza de alcanzar puerto seguro, según Cervantes.
Don Quijote no se afilia a los rebeldes. Le recomienda a Guinart el camino de la caballería andante, pero el bandolero está ya demasiado involucrado en su manera de vivir como para dejarla, a no ser que no lo dejen sus propios compañeros. Cervantes no relata como en 1611 Roque Guinart aceptó un acuerdo con el Virrey en Barcelona. A cambio de la pena capital que le esperara en caso de caer en manos de la justicia real, le ofrecieron una salida del pais. Temían de que si se quedara en el monte, podría hacer causa común con los franceses que estaban infiltrando el territorio nacional con el fin de causar una sublevación de Cataluña - que aspiraba a separarse de la Corona Española. Roque Guinart partió para Nápoles donde se alistó como capitán en el ejército del Rey y donde vivió el resto de su vida hasta 1635.



(Richard Grasso, presidente de la Bolsa de Nueva York y Raúl Reyes, de las FARC)

Nota de Lisarda- Robert Lemm (Holanda, 1945) es ensayista y traductor. Dentro de su afamada labor de hispanista, cuentan traducciones de Donoso Cortés, Borges, Unamuno, Carpentier y Gómez Dávila entre otros. Es autor de  medulosos ensayos como Een literatuur van verwondering (1995) Ontijdige bespiegelingen (1996) De teloorgang van het geweten (2003) Operación Fénix: la autobiografía de Raúl Reyes (2009) Borges como filósofo (2010) y De jezuïeten, hun opkomst en hun ondergang (2011)  De inminente-y esperada aparición, ya que sería por estas pampas- es Miguel de Unamuno, de ziel van Spanje- (Miguel de Unamuno, el alma de España)-una selección de pensamientos de Unamuno en edición  bilingüe.
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