martes, 13 de octubre de 2009
Vizconde de Lascano Tegui, El chapirú
lunes, 5 de octubre de 2009
Vizconde de Lascano Tegui, El ombú
El ombú, que no es un árbol sino una mata antediluviana, atrae en la pampa al rayo y al pasajero. Como los caravanserrallos árabes, protege bajo su techumbre al hombre sin guarida. Sobre el infinito chato de la llanura, el ombú ha ofrecido al gaucho las proporciones monumentales hacia arriba. Una dimensión más. Los palacios que concibió en sus cuentos de hadas, no alzábanse más alto que los ombúes fatales. Los ombúes son las marcas geodésicas que triangulan el mapa de la nación mucho antes que ésta se perfile. Sirvieron de punto de referencia como las montañas a los alpinistas y los cabos de la tierra entrando en el mar para el navegante, aal paisano a caballo, a brida suelta, perseguido por su sombra en ese billar verde del campo argentino, en donde no había árboles ni individualidades, y que buscaba reparo a la intemperie y agua para detenerse. Los ombúes y los ermitaños del desierto fueron santificados por el paisano. Es en la corteza blanda de los ombúes (que guardan el tatuaje) donde los gauchos se hacen señas. Es al pie de esos árboles, que servían de ruina a la sabandija y de orientación al puma, al pie de los ombúes, que las fiestas camperas, en ese Trianón pampeano, desgranaron sus faldas de colores, se ajustaron las ojotas los bailarines y rayaron el polvo las espuelas pesadas que arrastraba el gaucho como el taco de la cruz y que por el chirrido doloroso se les llama nazarenas. (...)
La arquitectura tentacular de la pampa es el ombú. El rayo la recorre. Pero ni las centellas ni la vejez matan a los ombúes. Son hitos de la ruta e invitan al reposo como las hosterías.(...) Esos ombúes han conocido la tragedia de la tiranía de cerca. Había una avenida de ombúes, corredor de honor de los augustos condenados, en el campamento de Santos Lugares. Por ella desfilaban las víctimas que iban a ser degolladas, a cavar su propia fosa
