
Sobre el breve espacio de la camilla, mi padre duerme.
La bolsa de suero, al costado, en figuración de clepsidra.
Me siento al lado de mi padre.
Tose y con la tos abre los ojos: me descubre, dice un saludo desdibujado, y vuelve a cerrar los ojos.
Mi padre, respirando
Mi padre, sufriendo la suma de varios achaques
que lo despojan de explicación
y lo reducen al cuerpo.
(¿Por qué digo "lo reducen"
si también es el cuerpo?)
Mi padre, orinando sentado.
Mi padre, cagando acostado.
Mi padre, con los ojos cerrados y oyendo lo que dicen las enfermeras.
Mi padre no se resigna al final común.
Y espera algo nuevo y definitivo del diario efímero,
mientras la muerte se viene,
de kerusa y
tan callando.
